Relato cornudo: Noche de sumisión en la disco.

Era un domingo al mediodía, yo estaba en una comida familiar como de costumbre, y tú me llamaste. Cogí el teléfono “Hola nena, qué tal?”. Estabas en tu apartamento en la costa y la noche anterior me dijiste que saldrías de fiesta a esa discoteca al lado de tu apartamento con tus amigas. Tu voz sonaba extraña, triste y rota. “Qué te pasa?” y me lo contaste.

Esa noche fuiste con unas amigas a la discoteca, como de costumbre quedasteis en casa de una de ellas y bebisteis unas copas tranquilamente. Tú me enviaste unas fotos de cómo ibas vestida, un top transparente de encaje de color carne con unos sostenes negros que se veían perfectamente, y una falda corta y ajustada de color negro. Debajo llevabas unas braguitas tanga de color negro y de encaje y unos tacones impresionantes de color negro. El plan era el de siempre, tomar algo en casa y después de unas 3 o 4 copas ir a la discoteca. Estabais tú y dos amigas tuyas, y para animar un poco la fiesta invitasteis a unos amigos de la zona, al llegar ellos os disteis cuenta que no los conocíais todos, uno de ellos era un habitual pero había tres que no los habíais visto nunca. Uno era de aquí y los otros dos eran franceses. No pasaba nada ya que era normal, siempre hay alguien que no conoces.

 

Fuisteis a la discoteca y ahí tomasteis algo en la zona de mesas, tu cómo siempre te presentaste a los nuevos amigos, tu carácter extrovertido y simpático no te impedía conocer a gente nueva. Ellos se fijaron en ti rápidamente porqué eres muy guapa, ojos grandes, nariz pequeña y labios carnosos. Tu cuerpo es delgado pero atlético, con un culo respingón y carnoso, y unas piernas estilizadas. Ahí pudiste hablar con ellos y eran simpáticos y poco a poco te diste cuenta que empezabas a estar un poco borracha. La conversación giraba en torno al sexo y tú dejaste entrever que te encantaba, a quién no le gusta follar pero tú tienes ese punto inocente que despista a los hombres. Esa mezcla de inocencia pero también de perversión y vicio y que sólo aparece cuando estas cachonda. Decides ir al baño porqué la cabeza te empieza a dar vueltas, es extraño cómo te sientes porqué tampoco has bebido más de la cuenta, no entiendes cómo puede ser pero tampoco le das más importancia. Te levantas y vas dirección al baño cómo puedes, te das cuenta que eso no es normal.

 

Por suerte el baño de mujeres está vacío, entras en uno de ellos, ajustas la puerta y cuando vas a cerrar notas una fuerza que la vuelve a abrir. Te das cuenta que hay alguien y que entra en el baño contigo, tu intentas que no entre pero es demasiado tarde, estas en el baño y no con un chico, sino con dos y en concreto con los franceses. A pesar de tus intentos para que salgan ellos permanecen ahí, cierran la puerta y echan el pestillo. Estas nerviosa, qué hacen y qué quieren estos dos… te sientes extraña, notas que tu fuerza de voluntad disminuye, a pesar de intentar salirte con la tuya no puedes, te fallan las fuerzas y no consigues echarlos.

Te dicen que estas muy guapa, que eres preciosa, que tienes un cuerpo impresionante y que esa noche serás para ellos por las buenas o por las malas. Los apartas con un empujón fuerte pero ellos permanecen, se acercan a ti, empiezan a tocarte. Para entonces tú te has arrinconado a un lado y miras al suelo con mirada perdida. Ellos te pasan las manos por tu cuerpo, el pecho, el cuello, las piernas, el culo… los empujas fuerte pero ellos son dos. Te agarran fuerte y mientras uno te susurra en la oreja que eres una zorra con suerte el otro te pega un lametazo por todo el cuello. Sin darte cuenta te han inmovilizado: te sujetan los brazos por detrás de la espalda con una mano, tu cabeza mira hacia arriba por el fuerte tirón en el pelo, y tienes las piernas abiertas y la falda por la cintura, uno de ellos te toca el coño a través de las braguitas. Te dicen que eras una puta, una guarra, una zorra… recuerdas las otras veces que eso te ha pasado, que extraño piensas, porqué me pasa esto a mí. No es la primera vez…

 

