Relato cornudo: Una segunda luna de miel? Parte 2 de 2.

Al día siguiente amanecí adolorida y por supuesto caliente, desafortunadamente para mi marido, el remordimiento no aparece en mi mente luego de ese tipo de sesiones.

Dormí completamente desnuda, al despertar, mi marido aún dormía, una cosa llevó a la otra y en pocos momentos yo me revolcaba dentro de la cama como una perra, me tocaba con frenesí recordando la cogida de ayer y sobre todo la enorme verga de mi fugaz amante.

Cerraba los ojos y recordaba varios pasajes de la sesión, había algunos elementos que me excitaban sobremanera y que de manera más recurrente venían a mi mente; el pasaje en donde nos masturbábamos juntos esperando su esperma, como me sometía de espaldas tomando mi cuello con sus manos, y la mamada a su verga, todos eran de mis eventos favoritos, pero de todos ellos, mi preferido era cuando recordaba cuando tomé por primera vez su verga por debajo de su pantalón y cuando posteriormente emergió grande y poderosa, como un animal salvaje al salir de su jaula, ese era sin duda el clímax de mis memorias.

En ocasiones sólo pensaba en su verga, sin imaginar ni recordar nada mas, mi pensamiento era exclusivo de ese miembro gigante y oscuro, era una especie de reconocimiento a esa belleza, la verdad en muchos sentidos me valía madre mi amante, su nombre, ocupación, aspiraciones, si era guapo o feo, lo más importante para mí era precisamente su verga, y la mejor manera de reconocerlo era dedicarle mi masturbada única y exclusivamente a ella.

 

Pude fácilmente despertar a mi marido y pedirle que calmara mi calentura, pude hacerlo, despertarlo mamándole la verga, tal y como lo he hecho muchas veces, pude gemir tan sonoramente que fuera imposible no despertar; pude hacer muchas cosas y no las hice; en vez de hacerlo preferí quedarme debajo de las sábanas tocándome y moviendo mis caderas mientras lo hacía, era una manera de agradecerle a mi amante por la rica cogida del día anterior, era una especie de fidelidad, en donde quería que mis pensamientos le pertenecieran sólo a él

 

Mientras más caliente estaba, cerraba y abría los ojos, cuando los cerraba pensaba en la verga del día anterior, cuando los abría veía dormir a mi marido y me calentaba pensar en que me estaba masturbando justo a su lado y pensando en otra verga, el morbo era tanto que luego me imaginaba siendo penetrada por otro cabrón mientras él dormía, eso me calentó muchísimo y por fin terminé

 

Me levanté para ir al baño, al estar lavándome las manos, me encontré la tanga del día anterior, a los pocos segundos ya la tenía en mi nariz, oliendo y recordando el semen de mi amante, luego la pasé por mi cuerpo y entonces venía a mi mente mi cuerpo lleno del esperma de mi amante, mientras con una mano sostenía mi tanga, con la otra estaba nuevamente tocándome como desesperada, estaba ardiendo, lejos de que mi calentura se calamara cada momento se incrementaba mi excitación, incluso yo me sorprendía de todo lo que me estaba pasando y lo intenso de todo lo que estaba sintiendo,  mi convicción de no despertar a mi marido era firme, sencillamente no iba a hacerlo y eso me calentaba aún más.

 

Me hice a la idea que me iba a masturbar pensando en esa vergota hasta que se calmara mi calentura o apareciera mi esposo, lo que pasara primero, un nuevo orgasmo se asomó y empecé a gemir de manera intensa, contraje mis músculos lo mas que pude; al sentir mi orgasmo, pasé de estar completamente erguida y de pie, a estar casi en cuclillas de lo intenso de mi venida, así apreté las piernas y me encorvé, la calentura era inmensa, después de terminar, me tendí en el suelo, ahí duré algunos minutos, extasiada, sorprendida y satisfecha, poco a poco mi respiración se fue normalizando y mi calentura se disipó.

