¿Te gustan las fotos?

Una infidelidad planeada. Una mujer prepara su primera infidelidad, convencida de que tiene que ser infiel para paliar sus necesidades sexuales.

Eran las tres de la tarde un lunes de principios de agosto, llegue a casa cansado.

– ¿Como estas? – me pregunto mi mujer.

– Pues muy cansado, toda la noche sin pegar ojo, imagínate como estaré.

Hacia 15 días que había dado a luz mi mujer, una niña, aunque la niña era muy buena tenia la costumbre de despertarse por la noche justo cuando estaba a punto de coger el sueño, de hay mi falta de sueño.

– ¿Sabes con quien he hablado por teléfono?

– Mejor me lo dices eso de adivinar como que no soy muy bueno.

– ¿Te acuerdas de Caty?

Como no me iba a acordar de Caty (Infidelidad: Causa o consecuencia; e Infidelidad: Epilogo), pero debía parecer indiferente.

– ¡Caty! Pues no caigo.

– El que siempre alardea de buena memoria, Caty mi compañera de universidad la que hace dos años estuvo aquí mientras yo estaba en casa de mis padres.

– Ya recuerdo.

Hice un gesto con las manos, indicando un par de tetas grandes. Mi mujer me dio un empujón.

– ¡Que mente mas caliente tienes!

Pensé para mi “No lo sabes tu bien, después de casi 6 meses a pan y agua”

– ¿Esta en el pueblo?

Era una mujer perfecta para salir de mi sequia.

– No, la que esta es su prima, Fabiola.

– ¡Fabiola! ¿Y quien es Fabiola?

– Si hombre, una vez te conté que una prima de Caty se caso con un primo del marido de Caty.

– Si me lo contaste, no me acuerdo.

– Pues la he invitado a ella, a su marido Carlos y a sus dos hijos a cenar.

Mi gozo en un pozo, no estaba Caty, lo bien que me habría ido un revolcón con ella.

Eran las ocho de la tarde cuando se presento en casa el matrimonio con sus dos hijos. Él, Carlos, era bajito, enjuto, muy moreno de unos 36 años, los niños eran una copia del padre tenían 6 y 8 años; ella, Fabiola, de unos 32 años, era de tez mas clara, de pelo negro, que contrastaba con unos ojos azules, no era muy agraciada de cara; pero físicamente muy bien proporcionada, era una mujer que hacia girar la cabeza a mas de un hombre, y en mi situación me parecía un pastelito. Vestía con pantalones cortos de ciclista, con un blusón con cinturón anudado a la cintura, no era difícil adivinar su cuerpo.

Mi mujer hizo las presentaciones. Le di la mano a Carlos, y con Fabiola dos besos en las mejillas de saludo, como con los niños.

Durante la cena el peso de la conversación lo llevo mi mujer con Fabiola, mientras que Carlos y yo hablamos de cosas intrascendentales. Después de la cena estuvimos tomando unas copas.

Durante la semana por las tardes, Carlos se iba con sus hijos a la playa, mientras que Fabiola las pasaba con mi mujer, yo tras la siesta me iba a la playa pasando un rato con Carlos.

El viernes quedamos en ir el sábado por la mañana a la playa, mi mujer con el bebe iría al mediodía, nos juntaríamos para comer en un restaurante.

El sábado por la mañana me desperté tarde, imagine que Carlos, su mujer y sus hijos estarían ya en la playa; pero mi mujer se empeño en que fuera a buscarlos. Me fui a buscarlos, llegue a la puerta y llame.

– Un segundo – escuche una voz desde dentro, que era la de Fabiola.

Unos minutos después me abría la puerta Fabiola.

– Buenos días, Carlos se ha ido a la playa.

– Buenos días, pues me voy a buscarlos.

– Espera un momento y me voy contigo, entra.

Entre en la casa.

– Tengo que hacer unas cosas de la casa y después nos vamos.

