Relato cornudo: Todo queda en casa 2.

Sigo contando la historia de mi amigo Manuel, para aclarar si su mujer le pone cuernos o no.

Como quería saber lo que pasaba prepare un plan, diciéndole a Lucia que el fin de semana estaría fuera desde el viernes por la mañana, hasta el domingo por la tarde que volviese de una convención de trabajo. Para eso alquile una habitación en un hotel cercano a nuestra urbanización y así estar cerca de nuestra casa.

Ella me dijo que fuera tranquilo pues no estaría sola y aburrida, ya que con las tareas de la casa y cuidar de mi tío, ya estaría bastante entretenida. Pero no sabía ella que era eso precisamente lo que me preocupaba, que estuviera cerca de mi tío Lorenzo.

 

Pase la semana con bastante desazón, hasta que llego el viernes y salí de casa. La noche anterior mi mujer me dio una especie de despedida, para endulzarme la partida me dijo. Hicimos el amor, o mejor dicho me ofreció follar, aunque yo más que eso la quería reventar, penetrando su coño como un animal, debido a la inquietud que tenía de no saber lo que me esperaba. A ella en vez de incomodarle mi forma de penetrarla, parecía disfrutarlo más. Sin duda mi mujer estaba cambiando, aunque me costase asimilarlo.

 

A la mañana siguiente me despedí de ella con un beso, mientras pensaba si no estaría yendo demasiado lejos con esto, por lo que estuve a punto de arrepentirme un par de veces.

 

En fin ya no había marcha atrás, así que seguí adelante y cuando salí de casa, fui directo al hotel con garaje para guardar el coche, donde estaría alojado para no ser visto por vecinos curiosos. En el trabajo había pedido el viernes como día libre, así que ya estaba todo listo para empezar con el plan, durante todo el fin de semana.

 

Después de alojarme en mi habitación, salí en dirección a mi casa con cuidado de no ser visto por algún conocido, ni por mi mujer al entrar por la puerta de atrás. Mi casa está rodeada de un pequeño jardín y de ahí se pasa al inmueble por otra puerta trasera, para instalarme en un pequeño cuarto en la segunda planta que me sirve de escritorio, donde tengo el ordenador y un sofá donde a veces duermo la siesta. Todo lo hice a la hora que habitualmente Lucia aseaba y le daba el desayuno a Lorenzo.

 

Después de tranquilizar mis nervios y pensar como lo iba a hacer, me dispuse a bajar hacia la habitación donde estaban. Con cuidado de no hacer ruido llegue hasta la puerta, del dormitorio mientras los oía hablar.

 

Me estaba arriesgando demasiado pero la desazón no me dejaba tranquilo, así que le eche valor y decidí seguir adelante. Me situé de modo que los podía ver desde mi posición y ellos estaban al lado de la ventana.

 

El corazón me latía a mil por hora, tan fuerte que temí que el ruido de mis latidos me delatase.

 

Cuando asome la cabeza vi el tinglado que mi tío tenía con mi mujer y casi me caigo de la impresión.

 

Al saber que estaría solo, ella solo llevaba puesta una ridícula y diminuta bata de trabajo, que no le tapaba ni la mitad de sus nalgas, quedando totalmente ofrecidas cada vez que se inclinaba a por algo. Debió de cogerla prestada de alguna compañera de trabajo pensé yo, alguna que fuese dos tallas más pequeña.

 

Por delante solo abrochaba tres botones, pues no daba para más por culpa de sus abultados pechos, que asomaban como si se fueran a salir, aun estando sin sujetador. Abajo un pequeño tanga blanco, para tapar a duras penas su depilado sexo, pues era un hilo que se perdía entre las nalgas. Parecía una actriz porno de cualquier película, así vestida de enfermera cachonda.

 

Cuando más ensimismado estaba admirando los encantos de mi mujer, sonó el timbre de la puerta de entrada, obligándome a esconderme en el pequeño trastero que hay bajo la escalera, rezando para no ser descubierto.

 

Justo antes de entrar, escuche a mi tío decirle algo a mi mujer.

 

Abre guapa, que debe ser el repartidor con tu sorpresa.

 

Si Lorenzo, le dijo ella acatando sus órdenes sin rechistar.

 

Joder iba a salir prácticamente desnuda, sin temor a que la vieran los vecinos, solo para obedecer a mi tío y así saber cuál era su sorpresa, desde luego Lucia parecía otra.

 

Al abrir la puerta de esa guisa, al repartidor se le debieron de salir los ojos con semejante espectáculo, y es que odio decirlo, pero así vestida estaba para comérsela, aunque pareciese una golfa.