 

Una vez que terminé mi cometido, aproveché para tomar un baño, al salir del baño mi esposo ya había despertado, él procedió a bañarse también, nos alistamos y bajamos a desayunar, luego un poco de la misma rutina de los días anteriores, playa todo el día, tomar el sol, beber, comer en el hotel y descansar en completa relajación.

 

Durante todo el día estuve pensando en la verga del día anterior, simplemente no podía sacar esa imagen de mi mente, el entorno tampoco ayudaba bastante, en estas condiciones en donde simplemente nos dedicamos a relajarnos y a descansar, era muy fácil echar a volar la imaginación y recordar.

 

Me hice acompañar de un libro, pero poca atención le presté, por varias horas sólo pretendí leer, el libro estaba abierto pero yo sólo pensaba en un trozo de carne, negro y grande; poco a poco mi temperatura subió y comencé a calentarme nuevamente, mis pezones se veían deliciosos por debajo del traje de baño, eran evidentes, no era necesario prestar mucha atención a mis senos, para poderlos adivinarlos erectos y listos para ser mamados.

 

A diferencia de otras veces en donde la calentura me lleva a violar a mi marido, esta vez la situación era distinta, simplemente hoy no me apetecía coger con él, a pesar de mis infidelidades, mi deseo sexual por mi esposo nunca ha decaído, ese día había algo distinto, la experiencia de la noche anterior había sido excelente y muy a mi pesar, me había quedado con ganas del morbo y la adrenalina que representa una infidelidad, teniendo a mi esposo tan cerca

 

Parecía que lo que más podía excitarme en ese momento era el riesgo, el hecho en sí de probar otra verga; esto independientemente si dicha verga fuera más grande o más pequeña que la de mi esposo, o si el amante en turno fuera más habilidoso o más atractivo que mi marido; todo eso no importaba lo importante era el morbo y lo emocionante de lo prohibido.

 

Así estuve todo el día caliente pero sin coger, por su parte mi marido no hizo mucho por tener un espacio para el sexo, lo conozco y sé que no tenía que ver con su deseo sexual sino por un simple hecho de recuperación física, literalmente lo había exprimido en los días anteriores, y estas horas de descanso le venían muy bien; mi historia era diferente, caliente estaba, pero solo por hoy, necesitaba algo distinto

 

Al caer la tarde nos dispusimos a arreglarnos para salir, era nuestra última noche en Cancún y realmente no teníamos planeado nada, para esta ocasión decidí utilizar un pantalón a la cadera un tanto holgado y lo acompañé con un top súper sexy, era de color negro, muy escotado y desgarrado de varias partes, la mangas tenían agujeros y en la parte de arriba estaba compuesto de tiras horizontales, estos detalles hacían que el top se me viera bastante subido de tono, por supuesto no usé bra y me pezones podían apreciarse con cierta facilidad

 

De hecho, he de confesar que el top forma parte de un conjunto que compré en un sex shop, se acompaña con un pant de escándalo, él cual es de licra y lleno de perforaciones que dejan ver la piel, el conjunto completo sólo puede ser usado en la intimidad o por una puta profesional, al utilizar sólo el top con el pantalón holgado el atuendo aunque es muy sexy, todavía es, por decirlo de alguna manera, utilizable.

 

Una vez listos estábamos indecisos en que hacer; mientras decidíamos bajamos al bar y comenzamos a beber, yo realmente, más que caliente estaba morbosa, la experiencia de la verga del día de ayer me tenía francamente pendeja.

 

Nos sentamos en una mesa alejada de la barra y empezamos a tomar, conforme pasaban las copas yo me sentía más en ambiente y más perversa, realmente esa noche a pocas cosas le hubiera dicho que no, desde coger con más de uno, hasta engancharme con otra mujer, insisto en que mi sensación era distinta a una fuerte calentura, quería algo distinto, no era sólo el sexo; tan era así, que seguía sin pedirle a mi marido que me quitara las ganas, y esto era sencillo, no le podía pedir que me quitara las ganas de algo que no podía, esa noche no tenía ganas de sexo convencional, y aunque me pesara, ese tipo de sexo era el que podía ofrecerme mi esposo

 

Pensé en proponerle algún tipo de juego, en donde nos convirtiéramos en dos personas diferentes, eso podría ayudar pero creía que no sería suficiente, así que no me convencía del todo esa posibilidad.

