Relato cornudo: Mi odioso y viejo vecino se folla a mi esposa. Parte 3 y 4.

Tras las mutuas revelaciones que nos hicimos mi esposa Alba y yo, nuestra vida sexual cambió totalmente, cuando follábamos fantaseábamos con Oscar, el degenerado y odioso vecino, en su fantasía Alba deseaba que Oscar la follase con su tremendo miembro, que la tratase como a una verdadera puta, zorra y perra, y yo con que Oscar me hiciese un gran cornudo follándose a mi querida mujercita. Llegó a convertirse en una obsesión.

El martes de la semana pasada, aprovechando que mi esposa estaba trabajando, subí al apartamento de Oscar. Le comenté la transformación que había sufrido mi mujer, sus sorprendentes revelaciones, e incluso Oscar tuvo ocasión de escuchar una grabación de mi mujer y mía follando, en la cual, Alba entre gemidos y jadeos pedía que mi degenerado y vicioso vecino se la follase.

Oscar se frotaba las manos y preso de una gran excitación me dijo:

-Muy bien cabrón, has hecho tu trabajo muy bien, me estás poniendo a tu esposa en bandeja y no voy a dejar pasar por alto esta ocasión. Voy a follarme a tu linda mujercita. Quien lo iba a decir, tan altiva con sus aires de suficiencia, mirando siempre por encima del hombro, y en realidad desea que su viejo vecino se la folle, la trate como a una zorra, y le dé todo lo que su maridito es incapaz de darle. Ahora tenemos que buscar la ocasión propicia para que la pueda montar.

-El sábado que viene tenemos una boda de unos conocidos, dije totalmente sumiso.

-Fantástico, es la perfecta ocasión, escucha mi plan dijo Oscar.

Y con mucha atención, totalmente empalmado le escuché.

Llegó el sábado, mi excitación durante toda la semana fue tremenda y mis masturbaciones pensando en que mi viejo vecino pudiese follarse a mi mujer cada vez más frecuentes.

Alba fue a la peluquería, volvió preciosa con su pelo recogido y comenzó a prepararse maquillándose con mucho cuidado. Para la ocasión me enseñó bastantes vestidos, pero finalmente pude convencerla que se pusiese un vestido azul, bastante escotado, con falda larga pero con abertura que dejaba ver bastante su muslo derecho y unos pantys de color carne. Realmente estaba preciosa y sobre todo muy deseable.

-Si me viese nuestro vecinito Oscar seguro que se pondría cachondo, dijo Alba riéndose con coquetería.

-Seguro que te follaba en nuestra propia cama, contesté.

-¿Te gustaría ver cómo me folla Oscar?, dijo mi mujer.

Me abalancé sobre Alba con la intención de follármela allí mismo, pero ella se retiro y dándome un piquito comentó, no podemos llegar tarde amor.

El día se me hizo eterno, estuve empalmado y preso de la excitación, sobre todo cuando veía como mi esposa bailaba con otros invitados y la abrazaban durante el baile, alguno incluso bajó su mano más de la cuenta acariciando el culo de Alba pero en absoluto me importó. Como parte del plan procuré que mi esposa bebiese más de la cuenta, no tolera mucho el alcohol, pero el champán hace que su lívido se dispare.

A eso de la una de la mañana convencí a mi mujer para que nos fuésemos. Con la excusa de ir al servicio llamé a Oscar. Mi viejo vecino nos esperaría en el portal de casa.

Durante el trayecto de vuelta a casa no paré de acariciar a mi esposa, introduje mi mano por la abertura de su falda, magreé sus muslos a conciencia y posé mi mano sobre su coño cubierto por el tanga y los pantys. Alba estaba totalmente empapada.

Paré el coche con la intención de continuar con mis caricias, pero Alba dijo:

-Aquí no impaciente, espera que lleguemos a casa.

Fruto del champán y mis caricias mi mujer estaba realmente muy caliente y excitada. Aparqué el coche y entramos en el portal, accioné el botón del elevador mientras nos besábamos y acariciábamos como dos novios. De repente se escuchó una voz.

-Hola parejita.

-Hola Oscar contesté.

