Situación inesperada en una playa nudista

En una playa nudista una pareja se encuentra con un maduro muy interesante… Con un par de fotos de ella para que disfrutéis

Frecuentamos desde hace tiempo playas nudistas, pero todos los años vamos unos cuantos días a la de Guadalmar en Málaga. En la parte inicial de esta playa se mezclan textiles con naturistas, pero según se avanza un poco, abunda la gente desnuda, aunque las chicas jóvenes son menos frecuentes y aumenta el número de gays. Seguro que quienes la habéis frecuentado sabéis a que zona me refiero, está junto al campo de golf.

Era un día del pasado agosto, que hacia bastante calor y, en esa zona, aunque hay gente no suele haber mucha aglomeración. Sin embargo, decidimos ponernos en una pequeña duna que hay en la parte trasera de la playa, en vez de estar junto a la orilla del mar, de tal forma que estuviésemos más aislados. La mañana anterior le había venido la regla a Sara y llevaba un tampax, en esas ocasiones cuando nos tumbamos en la arena, si no hay gente cerca, está desnuda y cuando vamos al agua se pone un diminuto tanga negro, que se ata en los laterales, para que no se le vea el hilo. Estos detalles quizá os hayan parecido poco interesantes o quizá un poco escabrosos, pero creo que eran necesarios para situarse en el contexto de lo que ocurrió aquel día.

Instalamos la sombrilla, estiramos las toallas y nos dimos crema uno al otro dispuestos a pasar el día. Como hacia mucho calor tuvimos que ir a meternos en el agua, para lo cual Sara se ponía el tanga que antes había comentado. Jugamos a las palas en la orilla, lo cual me encanta, ya que permite que el resto de tíos puedan admirar como se bambolean les tetas de mi chica, lástima que ese día, además no pudiese enseñar su precioso coñito, que normalmente deja expuesto cada vez que se agacha a por una pelota. Os aseguro que tenemos unos cuantos espectadores cuando nos ponemos a jugar.

Cuando terminamos volvimos a nuestro sitio a descansar y me dijo Sara mientras se tumbaba:

– Menos mal que no hay nadie cerca y me puedo quitar el tanga, me jode un montón que me quede señal. Estábamos bastante morenos, ya que habíamos estado una semana en la playa en otra zona de Andalucía

– Uno se acostumbra a no llevar bañador y luego es un incordio. Además estás preciosa con el chochito al aire y mientras le decía eso le pasaba la mano por la tirita de pelo que casi siempre se dejaba

– La verdad es que se está de maravilla desnudo, notas como corre la brisa por tu cuerpo, eso me gusta mucho

– Eso, y que los tíos te miren, le dije riéndome

Transcurrió la mañana sin nada relevante, algún baño más, comimos, una pequeña siesta en la sombrilla, las cosas habituales que se hacen en la playa. Pero al despertarme e incorporarme, me fijé en la gente nueva que había cerca de nosotros, con la esperanza, para que no decirlo, de ver alguna tía que mereciese la pena. Sin embargo lo que me llamó la atención estaba muy lejos de eso. A unos 15-20 metros de nosotros había un hombre delgado, bastante alto, muy moreno, calvo y con media barba, con edad difícil de saber, pero que rondaría los 60 años. Pero lo que llamaba poderosamente la atención de él era su polla, mejor dicho su pollón. Parecía que su miembro estuviese permanentemente en estado de alerta, lo que coloquialmente se denomina morcillona, era gruesa y larga, con el capullo rojo oscuro al descubierto, que contrastaba con el tronco negro. Reposaba sobre su muslo derecho y en ese estado debía medir al menos 20 cm. Era la primera vez que lo veía, pero con esta descripción si os lo habéis encontrado en Guadalmar seguro que sabéis de quien se trata.

Lógicamente en cuanto Sara despertó le hice participe del hallazgo, es algo que hacemos habitualmente. Si ella ha divisado primero a una tía buena en la playa o un buen par de tetas, me avisa y si yo veo algún tío que merezca la pena se lo digo, es un jueguecito que nos pone muy caliente y que fomentamos mucho.