 

Con el paso del tiempo me comencé a aburrir, la mesa estaba aislada y el ambiente no era de lo mejor, con cualquier pretexto buscaba la manera de pararme, desde constantes visitas la baño, hasta los tradicionales viajes a la barra para ir por algo de beber.

 

Además de que necesitaba movimiento, principalmente necesitaba mover el culo, me moría de ganas de captar miradas, quería que alguien me agarrara el culo o rozara mis tetas, desafortunadamente nada de eso pasó.

 

Poco tiempo después me resigné un poco, en ese ambiente difícilmente iba a encontrar lo que necesitaba, de esta forma le pedí a mi marido que subiéramos a la habitación.

 

Subimos a la habitación, nos recostamos y empezamos a besarnos, mi marido me levantó el top y comenzó a mamarme las tetas; no, simplemente hoy no, no lo sentía, no era el momento, no lo deseaba, no me excitaba y no me mojaba, pude hacer caso omiso a esos detalles pero no quería hacerlo, puede hacerlo como una especie de favor para mi esposo y que al menos él tuviera placer, pero de sobra sé que mi marido no goza si no me ve excitada, y eso no lo iba a poder disimular, podía pretender gozarlo, pero mi falta de calentura sería evidente,  mi pareja me conoce lo suficiente para darse cuenta que simplemente no me hubiese excitado.

 

La verdad quería salir, quería ir a un antro lleno de gente, quería bailar, tomar y desvelarme, entre besos le pedí a mi marido que me complaciera, como era nuestra última noche quería aprovechar al máximo, comprensivo como siempre, aceptó darme ese gusto.

 

Nos incorporamos y nos dispusimos a salir, tomamos un taxi y nos dirigimos a la zona de mayor movimiento en materia de vida nocturna.

 

Escogimos un antro de los más populares de la cuidad, era un lugar de música moderna, ideal para bailar, su diseño era parecido al de una plaza de toros, era casi redondo, de tres niveles, en el primer nivel y al centro estaba la pista de baile, luego había un segundo y un tercer nivel con mesas, en el tercer nivel se encontraba la barra, el segundo nivel era muy estrecho, solo había un pequeño pasillo y mesas en todo su alrededor, como dije el primer nivel era el mas amplio ya que ahí se encontraba la pista y mesas, el tercero era también amplio aunque menos que el primero, ya que ahí se encontraba la barra y dos filas de mesas, unas pequeñas al frente y unas muy amplias al fondo, el segundo piso era muy estrecho con un pasillo angosto y mesas.

 

El diseño del lugar hacia que todo mundo estuviera relativamente visible, al estar en círculo, la gente de arriba veía perfecto a los de abajo, y los de abajo solo al levantar la vista podían ver a las personas de arriba, el lugar además no era muy grande.

 

A nosotros nos ubicaron en el tercer nivel y justo en el centro del semicírculo, el sitio era ideal para tener una buena vista de todo el lugar, nosotros podíamos ver perfecto a la gente de la pista y las personas en la pista nos podían ver también de manera sencilla.

 

El caso con las personas del segundo nivel era un poco distinto, nosotros podíamos verlos muy bien, pero la gente que estaba gusto debajo de nosotros no podía vernos con tanta facilidad.

 

Nuestra mesa era pequeña y muy alta, así que era lo mismo estar de pie que sentado, desde que llegamos no me senté y no dejé de bailar, de repente mi marido se levantaba y bailaba conmigo, a ratos se volvía a sentar pero invariablemente yo seguía bailando.

 

En un momento dado nos percatamos que en el segundo nivel había un grupo de chicas entre ellas había dos que eran pareja, no eran particularmente atractivas, pero era muy evidente que una de ellas era la femenina y la otra era la masculina, la que hacía las veces de la chica llevaba vestido corto, por su parte la que hacía las veces del chico, llevaba pantalones flojos, playera y gorra.