-Buenas noches Oscar dijo mi esposa.

-Estas realmente preciosa Albita dijo mi viejo vecino.

-Gracias tartamudeó mi mujer mientras se ruborizaba.

-Ese vestido realza tus piernas y muslos, y ese escote hace que casi se te vean esas preciosas tetas. He tenido la oportunidad de verlas cuando haces topless en tu terraza.

Hace un par de meses yo le hubiese dado un par de hos.. a Oscar y Alba le hubiese dicho cuatro cosas al indeseable de mi vecino, pero esa noche mi esposa bajo la mirada mientras yo noté como mi polla empezaba a empalmarse. En ese instante el ascensor llegó. Entramos los tres y Oscar se pegó a la espalda de mi mujer.

Yo no hice nada, me limité a observar. Oscar seguía alabando la belleza de mi esposa mientras de forma descarada el degenerado de mi vecino apoyaba su bulto contra el culo de mi mujercita.

Alba no dijo nada, me miró y yo no supe que decir. Oscar empezó a refregar su paquete contra el culo de mi esposa. Envalentonado por nuestra pasividad las manos de Oscar se posaron en la cintura de Alba. Una de sus manazas fue descendiendo hasta la abertura de su falda sin que mi esposa hiciese nada. Envalentonado por nuestra pasividad, Oscar abrió un poco la abertura de la falda  y posó su mano en el muslo de mi mujer. Alba no dijo nada, yo tampoco.

La manaza de Oscar subió por el muslo de mi esposa hasta desaparecer de mi vista, por sus movimientos noté que pugnaba por introducirse dentro de los pantys y tanga de mi mujercita. La otra manaza se deslizó por debajo de la axila de Alba atrapando uno de sus pechos. Alba empezó a gemir mientras yo comencé a apretarme mi paquete por encima del pantalón.

-¿Te gusta Albita?.

-Mi esposa no dijo nada pero un gemido salió de sus labios.

-Estas totalmente empapada zorrita.

En ese instante Oscar giró con su mano la cabeza de mi esposa y le propinó un gran morreo. Alba se giró y correspondió su beso. Yo no perdía detalle, mi degenerado vecino estaba con una mano debajo de la falda de mi esposa masturbándola, con la otra sobando las tetas de mi esposa, mientras se besaba con ella introduciendo su lengua y babas en la boca de mi mujer.

-Voy a follarte como la puta caliente que eres dijo Oscar.

En ese instante el ascensor llegó a nuestro piso, salimos los tres, yo detrás viendo como mi viejo y degenerado vecino metía mano a mi esposa apretando sus nalgas con fuerza. Alba no paraba de gemir y jadear.

-Abre la puerta cabrón de mierda me dijo Oscar.

Abrí y pasamos. Oscar nuevamente se abalanzó sobre mi esposa, la besó y abrazó con frenesí. Sus manos sobaban el cuerpo de Alba, sus tetas, su culo. Oscar separó las piernas de mi esposa e introdujo nuevamente su manaza debajo de la falda de mi mujercita, llegando sin ningún problema hasta su empapado coño.

-Vamos a vuestro dormitorio dijo Oscar, voy a follarte Alba en vuestra cama de matrimonio mientras hacemos al cabrón de tu marido un verdadero cornudo. Quiero que me pidas que te folle Alba, pídemelo zorra.

Alba no contestó, gemía y jadeaba como una perra.

-Pídemelo, suplica puta insistió mi degenerado vecino.

Alba seguía sin contestar.

-Zorra suplica que te folle volvió a insistir Oscar, mientras continuaba masturbando a mi mujercita.

-Fóllame Oscar, fóllame y móntame como a una yegua.

Oscar se rio. Vaya, vaya, cornudito mira lo que tenemos aquí, una verdadera putita deseosa de que alguien le de lo que su maridito no le da. Tu Albita, tan arrogante, siempre con tus aires de superioridad y grandeza, siempre tratándome como a un degenerado y viejo verde y ahora suplicas que te folle como a una vulgar ramera. Mira lo que tengo para ti, putita.

Oscar cogió la mano de mi esposa y la restregó contra su enorme bulto. Mi vecino desabrochó los botones de su pantalón e introdujo la mano de mi mujer dentro de su bulto.