– Vale.

Fabiola desapareció por el pasillo. Llevaba un vestido largo vaporoso y trasparente que permitía ver el bikini floreado que llevaba debajo. Me senté en el sofá, esperaba no tener que esperar mucho tiempo.

En la mesa de centro había una cámara de fotos digital, la mire un par de veces, se parecía mucho a la que yo tenía, la curiosidad hizo que la cogiera y comenzase a mirar las fotos. Las primeras era de los hijos de Carlos y Fabiola, en diferentes escenas, después había unas cuantas en las que estaba Fabiola sola y con Carlos, después volvía a ver otras de los críos en la playa, por la fecha se veía que era de esa misma semana. El siguiente grupo de fotos eran de Fabiola en bikini, eran de varios días y con bikinis diferentes, iba a dejarlo pero las fotos de Fabiola eran muy sensuales, de pronto una de las fotos aparecía Fabiola solo con la parte de abajo del bikini, sus pechos quedaban libres, las siguientes eran más de lo mismo Fabiola en diferentes poses; pero enseñando sus tetas, en algunas se las tocaba con lo que la carga sensual aumentaba, haciendo que mi excitación iba en aumento. Mire al pasillo por si Fabiola venia, seguí mirando las fotos, después de las fotos de Fabiola en topless las siguientes eran nuevamente de sus hijos, correspondían al día anterior. La sorpresa fue el siguiente grupo de fotos, aparecía Fabiola totalmente desnuda, haciendo poses, aquello ya era demasiado. Supuse que habían sido hechas en la habitación. Una de las poses era en la cama, abierta de piernas acariciándose su entrepierna, la siguiente era un zoom de la anterior, la cámara se centraba en su entrepierna, se veía claramente el vello púbico; la siguiente era una más cerca de su entrepierna primeros planos de su clítoris y los labios vaginales. En las siguientes fotos aparecía Carlos desnudo, y las siguientes estaba Fabiola comiéndole la polla suponía que a Carlos, eran primeros de la cara de Fabiola con la polla dentro de la boca.

Sentí un ruido y me dio el tiempo justo para apagar la cámara y dejarla en la mesa, apareció Fabiola, se había cambiado el vestido, se había puesto simplemente un pareo anudado en su cadera. Me miro, y miro a la cámara, la cogió.

– ¿Te han gustado las fotos?

– ¿Qué fotos?

Fabiola sonrió.

– No te hagas el ignorante, has visto las fotos.

– Vale, si algunas.

– ¿Qué te han parecido?

– Muy artísticas.

– Que gracioso, artísticas. Y a su contenido.

Yo me había levantado ella estaba enfrente. Trague saliva.

– Muy sexis.

– Seguro. Las fotos no hacen justicia a la realidad.

– Puede ser, yo solo he visto las fotos, no las originales – dije bromeando.

– Eso tiene fácil solución.

Y sin mediar mas palabra se quito la parte de arriba del bikini.

– ¿Qué te parece ahora?

No sabía que decir, mi situación de meses de abstinencia hacia que aquella visión me excitara hasta el extremo de sentir que mi polla estaba muy dura y se marcaba en mi paquete.

– Muy buenas.

Se acerco más.

– Como mejor puedes comprobarlas es tocándolas – cogió mi mano y se la acerco a su pecho.

Le acaricie una teta, el pezón comenzó a crecer, así que lo pellizque.

Sin soltar mi mano me condujo por el pasillo a una de las habitaciones.

– Lo que te voy a enseñar solo lo ha visto mi marido.

Se quito el pareo, y la parte inferior del bikini, quedando desnuda. Se tumbo en la cama.

– Ven, acércate.

– ¿Por qué?

– Hable con mi prima, Caty, no lo dijo claramente; pero me dio a entender que tu y ella…

– Puede ser… pero el que ella y yo follásemos, que tiene que ver contigo.