 

Pasa y espera un momento, le dijo al repartidor.

 

Lorenzo, debe de haber un error, ha venido un repartidor del gas y aquí no le hemos avisado, pues no nos hace falta. Además es un marroquí, le decía mi mujer toda intrigada supongo.

 

Tú calla y hazle pasar que es cosa mí, puede que incluso hayamos tenido suerte. Mientras sácale una cerveza que seguro estará seco con este calor.

 

Ambos actuaban como si esto, hubiese sucedido más veces.

 

Cuando entro el repartidor del gas, debió de alucinar al ver el panorama, pues se encontró con un hombre ya maduro y acostado en la cama y una mujer medio desnuda, con una pinta de guarra increíble. Lorenzo al verle con esa cara y temiendo que saliera huyendo, enseguida saco un billete de cincuenta euros de debajo de la almohada y se lo mostró, proponiéndole un trato.

 

Mira chaval, busco a alguien como tú que me ayude a domar a esa puta que acabas de ver. Pero primero dime que te parece, ehhh… A que esta buena, te la follarías, no?

 

No me digas que por tu religión no te la follarías ahora mismo. Si lo haces te doy el billete y cuando acabes te doy otro igual, para que compenses el tiempo que pases aquí con ella, pero tienes que tirártela como si fuera la puta más caliente que hayas encontrado nunca. ¿Qué me dices?

 

Eso si aquí el que manda soy yo entendido, si digo que se acabo es que se acabó y basta.

 

El marroquí, que seguro no se había encontrado nunca con una situación así, no se lo pensó y cogiendo rápidamente el billete como si temiese que fuera una broma, le contesto mientras esbozaba una leve sonrisa;

 

Tranquilo, su puta quedara muy satisfecha con mi trabajo, y espero que usted también.

 

Eso que dices me gusta, pero antes me gustaría ver lo que se va a comer mi pequeña zorra, y no pienses que soy un cornudo maricón, porque no es así entendido?

 

El marroquí sin cortarse para nada con la situación, se bajó los pantalones, acompañados de los calzoncillos que llevaba y descubrió un miembro enorme, digno de la fama que tienen los hombres de su raza. Un rabo que superaría los 20cm de largo y bastante grueso, coronado con un capullo circuncidado más grueso todavía y todo ello rodeado de una mata de bello negro y rizado que seguro nunca se habría rasurado. Ya la tenía bastante morcillona, no sé si por la expectativa de tirarse a mi mujer, o porque era así de grande estando en reposo.

 

Además parecía haber tenido una dura mañana de trabajo, por la poca higiene que presentaba.

 

Cuando entro mi mujer y vio la situación, se quedó mirando la tremenda polla del marroquí, pero no se asustó ni mucho menos. No sé si es que ya estaba acostumbrada a estas situaciones con Lorenzo, o es que ya se olía el asunto.

 

Le ofreció la cerveza al chico y miro a Lorenzo como esperando una orden suya.

 

Esto es un regalo para ti y una prueba de tu sumisión hacia mí, así que ya sabes lo que tienes que hacer.

 

Al parecer el juego de sumisión entre amo y sumisa que tenían, no lo habían dejado y seguían incrementando las situaciones de este tipo.

 

Lucia en vez de dejarlo con mi tío como me prometió, se había dejado llevar por el morbo y la perversión que le provocaban estos juegos con mi tío Lorenzo.

 

Así que arrodillándose a los pies del marroquí le miro a los ojos y le dijo que se bebiera la cerveza y disfrutase a gusto.

 

Tienes un buen rabo, pero te podías haber lavado un poco antes.

 

Calla y chupa zorra, que ya me la dejaras tu bien limpia cuando acabes de mamar.

 

Cogiendo a Lucia por detrás de la cabeza, la hizo meterse la polla hasta dentro y con alguna pequeña arcada empezar a mamar el miembro viril que tenía dentro de su boca. Lucia en vez de sentir asco por la poca higiene del chico, parecía disfrutar con lo que hacía y se la chupaba con verdaderas ganas, no en vano siempre ha sido una estupenda mamona. Le pasaba la lengua por todo el tallo hasta llegar al gordo capullo y allí detenerse un rato para dedicarse a darle besos y lengüetazos, lo que hacía que el chico estuviese en la gloria con la mamada que estaba recibiendo.

 

Luego volvía a tragarse aquel tarugo con verdadera ansia y vicio, dedicándole un vaivén endiablado y provocando que aquella polla se derramase sin poder resistir tanto placer. Desde luego Lucia sabe dar placer como ninguna, pues en dos minutos le había hecho correr.