-¿Esta dura y gorda verdad?, inquirió mi despreciable vecino.

-Si contestó mi mujer totalmente fuera de sí estampando un impresionante morreo a Oscar.

-Es más grande y dura que la del cabrón de tu esposo dijo Oscar.

-Sí es la verga más grande que he tenido en mis manos contestó totalmente excitada y entregada Alba, mucho más que la de mi esposo.

En ese instante, Alba se arrodilló delante de mi detestable vecino e hizo ademán de mamar la verga de Oscar.

-Quieta ramera, te comerás mi verga cuando yo te lo diga, y dirigiéndose a mí me dijo, llévame a vuestro dormitorio cornudo cabrón, esto hay que celebrarlo.

Los tres entramos en nuestra habitación, Oscar sabía lo que se hacía y como humillarme si cabe aún más. Oscar se sentó en un butacón, metió una de sus enormes manazas debajo de sus calzoncillos para masturbarse y empezó a darme órdenes:

-Desnuda a tu esposa para mí.

Quité los zapatos de tacón que llevaba puestos mi mujer, me puse detrás de ella y baje la cremallera de su vestido azul mientras mi mujer estaba totalmente pasiva. El vestido cayó a sus pies y lo eché a un lado. Alba se quedó semidesnuda delante de mi vecino, tan solo cubierta por sus pantys color carne, su tanga negra de encaje y su sujetador a juego.

-Oscar se rió. Estás totalmente empalmada, eres una vulgar ramera, dijo.

Era cierto, una gran mancha de flujo manchaba el tanga y los pantys de mi esposa.

-Quítala el sujetador cornudo, ordenó Oscar.

Obedientemente, desabroché el sujetador de Alba. Sus pechos quedaron al aire sin ningún pudor, mientras Oscar rugía de placer.

-Que tetas tienes Albita dijo, que suerte tiene el marica de tu esposo.

A cada insulto, a cada humillación por parte de Oscar mi verga crecía más y más empapando mi boxer.

-Quítala los pantys exigió Oscar.

Como un autómata baje los pantys de Alba.

-Quítala el tanga y tráemelo de rodillas con la boca perro, me ordenó mi detestable vecino.

Alba quedó totalmente desnuda ante el degenerado. De rodillas y con la boca sumisamente llevé el tanga de mi mujer y se lo entregué al macho. Oscar lo olió y lamió.

-Huele y sabe a ramera, dijo con gran satisfacción. Alba, túmbate en vuestra cama de matrimonio.

Alba se tumbó boca arriba en nuestra cama nupcial. Oscar se desnudó, su enorme pollón quedó a la vista. Sus veinte centímetros iban a penetrar la intimidad de mi esposa.

Oscar me ordenó sentarme al lado de Alba. Mi vecino se acercó y dijo:

-Cornudo quiero que cojas mi mano con la tuya y hagas que magreé a tu esposa.

Obedientemente cogí la manaza de Oscar, la puse en los tobillos de Alba y comencé a subirla por el cuerpo de mi adorable mujercita. La mano de Oscar guiada por mí sobó las piernas y muslos de Alba, luego sus nalgas y finalmente subieron por el vientre de mi mujer para agarrar alternativamente las tetas de mi esposa.

Una mueca desencajada de satisfacción cubría el rostro de mi odioso vecino.

-Que tetas tienes puta, que pezones y yo tu asqueroso vecino te las está ordeñando mientras el cornudín me ayuda dijo Oscar humillándome con sus palabras y risotadas.

-Vas a comerme mi verga, me la vas a poner muy dura para que pueda follarme a tu linda mujercita, cerdo me dijo Oscar.

Me arrodillé delante del macho, Oscar me miraba mientras continuaba magreando a Alba y ordenó a mi esposa que se masturbase.

-Hazte un dedo zorra mientras el marica de tu esposo me la chupa y pone bien dura para que pueda follarte, exigió mi detestable vecino.

Alba introdujo dos de sus dedos en su empapado coño y empezó a suspirar y gemir como una verdadera putita.