 

Pasaron unos minutos cuando fue notorio que ambas mujeres discutían, era también evidente que la parte masculina reclamaba y se le veía molesta, en tanto que la femenina parecía querer arreglar la situación, trataba de abrazar a su pareja pero simplemente era rechazada.

 

La situación duró por varios minutos, hasta que la chica en cuestión se cansó de pedir disculpas, se sentó en la silla y se puso a llorar, mientras la otra cabrona bailaba y se divertía con el grupo de amigas.

 

Justo enseguida de este grupo de mujeres y justo debajo de nosotros estaba un numeroso grupo de hombres, era claro que venían de alguna Convención, todos vestían igual y eran hombres todos entre 30 y 40 años.

 

Mientras todo esto sucedía yo seguía con lo mío, estaba divirtiéndome mucho, bailaba y bailaba, mi marido aprovechaba para meterme mano con singular alegría y sin disimulo, me agarraba las nalgas y apretaba mi tetas de vez en vez, luego me ponía de frente a él y me regalaba unos besos deliciosos.

 

Poco a poco mi espectáculo dejaba de pasar desapercibido por los asistentes al antro, cada vez notaba que mas miradas se posaban en mi cuerpo, lo hacían con cierto disimulo al encontrarme acompañada, pero yo me daba cuenta perfectamente de que estaba llamando la atención

 

Al poco rato cambié un poco mi posición, me puse de espaldas a mi marido y me recargue con mis manos en el barandal que se ubicaba justo alrededor del tercer nivel, en esa posición la gente de abajo tenía una buena visión mía.

 

Para ese momento yo ya estaba muy caliente así que descaradamente saqué los tirantes de mi tanga, los cuales se hacían muy evidentes con mi pantalón a la cadera y mi pequeño top, luego me puse en posición justo como si me estuviera cogiendo, con las manos recargadas, sacando el culo y de espaldas a él, mientras bailaba le restregaba descaradamente mis nalgas en su verga, movía de arriba abajo el culo y creo que el espectáculo era de lo mejor.

 

Mi marido estaba tan caliente y estaba tan concentrado en mis nalgas y en ver cómo se las restregaba, que no se percataba que mucha gente ya me veía con mas descaro, yo al estar de espaldas volteaba solo de reojo a ver a mi marido y lo veía con sus ojos clavados en mi culo, luego volteaba mi lado izquierdo y veía a tres hombres en la mesa de enseguida, hacia abajo a varios hombres que bailaban con otras mujeres, a mi derecha a un par de meseros, y los mas simpático de todo eran los tipos de justo debajo nuestro, los de la Convención del segundo nivel, de plano varios de ellos se voltearon para dar la espalada a la pista y verme de frente

 

Para ser sincera para esos momentos yo ya no le bailaba a mi marido, comenzaba a bailarle a mi audiencia, a los de la pista, a los de bajo, a los de los lados y a cualquiera que quisiera ver, los que tenían mejor visión eran los del segundo nivel, al voltearse y dar la espalada a la pista los tenía casi de frente.

 

Yo para entonces ya estaba muy caliente, justo ese entorno era lo que necesitaba ese día, me estaba divirtiendo mucho y me estaba excitando demasiado.

 

En eso le pido a mi marido que me lleve a bailar a la pista, así lo hicimos y yo con los tirantes de mi tanga a la vista, volví a regalar mi mejor contoneo de caderas a los ojos de cualquiera que quisiera mirar.

 

Sé perfectamente que mi marido no tiene problemas en exhibirme, porque sabe que me calienta y él se beneficia de esa situación, ya que al final suelo cogérmelo como desesperada, hoy  la situación era distinta sólo que él no lo sabía, a pesar de que mi calentura iba en aumento, yo seguía sin pretender coger esa noche con mi esposo.

 

Bailamos solo un rato, pero en ese breve momento traté de comportarme como una bailarina de table, sabía que varias miradas se posaban sobre mi cuerpo y eso me encantaba, realmente tenía una fuerte necesidad de mostrarme y exhibirme, de hacer que todos desearan mi cuerpo, me imaginaba bailando rodeada de hombres, desnudarme para ellos y dejarlos locos de deseo.