Tus pechos están en el aire, tus braguitas empiezan a bajar y están por tus tobillos. Cambian de postura, uno de ellos se pone detrás de ti y te agarra el cuello con un brazo y con fuerza, tienes los brazos en tu espalda y estas expuesta. El otro está delante de ti y se saca la polla, empieza a masturbarse, la tiene grande, larga y gruesa, rasurada, tiene unos testículos grandes, el glande es rojo y la polla está llena de venas marcadas. Recuerdas que te gustan las venas. Tú estas expuesta a él, tu coño está rasurado completamente y él te lo está tocando. No sabes porqué pero ver esta polla enorme ahí te ha puesto un poco cachonda, empiezas a sentir un cosquilleo en el estómago, tu cuerpo empieza a reaccionar y tus labios empiezan a hincharse. El chico que te sujeta por detrás se saca la polla, y te obliga a masturbarle, le agarras la polla, es gruesa pero más corta que la del otro, notas su bello púbico y cómo su respiración se acelera.

 

En un momento de lucidez te das cuenta de lo que está pasando y piensas en tu novio, te sientes mal, no te gusta lo que está pasando. Te mueves con fuerza para desacerté de ellos, lo consigues pero uno de ellos te da una bofetada en la cara y quedas atontada, caes al suelo de cuatro patas, uno de ellos te agarra por el pelo te levanta la cara y te dice “Puta ya te he dicho que hoy vas a ser nuestra no seas una zorra recatada y obedece”, después te vuelve a pegar y te escupe en la cara. Tú le miras a la cara, y entiendes que lo que dice va en serio. Tu pintalabios está descompuesto, empiezan a caerte las lágrimas por las mejillas y el rímel se corre. Te levantan y te agarran con más fuerza, ahora te duele, te cuesta respirar y toses mientras notas como unos dedos te penetran el coño, entran y salen repetidas veces, tus pechos son abusados y tu oreja está siendo penetrada por una lengua húmeda y lasciva. El asco, la vergüenza y la tristeza te empiezan a invadir el cuerpo. Miras al techo y piensas. No puedes escapar de esa situación y lo sabes. Empiezas a aceptar que esa noche serás violada, otra vez.

 

Ya has estado en esa situación en que otros abusan de ti, utilizan tu cuerpo cómo quieren y disfrutan sometiendo tu voluntad a la suya. Esta vez te ha pillado con la guardia baja pero ya sabes qué es eso. No quieres volver a tener esa sensación y piensas cómo puedes darle la vuelta al asunto. Te viene una idea a la cabeza: porqué no convertir la humillación de ser usada en placer. Ellos se lo pasaran bien igualmente, ahora es momento de que yo lo pueda disfrutar y una manera de hacerlo es participando activamente. Piensas en mí, en las veces que has salido de fiesta y en que te he pedido que seas mala, que seas egoísta y que a los chicos no les gusten las chicas buenas. Se una chica mala te decía siempre. Quizá hoy era el día perfecto para empezar a ser la chica mala que yo quería que fueras. Solamente pensando esto las sensaciones en tu cuerpo empezaron a cambiar. El asco se convirtió en deseo, la vergüenza en satisfacción y la tristeza en excitación. Era humillante, sí, pero te ponía caliente. La degradación a que estabas siendo sometida te violentaba pero al mismo tiempo te hacía sentir libre. Ser sometida a una voluntad masculina más fuerte, más robusta y más potente te hacía sentir débil, sumisa y obediente, y te daba la oportunidad de ser libre: de no decidir nada, de dejarte llevar, de entregar tu voluntad a esos dos extraños entregando al mismo tiempo tu cuerpo.

 

Estabas excitada, tu coño empezaba a fluir y los flujos se deslizaban por tus piernas, tus labios estaban hinchados, y tus pezones erectos. De tu boca empezaron a salir gemidos, te dejaste llevar, dejaste de ofrecer resistencia y notaste que todavía te gustaba más. Sentías esos dedos que entraban y salían de ti, masturbabas esa polla con más pasión, y te dejabas lamer la oreja y el cuello. No tardaron en darse cuenta que empezabas a ser la puta guarra que querían esa noche.