Arrodillado delante del macho que iba a follarse a mi esposa, abrí la boca con la intención de comer ese pedazo de carne. Oscar no me dejaba tragarme su verga, se reía de mí, finalmente empezó a darme pollazos en la cara mientras se carcajeaba.

-Que maricón es tu marido, quiere comerse mi verga como si le fuese la vida en ello dijo Oscar.

Finalmente, mi vecino me agarró de la cabeza y de una fuerte embestida metió su pedazo de carne en mi boca. No podía respirar y tuve grandes arcadas. Como un perro lamí la verga de Oscar y acaricié sus grandes cojones durante un buen rato.

-Para ya perra me dijo mi vecino, mi leche no es para ti sino para la zorra de tu esposa, abre las piernas de Alba.

Presuroso me levanté, Alba casi estaba a punto de correrse con el dedo que se estaba haciendo, abrí sus piernas y permití que el macho se pusiese encima de ella.

-Coge mi verga, tu mismo, cornudo cabrón, vas a ser quien metas mi polla en el coño de tu esposa, ordenó Oscar.

No podía más, cogí la verga de Oscar y lentamente la introduje en el coño de Alba, el glande del pollón de Oscar se abrió paso por los labios vaginales de coño de mi mujer. Luego su tronco poco a poco entró en el sexo de Alba hasta que los cojones de Oscar chocaron con la entrepierna de mi esposa. En ese instante y sin llegar a tocarme me corrí como un cerdo manchando mi ropa interior.

Alba jadeaba de gusto, yo volví a cascármela como un mono. Oscar estaba fuera de sí con un metesaca brutal:

-Toma ramera de mierda, puta, a partir de ahora esta es la verga que te va a follar cuando quiera, dijo Oscar.

-Si soy tu perra y tu mi macho, dijo Alba exhalando suspiros de placer.

-Que prieta estás zorra, tu maridito es un pichafloja que no sabe follarte, díselo dijo Oscar, llámale cornudo.

-Eres un cornudo pichafloja, nunca has sabido follarme, ha tenido que ser este viejo verde y degenerado quien me folle como un verdadero hombre y no tú, dijo mi mujer.

En ese instante Alba y yo nos corrimos, mi leche terminó de manchar mi pulcro traje, mi esposa totalmente abierta de piernas para su macho se arqueó y las cerró contra la espalda de su macho. Oscar por su parte continuaba follándose a mi mujercita, mientras por mi parte empecé a comerle el culo y los huevos a ese ser despreciable pero que tanto placer no estaba proporcionando.

-Voy a correrme, no aguanto más, dijo Oscar.

– ¿Dónde quieres que me corra?, me preguntó Oscar humillándome hasta límites por mí desconocidos, dime ¿Dónde quieres que me corra?.

-Córrete dentro dijo mi esposa, le dije.

-Suplícame que la embarace, me ordenó.

-Préñala como los perros preñan a las perras, grite fuera de mí.

Con un rugido triunfal, Oscar se corrió dentro de la intimidad de mi mujer, muchos trallazos de leche inundaron el coño de Alba, Oscar siguió dentro de mi mujer durante un rato más vaciando su semen en ella hasta que totalmente extenuado sacó su enorme pollón del coño de Alba. La leche salía del coño de mi esposa manchando su sexo, su entrepierna, su culo y las sábanas de nuestra cama de matrimonio.

Oscar me tiró sobre la cama y ordenó: perro cornudo, quiero que dejes bien limpio el coño de esa puta. Mi esposa abrió sus piernas y pude ver su coño bien abierto y mojado, introduje mi lengua en el sexo de Alba, lamí la leche de mi vecino, limpié el coño, los muslos y el ano de mi esposa a conciencia.

-Muy bien perrito me dijo mi detestable vecino, y poniendo su verga a la altura de mi cara me ordenó dejársela totalmente limpia, la lamí y chupé, succioné y limpié con todo esmero.

Desde aquel instante nuestra vida cambió pero eso es otra historia.

Autor: capata

 

 

PARTE 4:

Después de aquella noche nuestra vida cambió. Aparentemente, y de cara al exterior seguíamos siendo un matrimonio normal y corriente, nuestras familias y amistades nunca sospecharon nada, pero de puertas hacia dentro la situación era bien diferente.