 

Al regresar a nuestra mesa debimos de pasar justo por el pasillo del segundo nivel, después tomaríamos unos escalones para subir al tercer nivel donde estaba nuestra mesa, en nuestro recorrido debíamos pasar por la mesa donde se encontraba el grupo de muchachas donde estaba la pareja de lesbianas (en donde por cierto la chica femenina seguía sola y lloraba) y por el grupo de hombres que hace rato me miraban y que parecían venir de una Convención, eran de 7 a 10 hombres, todos de mediana edad y bien vestidos.

 

Mi marido caminaba delante de mí y me tomaba de la mano, el espacio era pequeño así que no podíamos caminar juntos, de esta forma alguno de los dos debía ir por delante y otro por detrás, como digo mi esposo tomó esa posición de liderazgo.

 

Pasamos por la mesa de las chicas y justo pasaríamos por la mesa de los hombres, ellos se encontraban de pie y en dos filas la mitad de ellos los tendría de frente a mí y la otra mitad los tendía de espaldas, justo iba a pasar muy cerca de la fila de hombres que me daban la espalda.

 

Instintivamente al llegar a la fila de hombres le solté la mano a mi marido, al liberarme de su mano pude cambiar perfectamente mi posición de caminar de frente a caminar de lado; con toda intención, al hacerlo, me acerqué lo mas que pude a la fila de hombres que me daba la espalda, una a una, las espaldas de estos desconocidos fueron rozadas de manera generosa por mi tetas; sencillamente fue increíble¡¡¡, lo hice lo mas despacio que pude, me pegué a su cuerpo lo mas que pude, de tal suerte para ellos fue evidente la sensación de mi cuerpo y de mis senos, era imposible que no pudieran notarlo.

 

Además del morbo natural del hecho, el repetir el movimiento con varios hombres le dio al acontecimiento un mayor grado de excitación, mis tetas desfilaban sobre estos desconocidos, uno por uno estos tipos me hacían gozar, era de lo mejor, terminar de pasar mis tetas con uno y saber que seguía otro, en todos los casos la siguiente arrimada era más fuerte y más notoria que la anterior, de tal suerte que el último hombre en cuestión prácticamente sintió mi respiración cerca de su nuca.

 

Sencillamente me encantó, sentí una descarga de electricidad por mi cuerpo, mis pezones estaban que estallaban por debajo de mi top y mi vagina ya estaba lo suficientemente húmeda como para recibir sin problema cualquier tipo de verga sin necesidad de preámbulos.

 

Al terminar mi recorrido volví a tomar la mano de mi marido y regresamos a nuestra mesa, la historia fue más o menos la misma, mi esposo sentado y yo bailado. Mientras lo hacía cerraba los ojos y recordaba la verga del día anterior, luego recordaba lo que acababa de suceder, el rozar con toda intención mis tetas ante toda una fila de hombres y sencillamente me prendí bastante, luego fantaseaba con esa misma fila de hombres pero dispuestos y listos para meterme la verga, me imaginaba en cuatro patas con una verga adentro y con varios hombres haciendo fila esperando su turno para poseer mi cuerpo.

 

Necesitaba una verga, cualquiera, la que fuera siempre y cuando no fuese la de mi marido, pero más que nada, en ese momento, la deseaba en mi boca, no sé por qué tenía es fuerte deseo de mamar una verga; me encanta mamarla, me gusta hacerlo despacio y rápido, me fascina recorrerla con mi lengua, me agrada acariciar y chupar los huevos, me gusta tocarme las tetas o el clítoris mientras la mamo, me excita mover el culo al mismo tiempo que la tengo en mi boca, me apetece morderla cuando lo creo necesario, procuro siempre tener las tetas de fuera mientras lo hago y eventualmente poner la verga en cuestión en medio de mis tetas o pesar la punta justo entre mis pezones, pero sobre todo me encanta la idea de saber que puedo tener un orgasmo mientras la mamo

 

Al poco rato mi esposo me avisa que debe ir al baño, no pude evitar pensar que es una buena oportunidad para seguir con mis puterias, después de la arrimada de tetas que les di a los chicos que están justo debajo de mi, tanto ellos como yo tenemos un humor diferente; uno de ellos se da la vuelta, queda de frente a mí, me sonríe y me mira sin disimulo, yo le sonrío de vuelta y sigo bailando, a veces me doy media vuelta y le dejo ver mis nalgas, las cuales se mueven de la manera más sensual que puedo.