– Date la vuelta cariño, creo que vas a ver algo que te va a gustar… mira allí le indiqué

– Joder con el abuelete, como calza… creo que es una de las pollas más grandes que he visto nunca

– Y eso que no está empalmado, aunque llevo observándole un rato y siempre la tiene así, morcillona

– Es una pena que no tenga 25 años menos, sería la leche dijo Sara

Al cabo de unos minutos, vimos como nuestro compañero de playa se levantaba y se dirigía a una chica que estaba tumbada a unos tres metros de él y a la que no le quitaba ojo desde hacia un buen rato. La chica en cuestión debía tener unos 25 años, no era muy alta, un poco gordita aunque bien proporcionada y un buen par de tetas, que llevaba al aire y un semitanga en la parte inferior. Desde nuestro sitio no podíamos oír lo que hablaban, pero se intuía que el señor mayor trataba de ligar con ella. Parecía raro desde fuera, pero la impresión que nos dio a los dos, es que él, aprovechándose del tamaño de su miembro, trataba de iniciar un acercamiento. La chica no le hizo mucho caso y él desistió.

Nosotros fuimos al agua a refrescarnos y pasamos cerca nuestro vecino para que Sara pudiese disfrutar mejor de la visión de su pene. Cuando volvimos a las toallas me dijo:

– La verdad es que el tío tiene un pollón precioso, parece mentira que pertenezca a una persona tan mayor

– ¿Qué pasa que no te parece suficiente el mío? Comenté haciéndome el celoso

– De sobra sabes que me encanta, y lo acariciaba mientras lo decía, pero es que lo del hombre ese es la hostia

Nos cogimos un pequeño calentón, pero de ahí no pasó la cosa, y me fijé que el hombre se nos había quedado mirando, en concreto a Sara. Trascurrió una parte de la tarde entre lecturas y baños y fuimos a jugar otra vez a las palas. Cuando llevábamos jugando un rato nuestro vecino se metió en el agua y al salir se quedó cerca de nosotros viendo como lo hacíamos. Como ya habíamos observado antes con la chica, el tío no se cortaba, y una vez que fue la pelota hasta donde estaba, la devolvió y nos dijo:

– Si alguno de los dos está un poco cansado no os preocupéis, que a mi me apetece jugar

– Vale dijo Sara, estoy sudando y quiero darme un baño, juega con Nacho

– Gracias, por cierto me llamo Tomás y le plantó dos besos mientras cogía la raqueta

– Encantada, soy Sara y se metió en el agua

Estuvimos peloteando unos 10 minutos y le dije a mi chica que me sustituyese, que quería darme un baño. Era un placer ver desde fuera como Sara estaba medio desnuda jugando a las palas con Tomás, que aunque mayor, tenía un pene que se movía como un enorme badajo.

Cuando terminamos nos bañamos los tres y estuvimos hablando un poco. Jamás se me había pasado por la cabeza que me excitaría ver a mi pareja con un medio abuelo y seguro que a ella tampoco, pero era una situación un tanto especial, así que le comenté cunado salíamos del agua:

– ¿Te apetece tomarte una cerveza? Tenemos unas cuantas fresquitas en la nevera

– Estupendo, con este calor apetece un montón. Voy para allá, cojo la toalla y estoy con vosotros en un minuto

– ¿Qué pretendes cabroncete? Me dijo riéndose Sara, si me llevará por lo menos 30 años

– Yo no pretendo nada… pero no digas que no te atrae

– La verdad que él no… pero su polla… uff

Tal y como estábamos sentados, el hueco para situarse, estaba al lado derecho de Sara, de tal forma, que ella quedó en medio de ambos. La tarde había avanzado mucho y el número de personas que quedaba en la playa había disminuido de forma considerable. Empezamos a bebernos las cervezas y a comentar cuanto veníamos a la playa, lo mucho que nos gustaba hacer nudismo y esas cosas. En la segunda cerveza Tomás se lanzó un poco más y le dijo a Sara.