Oscar, mi viejo y detestable vecino, aprovechando nuestra pasividad, se apropió de nuestras vidas. Follaba a mi querida esposa Alba cuando y donde quería, la trataba y hablaba como a una zorra y a mí como un cornudo pichafloja, mientras nuestra degradación iba en aumento.

Tuvimos que facilitar a mi despreciable vecino una copia de las llaves de nuestro hogar, las claves de nuestros móviles y de las cuentas de correo electrónico, tanto las particulares como las de nuestros trabajos, y de nuestras redes sociales.

Oscar obligó a mi esposa a dejar de tomar la píldora y el hecho de saber que Alba pudiese quedar embarazada de ese maldito viejo no hacía sino incrementar mi excitación. Oscar no me dejaba tocar a mi esposa, Alba era de su única y exclusiva propiedad, eso sí me dejaba masturbarme mientras contemplaba, día tras día, como se follaba a mi mujer por todos sus agujeros en todas las habitaciones de nuestra casa, pero sobre todo en nuestra cama de matrimonio.

Siempre que volvíamos de nuestros trabajos nos esperaba Oscar, nuestra primera tarea consistía en desnudarnos para que mi viejo vecino pudiese follarse a mi esposa cuando quisiera.

Me he planteado en muchas ocasiones cuanto tiempo podría durar esta situación, llegué a tomar la decisión de cortar todo esto, pero al ver como mi querida esposa era follada repetidamente por aquel viejo asqueroso, y como disfrutaba Alba de su enorme verga, así como del goce de mis masturbaciones al contemplar tal espectáculo, hizo que no tomase la decisión que un verdadero hombre hubiese tomado

Recuerdo especialmente una noche, era viernes, y volvimos a casa después de hacer la compra semanal. Entramos y para nuestra sorpresa Oscar no estaba. Respiramos tranquilos, lo cierto es que nuestro vecino no había dado señales de vida durante toda la semana. Guardamos la compra pero al poco rato se escuchó la llave de la cerradura y Oscar apareció delante de nosotros.

Oscar: ¿Qué tal parejita?, hola pichafloja, hola putita estás preciosa con ese traje.

– Hola acertamos a contestar.

Lo cierto es que mi mujer estaba más guapa que nunca, con una falda ceñida hasta media rodilla que resaltaba las nalgas de Alba, una blusa blanca que dejaba entrever su sujetador de encaje blanco y su melena recogida en una coleta.

Oscar: os preguntaréis donde he estado esta semana, quizás cornudo hayas pensado que me he cansado de follar a tu dulce mujercita, pero no es así. Todo lo contrario, he estado preparando una sorpresa, en especial para ti Alba espero que la disfrutes. Y diciendo esto, Oscar se encaminó hasta la puerta de entrada y la abrió. Al poco un hombre de unos treinta y cinco años, barrigudo y calvo, pero de porte elegante e impecablemente vestido de traje, entró en nuestro salón.

-Miguel Angel, ¿Qué haces aquí?, exclamo mi mujer.

Nos quedamos pálidos.

-Hola parejita, o debo decir Alba la puta y Alfredo el cabrón del cornudo.

Los hechos se desbordaron en mi cabeza, conocí a Miguel Angel en una cena del trabajo de mi esposa. Era y es un ejecutivo muy eficiente, compitió con Alba por un ascenso a un puesto de adjunto a gerencia que finalmente consiguió mi mujer. Desde ese mismo instante, Miguel Angel trató de hacer la vida imposible a mi esposa pero Alba consiguió imponer su autoridad, se le llamó la atención por parte del gerente, y fue relegado a tareas de administración.

-Te sorprende que esté aquí verdad preciosa, dijo Miguel Angel intentando acariciar la cara de mi esposa mientras en su rostro se reflejaba una mueca de desprecio.

-Estate quieto grité.

-Cállate cabrón dijo, ¿quieres saber lo que hago aquí?, pues te lo voy a contar.

Tienes una esposa que es una preciosidad y muy eficiente en su trabajo. Por su culpa perdí un ascenso en la empresa por el que estuve luchando durante años. Alba entró de nueva a trabajar y en seis meses le dieron el puesto que debía ser mío.