– Siempre me he preguntado como seria hacerlo con un hombre que no fuera Carlos, desde que nos vimos el lunes he pensado que sería una buena oportunidad para comprobarlo. Cuando ayer quedamos aquí para ir hoy a la playa comencé a planear como lo haría. Por eso anoche le dije a Carlos que me hiciera las fotos. Esta mañana les he hecho levantar temprano para que se marchasen, Carlos dijo de esperarte, yo le dije que se fuera que yo iría contigo después si venias.

– Lo de la cámara…

– Todo preparado, la deje en la mesa a propósito, me fui haciendo que pasara el tiempo, haciendo que te aburrieras, y terminaste mirando las fotos como yo esperaba.

– Y si no las hubiera visto.

– Habría hecho algo para que las vieses.

– ¡Y ahora!

– Espero que te desnudes, te acuestes aquí conmigo y follemos, Carlos no vendrá esta esperándonos, tu mujer seguro que está en casa con el bebe, tenemos todo el tiempo del mundo.

– Que te hace pensar que voy a follar contigo.

– Algo que me dijo tu mujer el lunes cuando la vi.

– ¿Que te dijo?

– Que estabas a dieta sexual.

– Es cierto llevo…

– El suficiente tiempo para que estés deseando follarme.

Tenía razón, lo que más deseaba era follarla. Así que me desnude, me deje caer junto a ella, haciendo que mí polla tocase su muslo. Acaricie sus pechos, chupe sus pezones, ella gimió, baje mi mano por su cuerpo hasta tocar su muslo, la direccione a su entrepierna, acaricie la parte interior de su muslo, haciendo que abriera las piernas, y dejara vía libre para que mis dedos tocaran su clítoris, y los labios vaginales, introduciendo los dedos en su vagina.

– Sigue – dijo jadeando, costándole hablar.

Se mordía el labio inferior, su cuerpo se movía cada vez más, de pronto pareció relajarse para seguidamente se convulsionase su cuerpo, era su primer orgasmo.

– Fóllame, méteme la polla.

Me situé entre sus piernas, me cogí la polla, hice que pasara por su rajita, de arriba abajo, haciendo que se lubricara, para unos segundos después introducía mi polla en su vagina, lentamente. Ella puso una de sus piernas en mi espalda para hacer que la penetración fuese más profunda. Sus gemidos eran continuos, decidí cogerle las piernas, haciendo que juntara sus tobillos, los alce y seguí penetrándola. No tardo mucho en decir que iba a llegar, yo por mi parte estaba a punto de correr, hice que pusiera sus piernas en mis hombros, y empuje, el ritmo de la penetración lo llevaba ella con sus piernas, era inminente que me corriera, me deje caer sobre ella agarrándome a sus pechos, con movimientos pélvicos rápidos termine corriéndome, ella alcanzo un nuevo orgasmo. Tras unos minutos situado sobre ella sin sacar mi polla de su vagina, me deje caer a su lado.

– Uf, ha sido apoteósico – dije.

– Si, ha sido mejor de lo esperado, hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien.

– Es que Carlos no te hace gozar.

– Carlos es un maravilloso marido; pero en lo referente al sexo es bastante anticuado, el follar para el sirve para tener hijos, no para pasarlo bien, así que como no quiere tener más hijos, por ahora, follamos más bien poco o casi nada.

– Se ha juntado el hambre con las ganas de comer.

– Buen similitud – dijo sonriendo – tú tienes hambre y yo ganas de comer.

– Hablando ce comer, será mejor que nos vayamos.

– Si será mejor, pero te aseguro que no será la última vez que follemos.

Y tuvo razón, en los siguiente días, Fabiola siempre buscaba la forma de que nos quedáramos solos en su casa. Cuando mi mujer decidió irse a pasar unos días a casa de sus padres, entonces podía venir a mi casa a follar sin temor a ser interrumpidos, o descubiertos.

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