 

Notaste como esa enorme polla tocaba tus labios, estaba caliente y muy dura, tus labios se apartaron lentamente y dejaron paso a esa polla. Te estremeciste de placer al sentir cómo te poseía. Te empezó a bombear repetidamente, metiéndotela toda y sacándola prácticamente toda, para que notarás lo grande que era y la sensación de recorrido. Era enorme y tu coño se resentía, te dolía un poco pero rápidamente se dilató y podía entrar perfectamente. Empezaste a escuchar que te llamaban puta, guarra, zorra y de tu pequeña boca empezó a salir un sí que respondía a cada insulto, a cada degradación y a cada humillación. Las embestidas cada vez eran más fuertes y se podía escuchar perfectamente el golpe de su pubis con el tuyo. Fuera del baño se escuchaban voces de chicas, risas y comentarios acerca de lo que estaba pasando dentro. “Qué envidia, yo también quiero”, “Dale más fuerte!” y “Aahh Ahhh” decían las chicas entre risas. Algo que de alguna manera autorizó más a los chicos y que aprovecharon para follarte con más violencia. A ti te provocó un largo gemido de dolor y de placer que te liberó. Demostraste con ese gemido a los chicos y a las chicas de fuera que estabas dónde querías estar.

 

Tal fue el jolgorio que se montó que un guardia de seguridad entró en el baño y picó en vuestra puerta. “Qué pasa ahí” se escuchó, tú todavía tenías esa polla dentro de ti, y el otro chico te apretaba por el cuello mientras tú tenías su polla en la mano. No podían decir nada ya que era el baño de mujeres así que la única que podía hablar eras tú. Te susurraron al oído que dijeras que todo iba bien, y así lo hiciste “Estoy en el baño”. “Eso ya lo sé, FUERA”, la situación era complicada ya que tenían que salir y los chicos tenían miedo que tú te fueras o dijeras algo a tus amigas. De modo que te amenazaron “Nos quedamos con tu móvil, tu DNI y todo tu dinero. Cómo digas algo de esto a tus amigas te damos una paliza. Cuando salgamos de aquí lo hablamos fuera”, tu no rechistaste y dejaste que se quedaran con todo. Te dejaron ir y te repusiste un poco, te bajaste la falda, te pusiste las braguitas, el sujetador y te peinaste un poco. Les pediste por favor si te podían dejar el pintalabios y el maquillaje, te lo dieron y abriste la puerta. Al salir el guardia de seguridad no pudo hacer otro comentario: “Así que con uno no tienes suficiente…” a lo que tú te sonrojaste. “Vosotros dos fuera!”. El guardia acompañó a los dos chicos fuera del baño y tú te quedaste para maquillarte, a tu alrededor todas las chicas hablaban de ti. Te sentiste avergonzada y excitada al mismo tiempo.

 

Una vez fuera no viste a los chicos y decidiste ir a buscar a todo el grupo, cuando llegaste ellos estaba ahí y te sentaste con tus amigas. Ante los comentarios de tus amigas acerca de lo que habías tardado les dijiste que te habías encontrado con un amigo y que habías estado hablando con él. Ellas te crecieron sin más y todo parecía normal, excepto por el hecho que los dos chicos que estaban sentados en el otro lado de la mesa te habían intentado violar, y bueno, uno de ellos lo había hecho.

 

No sabías cómo iban a suceder las cosas a partir de ese momento, haber sido forzada por esos dos te hacía sentir extraña, y el regusto de la humillación todavía hacía mella en ti y te ponía caliente. Miradas acechantes te apuntaban, ellos no estaban seguros de lo que pensabas y si tenías algo en mente pero tú les miraste con sumisión y entendieron que no dirías nada. En tu ausencia tus amigas decidieron que no querían alargar mucho la noche y que ya se querían ir. Ellas se iban con vuestro amigo que tenía coche y que las llevaba a casa. Tú les dijiste que te querías quedar, no podías irte sin tu móvil, sin DNI y sin el dinero, les comentaste que el otro chico se ofreció a llevarte a casa si tú te querías quedar más rato. Te preguntaron si estabas segura de eso ya que no conocías de nada a los tres chicos y que si no te parecía extraño, a lo que tú respondiste que no pasaba nada, que eran buena gente y que estarías bien. Te creyeron y se fueron de la discoteca.