-Y desde entonces has intentado hacerme la vida imposible, dijo mi mujer.

-Si puta, dijo Miguel Angel, y no lo he conseguido, pese a que lo he intentado en muchas ocasiones. Me he intentado vengar por lo que me hiciste pero tu influencia en el jefe lo que ha conseguido es degradarme y apartarme de su lado. He intentado vengarme de ti, y cuando ya no tenía esperanza ha surgido la posibilidad.

-Debo decir que aquí yo tengo algo que ver dijo Oscar riéndose.

-¿Tú?, dije yo.

-Verás contestó Oscar. He leído los correos electrónicos del trabajo de Alba, me llamó especialmente la atención los problemillas de Miguel Angel con Albita, así que le envié un correo a Miguel Angel con unas fotos y vídeos, digamos que muy sugerentes, de la zorra de tu esposa. A los pocos minutos tu amiguito contactó conmigo, quedamos y me contó su historia, por cierto muy enternecedora, y yo le conté la nuestra.

-Eres un hijo de puta le gritó Alba a Oscar.

-Y tu una zorra barata que se deja follar por un viejo ya que el cornudo pichafloja de su marido no sabe darle lo que necesitas.

Una gran carcajada resonó en el salón. Me volví y era Miguel Angel. Pues bien Alba, tengo ahora la ocasión de desquitarme de todo lo que me has hecho y tengo dos posibilidades, una puedo subir a Internet las fotos que me ha entregado Oscar, o bien, puedo follarte aquí mismo en presencia de mi buen amigo Oscar y del hijo puta de tu esposo. Lo cierto es que prefiero la segunda opción zorra, tienes unas tetas y un culo precioso que me muero por romper, no sabes cuantas pajas me he hecho pensando en que te follaba, que te ordeñaba las tetas y finalmente me corría dentro de ti.

-Eres un cerdo, dijo Alba.

-Si soy el cerdo que va a follarte ahora mismo.

Al oír esas palabras tuve una enorme erección. Acto seguido Miguel Angel se dirigió a Alba e intentó besarla en la boca. Mi esposa retiró la cara y Miguel Angel hizo ademán de propinar un bofetón a mi esposa.

-Quieto, le dijo Oscar a Miguel Angel y dirigiéndose a Alba dijo: en tus manos está putita, o te folla Miguel Angel o subimos a la red tus fotitos, tú eliges, ¿Qué respondes?.

Alba no contestó.

-¿Qué respondes zorra?, repitió Miguel Angel.

Ante nuestra pasividad, Miguel Angel se dirigió a Alba, la agarró por la cabeza y la pegó un soberano morreo, forzó a mi esposa a abrir la boca y sus lenguas y babas se entrecruzaron. Una mano de Miguel Angel desabotonó la blusa de mi esposa y se introdujo en el interior de su sujetador acariciando los pechos de Alba.

-Creo que todos estaremos más cómodos en el dormitorio dijo Oscar.

-Tienes razón dijo Miguel Angel y cogiendo de la mano a mi esposa se dirigieron a nuestra habitación.

-¿Qué hacemos con el cornudo? dijo Miguel Angel.

-En tus manos está querido Miguel Angel, ahora mandas tú, dijo Oscar.

-Que venga, quiero que vea como el rival y enemigo de su esposa se va a follar a su linda mujercita, venga cabrón vamos.

Me levanté y los cuatro nos dirigimos al dormitorio. Pero si está totalmente empalmado el cabrón dijo Miguel Angel. Era cierto mi erección era tremenda y mis fluidos manchaban mis pantalones.

Entramos en nuestro dormitorio y Miguel Angel ordenó a mi esposa que se desnudase muy lentamente. Miguel Angel se bajó sus pantalones y el boxer dejando al aire una verga de unos dieciocho centímetros, gruesa muy gruesa, y comenzó a masturbarse, muy despacio con deleite, contemplando a mi esposa.

Alba sin pronunciar palabra bajó la cremallera de su falda, la cual, cayó a sus pies. Retira la falda cabrón de mierda me dijo Miguel Angel. Tiré la falda a un lado.