– No pareces una mojigata, sin embargo solo te quitas la parte de abajo en la toalla, y no cuando te bañas, con lo que mola estar nadando sin ropa, además aquí que estáis más apartados, como si no quisierais que se os viera

– La verdad es que es una sensación estupenda estar en el agua desnuda, pero tengo la regla y no quiero que se me vea el hilo del tampax

– Ah¡ dijo él y se quedo unos instantes en silencio como sopesando lo que iba a decir a continuación. Pero ahora te lo puedes quitar… ya no hay casi nadie y a mi no me importa

– Claro que te importa ja, ja, ja, lo que estás deseando es verme el chochito, menudo morro

– Perdona no quería ofenderte, pero Nacho y yo estamos desnudos, así estaríamos iguales

– Pues claro, le apoyé. Que más da, así estarás más cómoda sin el bañador mojado, y según le decía esto le desaté la lazada de mi lado del tanga

– Bueno, si tenéis tanto interés ya me lo quito. dijo desatándose el otro lado y dejando al aire su tirita bien recortada de bello púbico

Tomás no perdió detalle de toda la operación, se tocaba de forma reiterada su capullo y se podía ver como su polla se había puesto completamente erecta, lo cual había hecho que aumentase un poco su tamaño, pero no demasiado, aunque debería andar por lo menos en 23-24 cm.

– Parece que te ha gustado, le comenté

– Joder, es que tu novia está estupenda, y me parecía una pena no poder verla desnuda, así, sin señal del bikini ni nada… tiene un chichi precioso

– Pero si ya me habías estado mirando antes

– Ya, pero de lejos no es lo mismo. Además vosotros también me habíais estado mirando… que me he dado cuenta y seguía tocándose continuamente el capullo

– Es normal que te miremos, seguro que estas acostumbrado a que la gente se te quede mirando en una playa nudista, le contestó mi chica

– Pero no tías tan buenorras como tú

– ¿Y la chica esa gordita con la que has estado hablando?

– Esa era una estrecha y no se puede comparar contigo. A esas alturas Tomás tenía cogida la polla con su mano y estaba medio meneándosela delante de nosotros

– Parece que te estas poniendo muy cachondo, le dijo Sara

– Bueno no soy el único, tu chico también está muy caliente, mira como tiene la polla

Yo había decidido intervenir lo mínimo posible, aunque esto me hiciese parecer un cabrón consentido. Lo que me ponía es ver como la situación se iba calentando poco a poco, y observar como se iba lanzando Sara. Nuestro amigo daba juego, sabía que tenía una buena ocasión y no quería desaprovecharla

– ¿Habías visto un cipote tan grande como el mío? Le dijo a Sara mientras lo sostenía con una mano.

– Aunque no quede muy bien decirlo, he de reconocer que antes lo he estado pensando, y creo, que solamente otra vez en una playa nudista vi una un poco más gorda que la tuya pero no tan larga… y en las pelis porno ja, ja, ja, pero esas no cuentan

– Joder en lo que se fija tu novia, me dijo

– Cómo que Nacho no se fija en las tetas y en los coñitos de otras tías

– Ja, ja, ja… ¿no te gustaría tocármela?, seguro que te pondría tenerla entre tus manos, será la más grande que has acariciado

Viendo que ella no hacía ni decía nada, cogió su mano y la colocó sobre su pollón. Sara sopeso ese pedazo de carne enorme y luego me miró para encontrar, como luego me dijo, una cara de auténtico morbo. Echó un vistazo nuestro su alrededor para comprobar que nadie se fijaba en nosotros y empezó a acariciar ese mástil que surgía de la entrepierna de nuestro amigo. Recorrió desde la base hasta el capullo, deteniéndose en la punta morada por la tensión, que asomaba por el prepucio retraído, y en la cual, se detuvo para recrearse en esa piel tersa y suave. Luego bajó a los huevos, los calibró, los magreó, los palpó como lo que parecían, enormes ciruelas duras y cargadas. Me fijé en la cara de Tomás, reflejaba el placer y la excitación que estaba sintiendo. Se le notaba el poder que trasmitía en ese momento, saber que le acariciaba una tía joven, con un cuerpo de infarto y que se comportaba como una putilla, que se deshacía al ver una polla como la suya, le ponía a mil.

– ¿Habías tenido alguna vez algo tan grande entre las manos?