 

Tú estabas sola, con tres tíos que no conocías de nada, dos de ellos te tenían prisionera de su voluntad. Recuerdas que minutos antes te estaban follando violentamente, que te habían inmovilizado, insultado, humillado y degradado, y a pesar de todo a ti te ponía caliente. Te pasaba por la mente todo lo ocurrido y eso te hacía mojar las braguitas. Los chicos hablaron entre sí “Esta puta nos la va a chupar a todos ahora que no hay sus amigas”, el tercero se quedó flipando pero ellos le informaron de lo que había pasado y le dijeron que no había problema que a ella en realidad le gustaba, aunque en un principio diga que no. Todos estaban de acuerdo en ir al coche. Salieron de la discoteca y antes de llegar al coche uno de ellos la abrazo por encima de los hombros y le dijo “Bueno, ya sabes que ahora te vas a hinchar a pollas, no? Somos tres y todos queremos follar. Así que prepárate”.

 

El coche era de los que estaba más lejos de la entrada de la discoteca, no pasaba nadie excepto los que ya se iban. Se pusieron todos a un lado del coche, la parte de atrás que tapaba un poco las vistas, al otro lado bosque y campos. Los tres tíos te rodearon y uno de ellos te ordenó que te arrodillaras. Tenías miedo y no estabas muy segura de que hacer pero enseguida entraste en razón gracias a un tremendo bofetón en la cara. Te balanceaste y casi te caes pero permaneciste de pie, ellos ya se habían desabrochado los pantalones y tenían las pollas fuera, se masturbaban mientras tú te reponías. Sin rechistar te pusiste de nuevo entre los tres y te arrodillaste, voluntariamente te pusiste una de ellas en la boca y la empezaste a chupar, con maestría, primero la punta y después de abajo arriba por fuera y con la lengua extendida. En las manos tenías las otras dos pollas y las meneabas al ritmo de tu cabeza. Ellos se rieron de ti y se congratularon de la puta que tenían lamiéndoles las pelotas.

 

Se lo estaban pasando bien, hablando de sus cosas, fumando y riendo mientras una zorra hacía lo que ellos querían. Tu ibas cambiando de polla, cada cual más gruesa, gorda y venosa, estabas a tu aire lamiendo y relamiendo esos falos masculinos. Sometida a sus caprichos y esclava de la humillación tu cuerpo empezó a arder, tu respiración se aceleraba, y mamabas las pollas con más entusiasmo y energía. Tu coño volvía a chorrear y tus pezones se erguían. Uno de ellos te ordeno que te quitaras la ropa, y no pudiste pensar nada más que ya era hora, te quitaste la blusa y se la entregaste, te quitaste el sujetador, la falda y las braguitas, todo se lo entregaste. Ellos lo tenían todo, tu ropa, tu móvil, tu dinero y tu voluntad. Tiraron la ropa al campo, esparcida, no en un solo sitio sino en varios “Cuando quieras vestirte tendrás que ir a buscarla puta”, uno de ellos se sacó el cinturón y te lo puso alrededor del cuello. Tú estabas desnuda solamente tenías los tacones puestos, te pusiste de pie, te tocaron, abusaron de ti, te lamieron, te pusieron los dedos en el coño y en el culo. Te ordenaron que te pusieras de cuatro patas, con el cinturón en el cuello te pasearon como a una perra, tú de cuatro patas andando y uno de ellos de pie agarrando el cinturón. Te moviste cómo una perra entre varios coches, aparcados, y alguno pasó dejando tras de ti caras de exclamación e incredulidad. Tu voluntad había sido rota, y a pesar de sentirte avergonzada te sentías orgullosa de someterte a la voluntad de ellos. Tu coño chorreaba y ahora solo querías ser violada en grupo. Pero estabas tranquila porque eso era lo que iba a pasar.

 

Una vez volviste al coche te pusieron encima del capó, hacia arriba, con las piernas abiertas, tu coño depilado estaba siendo penetrado por una de las pollas, era grande, robusta, masculina. Los insultos eran constantes “Puta”, “Zorra”, “Chupapollas”, “Desgraciada”, “Guarra”, “Puta barata”, las humillaciones físicas también: desde tirar del cinturón para ahogarte, hasta escupitajos en la cara. Te ponían los dedos en la boca y los tenías que chupar. Todo esto siguiendo las instrucciones que te decían, siempre después de cada degradación decías “Sí” o “Gracias” tal y como las chicas obedientes tienen que hacer.