 

Yo seguía allí alucinado y bastante contrariado, pero a la vez muy excitado, pues tenía la polla dura como una piedra. Si no estuviera allí agachado y espiando tras la puerta, me hubiese masturbado como un mono con aquella escena, lo que me hacía pensar, si no me estaría convirtiendo en un cabrón consentido, que se excita con la visión de su mujer, zorreando con cualquiera.

 

El marroquí nada más recuperarse del intenso placer recibido, cogió a Lucia sin ningún miramiento, le dio la vuelta arrancando a la vez el minúsculo tanga de un tirón y antes de que se le bajase la erección, pues seguía teniéndola tiesa como un palo, la empitono con aquella morcilla tamaño (xxl). Lucia dio un alarido abriendo los ojos como platos, fruto sin duda de la impresión y el dolor, al sentir como se introducía dentro de su coño una polla como aquella, pues era bastante gruesa. Pero después de unos cuantos empujones dentro de su caliente almeja, empezó a dar señales del tremendo placer que estaba recibiendo del repartidor. Aquella tranca le raspaba las paredes de su coño, como si fuera un pistón a su cilindro, limando los labios y el clítoris de forma intensa, lo que provocaba largos suspiros de placer a mi esposa.

 

Volvía la cabeza pidiéndole más al chico, y le sacaba la lengua poniendo cara de zorra emputecida por el vicio, haciendo que su follador se excitara más y la embistiera con fuerza.

 

Además de aprovechar para darle algún azote de vez en cuando, en las ofrecidas nalgas de mi mujer en esa postura, la cogía del pelo y le llamaba todo tipo de insultos, mezclados con alguna palabra en su idioma que no se entendían.

 

Mientras el tío Lorenzo disfrutaba de la sesión de porno en vivo que le ofrecía la extraña pareja, babeando como un cerdo con la visión y dando signos de su excitación, con la tremenda erección que marcaba bajo la sabana que le cubría. Animaba al marroquí a que la follase más duro y a ella a que disfrutase de ese rabo Moruno que la estaba taladrado sin ningún miramiento.

 

Ella le miraba y le preguntaba si era buena alumna.

 

Soy obediente y aplicada, amo?

 

Si eres una alumna muy aplicada y te mereces un premio y unos azotes en ese rico culo que tienes.

 

Si mi marido me viera, vería la hembra tan guarra en que me estas convirtiendo, decía entrecortada por el placer y los empujones que recibía.

 

Esto me gusta demasiado para dejarlo, me encantaaaaaaa…

 

Sabía que te gustaría, tu carácter y tu cuerpo de zorra te delatan, estas echa para follar como la hembra caliente y puta que eres.

 

El marroquí seguía martilleando el coño de mi mujer con furia y ganas, para devolver a recibir placer de la estupenda hembra que tenía empitonada con su duro mástil. Gracias al aguante que le daba el haberse corrido antes, consiguió que Lucia se corriese dos veces casi seguidas, entre gritos y sollozos pidiendo que le diese más todavía, que no parase de clavar su ariete bien dentro, de la caliente cueva.

 

Ohhhhhhh… que rico me follas, sigue metiendo tu rabo con fuerza, vamos dame más.

 

El chico al oír como mi mujer le increpaba y creyéndose con el mando sobre ella, le volvió a dar con la mano abierta en las ofrecidas posaderas, repartiendo los azotes a las dos nalgas por igual, mientras ella gritaba presa del placer y los azotes que reciba, pues todo junto le estaba provocando un intenso placer.

 

Esto es lo que quieres zorra, que te castigue por hablarme así putaaaa; le decía el marroquí con su particular acento.

 

Si soy una puta y me gusta que me castiguen, bien duro como me merezco.

 

Mientras decía esto se corría por tercera vez, cayendo hacia delante totalmente desmadejada por el placer y los empujones que recibía del marroquí.

 

Que haces puta, no ves que aún no me corrí.

 

Mi mujer dándose la vuelta para quedar boca arriba, le miro y le dijo;

 

Lo siento pero me ha fallado el equilibrio, yo te ayudare si quieres.

 

No me extraña que se cayese pues los empujones del repartidor, para penetrar el coño de mí mujer eran brutales, fruto sin duda del placer y del morbo que le estaría provocando la situación. Se le veía encabritado al cabrón.

 

Quiero romperte ese culo de puta que tienes y lo quiero ahora, para eso eres mi puta.

 

No prefieres acabar en mi boca, ya verás que rico te lo hago. La tienes muy grande para mi culo, podrías hacerme daño.