 

Desafortunadamente mi marido no demora mucho, regresa, me toma de la cintura y me besa, al instante mi nuevo admirador disminuye sensiblemente la cantidad e intensidad de sus miradas.

 

No pasa mucho tiempo cuando sea yo quien deba de retirarme al baño; el baño de las mujeres se encuentra en el último rincón del antro; al dejar mi mesa, volteo hacia donde se encuentra mi admirador, él me encuentra con la mirada, yo le sonrío lo mas coquetamente que puedo; él entiende el mensaje y disimuladamente me sigue.

 

Al avanzar siento su mirada por detrás de mí, muevo las caderas lo más que puedo y me aseguro que los tirantes de mi tanga sigan visibles, el baño se encuentra justo a la mitad entre el segundo y el tercer nivel, por lo que este hecho, en combinación con la distancia lo hacen inaccesible a la vista de mi esposo

 

Justo antes de entrar al baño, mi admirador me alcanza

 

–          Hola cómo te llamas?

 

–          Dani y tú?

 

–          Luis

 

–          Mucho gusto Luis

 

–          Eso es lo que quisiera darte un gusto, estas buenísima¡¡

 

–          Gracias

 

–          Y además que manera de moverte, bailas como una profesional

 

–          Gracias pero no soy profesional

 

–          Con quien vienes?

 

–          Con mi marido, por qué?

 

–          Nada mas preguntaba

 

Por un momento pensé que había dando la imagen de ser la amante o la puta de mi acompañante, pensé que una esposa no se comporta de esa forma, así que era fácil adivinar que era una cualquiera, una golfa pagada o la amante a la que llevan de vacaciones, me encantó la idea¡

 

–          Espérame un rato, tengo que entrar al baño, ok?

 

–          Aquí te espero preciosa

 

Entré al baño, al disponerme a lavarme las manos, volteé hacia un lado y vi a la chica lesbiana llorando y sentada, me dio pena y me acerqué a consolarla

 

–          No vale la pena, tu estás muy bonita y no te mereces que te traten así, no le ruegues por favor

 

–          Gracias, en verdad muchas gracias

 

–          Que vas a hacer?

 

–          La verdad no quiero salir, me da pena estar afuera así, me voy a estar aquí un rato a ver si ella viene a buscarme.

 

–          Sabes que no va a venir verdad?, hace rato estaba platicando muy animadamente con otras chicas y tomándose fotos

 

–          Si la vi y por eso me escondí aquí, es cierto, no creo que venga, pero al menos un rato si me quiero quedar aquí en lo que me calmo

 

–          Ok, si necesitas algo me dices

 

–          Muchas gracias otra vez

 

Me di la vuelta y camine a la salida, en eso súbitamente una idea se me vino a la mente, tomé mi teléfono y le escribí un mensaje de texto a mi esposo.

 

Al salir mi nuevo amigo me esperaba en la puerta, sólo lo tome de la mano y lo jale hacia mi.

 

–          Ven, acompáñame adentro

 

Caminé delante de él y mientras lo hacía, movía mis nalgas, mientras caminaba me despojo de mi top sin detenerme, con mi torso desnudo abro la puerta del último sanitario, el más lejano, entramos y le pido que se siente en la tasa del baño. Al mismo tiempo que hice todo esto, mi amiga lesbiana me miró con cierto asombro y complicidad, al pasar junto a ella sólo le sonreí.

 

De inmediato bajo mi pantalón y retiro mi tanga, luego me acercó a él y comienzo a besarlo desesperadamente,  pongo mis tetas  a la altura de su boca para que me las mame un rato, por fin voy a tener una verga distinta a la de mi marido, no puedo desperdiciar esta oportunidad, tengo poco tiempo y yo tengo horas caliente

 

–          Eso querías verdad cabrón, querías a esta puta verdad?