 

Los chicos se intercambiaban y cada uno te bombeaba cada vez más fuerte, más violentamente y con más desprecio. Tu solo podías recibir tales embestidas como lo que eras esa noche, una mujer violada y ultrajada, y que actúa con obediencia y sumisión. De golpe notaste una luz brillante, un destello a tu lado, uno de los chicos sacó su móvil y empezó a grabarte. A lo que tu reaccionaste tapándote la cara, y a lo que ellos reaccionaron agarrándote los brazos y el pelo y a obligar a mirar a cámara. Alienada de tu cuerpo salió una frase de tu boca “Deja de grabar y follame”. Los chicos te pusieron de pie, te arquearon la espalda, y uno te empezó a follar por detrás mientras tiraba del cinturón liado en tu cuello. Tú voluntariamente te agarraste a uno de ellos y buscaste su polla con la boca. Invadida por la excitación y la desesperación jadeabas violentamente mientras lamias y relamías esta fantástica y generosa polla, gruesa y llena de venas mientras mirabas a la cámara. “Miradme todos, soy la más puta de la discoteca, buscadme y folladme” dijiste, a la que ellos te ordenaron que dijeras tu nombre y tu número de móvil “Soy Patricia Mellado y mi número de móvil es el 345 54 34 32. Si eres un cabrón y solo me quieres para follar llámame… ah… ah… no quiero nada más… polla… quiero polla…” el pintalabios había desaparecido y lo tenías esparcido alrededor de la boca, las lágrimas habían bajado por tus mejillas y el rímel se había vuelto a correr, tenías la cara llena saliva y esos chicos tenían las pollas a punto de explotar. Con fuerza y violentamente te apartaron y te tiraron al suelo, tú con mirada lasciva les observabas a la espera de lo siguiente.

 

Se querían correr, y cada uno lo iba a hacer de una manera distinta. Uno de ellos te ordeno que le chuparas la polla hasta que se corriera, de cuclillas empezaste a mamar. Le chupabas la polla apasionadamente y él te agarraba de la cabeza y te guiaba mientras se reía con los demás. Su polla se empezó a hinchar y a ponerse más grande, dura e indomable. Uno de los chicos te inmovilizó los brazos, a lo que el otro aprovecho para follarte con más fuerza la boca, tú ya habías hecho una garganta profunda conmigo pero esa polla era más gruesa y no sabías si podrías, para tu sorpresa poco a poco y lentamente te la empezaste a tragar, notabas como todo su grosor cubría toda tu garganta hasta que notaste con tu frente y tu nariz el abdomen de ese macho. Tal intrusión tuvo sus efectos en tu cuerpo y las arcadas se convirtieron en constantes, tosías y te salía saliva por el pequeño orificio que quedaba entre tus labios y su polla. Tenías ganas de vomitar pero ante tal muestra de fuerza, entre la polla y el chico que te inmovilizaba no pudiste luchar hasta que te dejaron respirar. Pero era solo una pausa para lo que vendría después, una repetición de embestidas con fuerza hasta que el chico inundo tu garganta con todo su semen. Notaste cómo algo caliente bajaba por tu garganta al mismo tiempo que esa polla empezaba a reducirse. Nunca te habías tragado el semen de un tío, y ese día perdiste la virginidad.

 

Los otros dos invadidos por una excitación casi inhumana juntaron sus pollas y las acercaron a tu cara, tú cogiste con las manos toda esa saliva que había salido antes de tu boca y que te colgaba de la barbilla y te la restregaste por la cara cómo símbolo de la humillación a que estabas siendo sometida. Agarraste las dos pollas con las manos y te las restregaste por la cara, primero una, después la otra, y finalmente las dos. Estaban calientes, duras y llenas de energía. Decidiste empezar a chupar los huevos, y estuviste un buen rato intercambiando los huevos. Primero succionabas los de uno y después los otros mientras sus pollas yacían en tu cara y mientras mirabas a los dos hombres a la cara. Oliste las pollas, los huevos e inspirabas con fuerza esnifando sin querer los restos de saliva espesa que tenías en la cara. Ahora eras una puta, o mejor dicho, una grandísima puta extasiada por el vicio, y pidiendo que te escupieran en la cara. Tal demostración de voluntad por ser una puta nubló la mente de los chicos y no se percataron que algún que otro mirón tenían. No le prestaron mucha atención y tampoco intervinieron en nada, pero eso te calentó todavía más ya que saber que otros hombres te estaban mirando te excitaba una barbaridad. Entre pollazo y pollazo relamías los huevos y finalmente agarraste con cada mano una polla y las empezaste a masturbar. Mirabas con cara de vicio a sus propietarios y les dijiste que se corrieran por favor en la cara. Los chorros de semen salieron con fuerza e inundaron toda tu cara, era un semen espeso, del que se tiene cuando no te corres durante días, blanco y consistente. Dos corridas te recorrieron la cara en forma de X, tu frente estaba rebosante de semen blanco y tus ojos también. Chupaste esas pollas hasta dejarlas limpias.