 

No, prefiero tu culo de zorra, he dicho.

 

Lorenzo viendo que el chico se estaba poniendo violento con mi mujer, le llamo la atención lanzando una mirada al chico que hizo que se tranquilizase, además de volver a aclararle, que aquí el dueño de la mujer era el, y si no quería perder el dinero que le prometió, tendría que portase bien con Lucia.

 

Está bien sino me da su culo, quiero que me lo haga con sus tetas.

 

Trae, ya verás cómo te gusta y te saco la leche que llena tus enormes pelotas.

 

El chico se montó a horcajadas sobre Lucia y coloco su polla casi negra entre las tetas de mi mujer, que las tiene grandes pero aun así, le sobresalía algo más del capullo de la estaca que tenía alojada. Parecían estar hechas para aquella enorme tranca, que se frotaba entre ellas adelante y atrás. Lucia para resarcir al marroquí y lograr que se corriese cuanto antes, apretaba sus pechos contra la polla, para darle más satisfacción. Cuando el capullo venia hacia su boca, ella sacaba la lengua para darle suaves lengüetazos, que le provocaban al chico jadeos, por el placer que recibía con la doble caricia.

 

Joder guarra que bien lo haces, sigue que ya me queda poco, siiiiiii…

 

Dio un último empujón hacia adelante y empezó correrse sobre el cuello de mi mujer, soltando leche hacia los labios y la nariz, poniéndola perdida con la cantidad de semen que salía de aquel pollon, a pesar de haberse corrido un momento antes. Ella en vez de apartarse intentaba acercarse para degustar su manjar y dejar la verga del chico limpia y sin resto alguno de leche.

 

Desde luego parecía disfrutar mucho de lo que hacía, a pesar de la situación. No en vano recogía con sus dedos los cuajos que le habían quedado por la cara y se los llevaba a la boca para degustarlos.

 

Eres una cochina que disfruta como pocas con lo que hace, y eso que he visto unas cuantas le decía Lorenzo.

 

Sí, es verdad que lo soy, pero la culpa la tienes tú que me has pervertido, más de lo que ya estaba.

 

Era una imagen más que morbosa, ver a Lucia chuparse los dedos con los restos de esperma que recogía de su cuerpo, pero a la vez dura para mí. Acababa de ver como mi esposa se entregaba sin remordimientos y totalmente sumisa, a un desconocido solo porque mi tío Lorenzo se lo había dicho.

 

Tenía una mezcla de sentimientos encontrados y remordimiento, pues a pesar de todo me había excitado como nunca con las imágenes de mi mujer sometida y follada, llegando a correrme dentro de mis pantalones, sin tan siquiera tocarme.

 

Ahora en cambio sentía culpa por ello y también rabia por el engaño de Lucia y Lorenzo hacia mí. Pero aun así no tuve valor para entrar y montar una bronca con ellos, sino que volví a esconderme.

 

El marroquí una vez repuesto, se puso la ropa y miro a Lorenzo como temiendo que no le diese lo prometido. Así que cuando le dio el dinero, lo cogió y se marchó lo más rápido que pudo tras recoger la bombona que trajo al llegar, marchándose sin decir adiós como dice el chiste.

 

Cuando oí como se cerraba la puerta, me debatía entre salir a montar el numerito a los dos traidores, o salir de la casa como había entrado. Pero tampoco me parecía bien, pues quería al menos alguna explicación.

 

Así que armándome de valor salí del pequeño trastero decido a enfrentarme a sus explicaciones.

 

Cuando entre, sentí como si me dieran un puñetazo en el estómago, pues no esperaba ver la escena que se me planto delate de los ojos, ya que acababan de tener sexo y del fuerte además. Pero el cabrón de Lorenzo no había recibido las atenciones de mi mujer, en la contienda con el moro y ahora solicitaba lo suyo.

 

La tenia agarrada por el pelo, obligándola a que se comiera su miembro, inclinada sobre la cama. Si se puede decir obligándola, porque ella le ponía un ímpetu y un vicio fuera de lo normal.

 

Por fin, vas a ver a tu dulce mujercita comerme el rabo, ehhh cornudo.

 

Mira que aplicada es y qué bien la chupa tu mujer, aunque ya lo debes saber claro.

 

Esas palabras y su actitud dominante, me hicieron parar en seco con mi búsqueda de explicaciones.

 

Ya te dije Lucia que a Manuel le gustaría verlo, mira cómo se ha puesto de burro.