 

–          Sii

 

–          Pues no sabes la suerte que tienes cabroncito, porque en este momento me vas a tener¡

 

Y así rápidamente me arrodillé y saqué su verga, tenía poco tiempo pero debía tener una verga en mi boca, no era grande ni mucho menos, pero eso poco importaba, la importante era el morbo, me la metí a la boca, con una mano tocaba mis tetas y con la otra tomaba su verga, se la mamé con intensidad pero por pocos segundos, no quería hacerlo terminar, sólo quería quitarme las ganas de tenerla en mi boca, los pocos segundos que la tuve en la boca me hicieron calentarme demasiado, estaba muy cerca del orgasmo, tan cerca como estaba sólo era cuestión de tiempo para terminar, no era necesaria una verga grande ni tenerla dentro por mucho tiempo

 

Me incorporé y la cabalgué un rato, realmente lo violé, él sólo estaba sentado y yo hacía todo el trabajo

 

–          Dame cabrón, dame,  te apuesto que nunca vas a tener una vieja tan puta, tan caliente y tan buena como yo¡¡

 

–          Si, si

 

–          Te gusta cabrón, te gusta esta piruja?

 

–          Si

 

–          Pues aquí me tienes, gózame¡¡

 

Luego le tomé las manos y lo hice que recorriera mi cuerpo desde los hombros hasta mis caderas, con toda la intención de que sintiera mis curvas.

 

–          Estoy buena cabrón?

 

–          Estas buenísima hija de la chingada

 

–          Qué rico papi; agárrame el culo¡¡

 

Y me tomó de las nalgas y sentí de inmediato la descarga de electricidad que supone la llegada de mi orgasmo, inmediatamente moví lo mas que pude las caderas y por fin llegó, era muy intenso

 

–          Ahhhh, siii, siiii, que rico¡¡¡¡¡

 

La cogida realmente duró muy poco, al terminar me vestí rápidamente y lo dejé ahí, le di un beso y le entregué mi tarjeta de presentación del trabajo

 

Regresé con mi marido y me pregunta sobre mi retraso:

 

–          Recibí tu mensaje, que te ibas a tardar un poco; qué había mucha fila en el baño?

 

–          Un poco, pero sabes que me encontré a la chica lesbiana de abajo, estaba llorando y me quedé un rato platicando con ella, te escribí el mensaje mientras la consolaba un poco, estaba llorando mucho

 

–          Ok, todo bien

 

–          Mas o menos, no quiere salir

 

Al poco rato abandonamos el lugar, realmente yo estaba muy tomada y seguía caliente, la diferencia es que mi necesidad de morbo ya se había saciado.

 

Con mi borrachera, en el camino de regreso le sobaba a mi esposo su verga en el taxi, luego al llegar al hotel le pedí caminar un rato para que se me bajara un poco lo tomada, en la playa se la mamé un rato y le pedí que subiéramos, al regresar a la habitación cogí riquísimo con mi esposo, durante largo rato y en más de una ocasión, con una verga grande y poderosa, muy diferente a la que recién había tenido, era extraño, la cogida y la verga de mi marido superaban por mucho lo que había vivido hace apenas unas horas en el antro, pero ese encuentro fue fundamental para que mi deseo por mi esposo renaciera, paradójico no creen?

 

Al terminar nos dormimos casi al amanecer y por fin me sentía satisfecha, había pasado unas excelentes vacaciones llenas de placer y sexo, tal y como lo pretendía mi marido, lo único que no había salido tal y como él esperaba, era en lo referente a la exclusividad de mi cuerpo, pero al final eso era algo que sólo yo sabía, así que ambos podíamos regresar satisfechos, sobre todo yo…

 

Perdón por mis retrasos en contestar correos, pero mi vida profesional me está demandado mucho tiempo, seguiré contestando en la medida de mis posibilidades, gracias por escribir y por sus comentarios. Para quienes me piden como amiga en messenger, por lo general sólo acepto a personas con las que he tenido un primer contacto por correo.

 

Saludos y gracias a todos

 

                               © daniela1816

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