-Acércate ordeno Miguel Angel a mi esposa, quiero verte bien de cerca.

Alba se acercó a Miguel Angel. Con una de sus manos se masturbaba su enorme verga y con la otra empezó a sobar los muslos de mi esposa.

-Que buena estás cacho zorra, que suerte ha tenido el mierda de tu marido y el viejo de tu vecino.

La mano de Miguel Angel se posó sobre el tanga de Alba y una par de dedos se introdujeron en su interior.

-Está empapada la muy zorra exclamó, sacando los dedos y llevándoselos a la boca. Que bien saben puta y acto seguido le dio la vuelta a mi mujer.

El culo de Alba quedó a la altura de la cara de Miguel Angel, sus poderosas manos agarraron las nalgas de mi mujer con fuerza. Separó el hilo dental y abriendo los cachetes del culo lamió la raja de mi esposa de arriba abajo. Alba dejó escapar un suspiro de placer.

-¿Te gusta zorra?, dijo Miguel Angel.

Alba no contestó.

-¿Te gusta puta?, volvió a decir, y acto seguido tras dar una tremenda nalgada a mi mujer metió su mano por la entrepierna de Alba e introdujo dos dedos por debajo del tanga acariciando su hinchado clítoris.

Yo contemplaba la escena totalmente extasiado, Oscar se me acercó y me ordenó: mastúrbate cornudo asqueroso, disfruta como solo pueden hacerlo los palilleros, menéatela mientras contemplas como un verdadero macho se folla a tu linda mujercita; y obedeciendo sus órdenes procedí a bajarme el pantalón y a meneármela.

Alba gemía como una verdadera perra en celo, mientras Miguel Angel continuaba pajeándola con deleite. Oscar se acercó a Alba y procedió a quitar su blusa y el sujetador.

-¿Te gusta ver como otros hombre meten mano a tu esposa y se la follan?, me dijo Oscar.

-Sí, contesté mientras incrementaba el ritmo frenético de mi masturbación.

-Que cabrón de cornudo dijo Miguel Angel entre grandes risotadas, el rival de su mujer la está masturbando y él ahí con su pollita en la mano pajeándose. ¿Quieres que me folle a Alba?, contesta cornudo.

-Si por favor, fóllate a mi esposa Miguel Angel, acerté a decir.

-Y tu Alba, mi jefa y superior en la empresa, ¿quieres que te folle?.

-Sí, respondió entre gemidos de placer.

-¿Si qué?, zorra, ¿Qué quieres que te haga?.

-Fóllame cabrón, fóllame y hazme tuyo.

En ese mismo instante Alba tuvo un tremendo orgasmo, apretó sus muslos con fuerza aprisionando las manos de Miguel Angel, mientras se corría entre grandes espasmos.

-Se ha corrido en mi mano cornudo pichafloja me dijo Miguel Angel, y en ese mismo instante tres grandes chorros de leche salieron disparados de mi polla.

Mientras tanto Oscar sentado en un butacón había grabado con su cámara toda la escena mientras fumaba un pitillo.

-Quítale a tu esposa el tanga, cabrón y túmbala en la cama, me ordenó Miguel Angel.

Sumisamente bajé el tanga de mi esposa, y sin saber por qué se lo entregué a Oscar, el cual, lo olió y comenzó a masturbarse con él. Acto seguido cogí a mi mujer de la mano y la tumbé sobre la cama.

-Eso está muy bien cornudo, abre las piernas de tu linda esposa, dijo Miguel Angel.

Sumisamente abrí las piernas de mi mujer para el macho que se la iba a follar, dejando a su vista todas sus intimidades. Contemplé la cara de Alba, sus ojos estaban entrecerrados, su rostro reflejaba lujuria y sexo.

Miguel Angel completamente desnudo y con una erección descomunal, mirándome con cara de total y absoluto desprecio, me dijo: quítale la alianza a tu esposa.

Sin comprender nada se la quité. Dame la tuya me ordenó, y dócilmente se la entregué.

-¿Qué te propones? Le preguntó Oscar a Miguel Angel.