– Sabes que no, cabronazo… pero te gusta oírlo, te gusta que te diga que tienes un pollón enorme ¿eh? Pero si quieres que te masturbe me lo vas a tener que pedir

– Claro que si zorrilla, hazme una paja, que sé que te estás muriendo de ganas de hacerlo

Como buena experta pajillera asió con su mano el miembro, en la zona más erógena, entre el tronco y el capullo. Era un placer ver como la cabeza del pene se deslizaba entre los dedos de Sara, cubriendo tan solo un tercio de toda la polla, mientras sus huevos se bamboleaban por el ritmo que imponía mi novia. Si hubiésemos estado en otro sitio más discreto podría haberle masturbado con las dos manos, ya que ambas le cabían perfectamente y sobraba carne, pero estábamos en un sitio público, y además, nuestro amigo no tenía cara de estar pasándoselo precisamente mal.

A esas alturas, yo también estaba meneándomela, Tomás me miró con cara de satisfacción, como regodeándose. Con esa mirada quería decirme, tienes una tía que está muy buena, pero ella tiene mi polla en la mano, a pesar de ser un tío mayor, y tú te la estás pelando como un mono, jodido cornudo. Sin embargo, es posible que no entendiera el placer que me estaba proporcionando ser el voyeur de está experiencia con mi chica, ver como ella se rebajaba a pajear a un viejo como él, solo por tener un cipotón descomunal.

– Joder se nota que está tía ha hecho muchas pajas, me tiene a punto de caramelo, decía con un punto de desprecio y admiración a la vez

– Claro y me encanta masturbar a los tíos, ¿acaso no te gusta tocar a ti a las tías? – Por supuesto, y al decir esto empezó a sobar las tetas de mi novia mientras nos miraba ambos… se le notaba que le quedaba muy poco para llegar al orgasmo. Sara como mano experta que es aceleró un poco más el ritmo y le dijo

– Córrete cabrón

– No pares zorra, no pares… sigue… sácame toda la leche…ordéñame hasta que no quede ni una gota

Empezaron a salir disparados borbotones de leche que contrastaban con la piel morena de Tomás. Escupía una gran cantidad de semen que Sara se encargaba de extraer, sin parar de menear ese pollón que actuaba como una manguera que regaba de igual forma la arena, las piernas de él y la mano y piernas de ella. Se notaba que llevaba tiempo sin correrse y que tenía una gran cantidad de líquido acumulado. Masajeó un poco sus huevos y después estrujó el capullo para asegurarse que se hubiese vaciado bien, que no quedase nada dentro, sabía hacerlo a conciencia.

Os podéis imaginar que a esas alturas estaba que no podía más. De hecho había tenido que parar un rato ya que quería ver primero como conseguía Sara que se corriese él, pero a partir de ese instante no duré nada y esparcí mi semen sobre la arena de la playa.

– Joder que maravilla dijo Tomás, hacía tiempo que no disfrutaba tanto

– Ya se notaba, tenías los huevos cargados, mira como has puesto todo, dijo mi chica riéndose

– Pues unas dos semanas, estaba que reventaba. Reposó un par de minutos y dijo: bueno chicos ha sido un placer, me voy a dar un baño para limpiarme que me tengo que ir. Nacho tienes una tía que es la hostia y no te doy la mano que estás un poco pringoso

– Hasta la próxima le dije

– Sara eres una auténtica diosa del morbo, cuando quieras podemos volver a repetirlo. Le dio dos besos y un pequeño pellizco en la tira del pubis, y dijo a modo de despedida: es una pena que tengas el tampax, me hubiese gustado meterte al menos un dedo para ver lo húmeda que estabas

Cuando se marchó fuimos a darnos el último baño. Ambos estábamos sorprendidos de lo que había sucedido, jamás habríamos pensado que una situación con un tío tan mayor podría excitarnos tanto, pero es lo que había ocurrido y a los dos nos había encantado. Sara me confesó que le habían parecido morbosas dos cosas más, por un lado la obvia del pollón, y por otra, mi postura pasiva de dejarla hacer, eso de que actuase como un simple mirón le había puesto mucho.

Espero que os haya gustado, para cualquier cosa tenéis mi correo electrónico. Os pongo par de fotos de como Sara lucia el tanga, para que veáis lo bien que le sienta. Son de otro día que no estaba tan morena, pero seguro que las vais a disfrutar igual.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.