 

Era cierto, estaba allí paralizado mirando como mi mujer le chupaba la polla a mi tío Lorenzo, el hombre más putero y pervertido que jamás hubiera conocido, y yo allí con mi verga más dura que el palo de la bandera. Lorenzo dominaba la situación y parecía que me estuviesen esperando, pues Lucia se volvió como si nada con una sonrisa en sus labios, ahora manchado de babas y me hizo señal con el dedo, para que me acercase.

 

Vamos follate a la puta de tu mujer como se merece, que todavía quiere más; decía el viejo cabrón.

 

Siiiii… follame cariño, que quiero sentir tu rabo mientras se la como a mi dueño.

 

¿Tu dueño? Como que tu dueño.

 

Si soy su dueño, aunque tú seas su marido, así que ahora nos pertenece a los dos. Tu mujer dice que te quiere, pero que también quiere seguir atendiendo a su dueño y señor, que soy yo, así que no te quedes ahí mirando y únete a la fiesta.

 

Lo pensé justo un segundo, pues los dos me requerían y no quería perder la ocasión de follar a mi mujer en un trío con Lorenzo, que otra cosa podía hacer. Pero la tentación de follármela mientras se la chupaba a otro era demasiado excitante, como para quedarse quieto.

 

Se va a enterar esta zorra pensé, mientras me acercaba a la cama donde estaba mi mujer, chupándosela al viejo Lorenzo, inclinada sobre él. Aproveche la postura y se la incruste hasta dentro sin dificultad alguna, gracias a lo lubricada que estaba y lo ensanchado que le había dejado el coño el marroquí.

 

Apenas notaba el roce con las paredes de su antes estrecha almejita. Parecía que la estaba metiendo en el túnel del metro, de lo abierto que lo tenía.

 

A pesar de eso estaba muy excitado, con todo lo que había visto antes y no iba a aguantar mucho, así que empecé a barrenar aquel orificio como un loco. Tenía ganas de disfrutar de aquello que era mío, y se lo quería demostrar follando a mi mujer, como la perra en que se había convertido.

 

Empujaba con todas mis fuerzas hacia dentro de su coño, como si estuviese poseído. No recordaba haberlo hecho nunca así, pero como lo estaba disfrutando.

 

Follarme a mi mujer mientras se la comía a otro, reconozco que era muy morboso y excitante.

 

Así sobrino pártela en dos, que esta guarra se lo merece.

 

Y tú puta, sigue mamando que ya me queda poco, que bien lo haces, dioooossss.

 

Ahí estaba el tío Lorenzo dando órdenes como si nada, en poco tiempo será el amo de la casa pensé.

 

Lucia no decía nada, pues tenía la boca ocupada, pero rotaba las caderas como una batidora la viciosa de ella, como se movía, para sacar su placer y el mío.

 

Cuando ya no pudo más, Lorenzo se dejó ir llenándole la boca de caliente semen a mi mujer, que intentaba no desperdiciar nada de su recompensa, sujetando el mástil de mi tío mientras aguantaba el tirón y recibía las ráfagas de leche.

 

Yo al ver aquello tampoco pude aguantar más, dejando salir mi placer y recibiendo el de Lucia, que lo trasmitía a través de su vagina, con temblores y contracciones, mezclando nuestro jugos en su interior.

 

Fue fantástico el intenso placer que sentí, como no recordaba hacía tiempo. Todos lo gozamos mucho, así que sobraban las explicaciones pensé.

 

Cuando me repuse de aquel deleite, me vestí y les dije que me iba a pensar en lo sucedido y en como lo iba a sobrellevar, sobre todo lo que paso con el chico marroquí.

 

Para eso necesitaba tiempo, así que me fui al hotel a pensar en todo ello, decidiéndome al final por aceptarlo. No podía hacer otra cosa si no quería perder a Lucia, pues estoy seguro que no encontraría otra como ella y la verdad es que en el fondo me excitaba todo aquello, aunque el tercero fuese mi tío Lorenzo. Tampoco quería privar a Lucia, de dejar salir su exuberante sexualidad, porque desde que la conocí, aparte de su físico y su forma de ser, lo que más me gustaba de ella era eso precisamente, su sexualidad abrumadora que nunca decía que no a la hora de echar un polvo. Estaba seguro que no pararía ahí todo esto, sino que seguro iríamos más lejos. Seguro que el numerito con el repartidor, no era la primera, ni sería la última vez que iba a suceder, viendo cómo se comportaba ahora mi mujer y conociendo a Lorenzo.

 

Pero eso si ocurre ya es otra historia, que puede que cuente en otra ocasión.

 

 

Autor: Pekadoxor

excit-jm@hotmail.com

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