 

Todavía no había amanecido, era oscuro y tú estabas en el suelo, sucia, llena de semen que no quisiste quitarte de la cara, todavía cachonda, con el coño chorreante y cansada. Los chicos dejaron de grabar y compartieron unas risas. Se encendieron un cigarro cada uno y empezaron a fumar. Tú en el suelo, a sus pies todavía. Te dijeron que no se pensaban que la cosa acabaría así, y que fue mucho mejor que lo podrían predecir. Los chicos chocaron las manos en señal de victoria y compañerismo. “Hoy la hemos bordado, vaya puta hemos pillado” desde el suelo pediste un cigarro, a lo que respondieron que ya lo veríamos. Mientras empezaban a buscar las llaves del coche uno de ellos te tiró medio cigarro encima, despectivamente, “Toma fuma” y tú lo recogiste del suelo y diste las gracias como se esperaba de ti.

 

Empezaron a subir al coche, te recordaron que no fueras muy puta y que no dijeras nada de esto a nadie. Te amenazaron con subir los vídeos a internet y obviamente tú no querías esto. Mantendrías tu boca de puta callada y no saldría nada de allí, en todo caso entrarían cosas… o más bien pollas, pero salir nada de nada. “Llevadme a casa…” dijiste tímidamente y todos se echaron a reír. “Nos piramos, cómo vuelves tu a tu casa no es nuestro problema zorra”. Encendieron el coche y se fueron, pero antes bajaron la ventanilla. “Ah aquí tienes tus cosas, la pasta nos la quedamos el resto no” y tiraron por la ventana al campo tu móvil y tu DNI.

 

Tú estabas en el suelo medio sentado, sucio, con la cara llena de semen y saliva espesa, los ojos te picaban, y fumabas el resto de cigarro que te habían tirado. Las piernas te dolían, tenías el coño rojizo, y lleno de flujos que bajaban por tus piernas, la cara también te dolía. Nunca imaginaste que algo así te podía pasar, humillada durante horas y utilizada, y a pesar de todo esta vez había sido distinto. No te sentías como la última vez que te pasó en que te intentaste resistir todo el rato, esta vez lo intentaste disfrutar y en el fondo lo habías hecho. Te violentaba haber caído tan baja y ser tan inhumana contigo misma pero era la única opción.

 

Te diste cuenta que la gente salía de la discoteca, y que te podían ver. Gateaste por el suelo hasta el campo, pasaste por unos hierbajos, notabas la humedad de la noche, el suelo frío, notaste barro entre tus manos y charcos sucios. Intentaste buscar tus cosas pero no se veía nada. Era imposible encontrar algo ahí a esas horas. Intentaste gatear un poco pero te solo servía para revolcarte en el fango, en un intento de incorporarte resbalaste y caíste en un pequeño agujero, tu cuerpo incrustado en el suelo, el culo y las piernas te habían quedado elevadas y tu tórax la cabeza más al fondo. Decidiste quedarte ahí, la mejor opción era esperar que se hiciera de día y buscar entonces las cosas. Mientras contemplabas las estrellas empezaste a ser consciente de lo que había pasado y de lo muy puta que habías sido. Habías sido la puta más baja que habías visto jamás… te sentías extraña y violentada… pero también caliente y cachonda…. como podías sentirte excitada ahí, en medio de la nada, con el frío barro en tu espalda, notando cómo se filtraba entre tus nalgas… todo había sido muy extraño pero en el fondo había algo que te había gustado así que decidiste empezar a acariciar tu cuerpo de nuevo, tus pechos, tu cara, tu culo… y tu coño…. y cuando estabas relajada te diste cuenta que todavía no habías meado… así que decidiste que ese era el mejor momento para hacerlo. Mientras la orina te bajaba por el cuerpo hasta el cuello te diste cuenta que tenías suerte de haber sido hoy la elegida.

 

Autor: Snake Tentation

snaketentation@gmail.com

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