Sin decir nada, Miguel Angel empezó a acariciar el cuerpo de Alba con nuestras alianzas. Primero sus pies para ascender por sus muslos, sus nalgas y su espalda, su cara, sus pechos, areolas y pezones. Alba no paraba de gemir y jadear, el frío contacto del oro en su cuerpo hacía que se arquease de placer. Miguel Angel con una mueca desencajada de gozo en su rostro introdujo los anillos en el coño empapado de mi esposa y empezó a masturbarla nuevamente.

-¿Qué sientes Alba?, preguntó Miguel Angel a mi esposa.

-Placer contestó ella totalmente entregada a sus caricias.

-¿Quieres que te penetre?, dijo su rival en la empresa.

-Si fóllame te lo suplico, contesto.

Grandes carcajadas salieron de la boca de Miguel Angel. Maldita perra, me has puteado en el trabajo, me has hecho la vida imposible y te tengo aquí completamente desnuda suplicando que te folle, que te de lo que el cornudo pichafloja de tu esposo no sabe darte. Voy a follarte Alba, pero todavía no, tendrás que esperar.

-Eres todo un cabrón le dijo Oscar a Miguel Angel mientras se pajeaba, te lo dije ella es una verdadera puta y él es un cornudo de mierda, fóllatela, y dirigiéndose a mí me dijo: y tu cornudito ya sabes a pajearte.

Miguel Angel tiró con despreció nuestras alianzas, bajo a su cabeza hasta los pies de Alba y sacando su asquerosa lengua empezó a lamer el cuerpo de mi deseable esposa, sus pies, sus tobillos, sus muslos y culo, su cara, sus pechos y pezones bajando a su vientre y finalmente su coño.

Alba no paraba de gemir y gritar, y cuando la experta lengua de Miguel Angel toqueteó sabiamente su clítoris mi esposa alcanzó un segundo y profundo orgasmo estallando entre jadeos y gritos de placer.

Miguel Angel alzó las piernas de Alba, la abrió totalmente, su enorme pollón estaba a escasos centímetros de los labios vaginales de mi esposa. Me acerqué como un verdadero cornudo dispuesto a no perderse el espectáculo de ver a su esposa follada por un verdadero macho. Agarré las nalgas de Miguel Angel y empujando despacio hice que la enorme verga del rival y enemigo de mi esposa fuese penetrando a mi amada mujer.

Primero entró el glande entre los suspiros de Alba, y luego el tronco hasta que los huevos de Miguel Angel chocaron con la entrepierna de mi esposa. Miguel Angel propinó a mi esposa una tremenda follada, el mete saca era brutal.

Yo contemplaba la escena totalmente fuera de mí, estaba viendo como la enorme verga del rival de mi esposa la taladraba una y otra vez sin que hiciese nada por evitarlo. Una voz, era Oscar, susurró a mi oído: estás deseando cascártela, ¿verdad?.

-Si dije con voz débil.

-Hazlo y compórtate como un verdadero cornudo, menéatela.

Siguiendo las órdenes de mi despreciable vecino comencé a masturbarme como un pajillero en celo.

-Lame el culo y los huevos del macho que se está follando a tu mujer mientras te sigues masturbándome, ordenó autoritariamente Oscar.

Sumisamente me acerqué, Miguel Angel continuaba follándose a mi mujercita, Alba gemía y jadeaba de gusto, el culo y los huevos de Miguel Angel quedaron a escasos centímetros de mi cara, saqué mi lengua y lamí la raja del culo y los enormes testículos llenos de leche del macho que se estaba follando sin piedad a mi esposa.

Me corrí como un cerdo nuevamente. Pasado un rato Alba tuvo un nuevo orgasmo, más largo y profundo que todos los anteriores, su coño destilaba grandes cantidades de flujo consecuencia de la tremenda follada y placer que le estaba dando Miguel Angel.

Éste seguía dando fuertes pollazos a mi esposa, pasado un rato gritó que estaba a punto de correrse. Córrete sobre su cuerpo gritó Oscar, córrete sobre ella.

Miguel Angel descabalgó a mi esposa y meneando su enorme verga se corrió entre grandes gritos sobre las tetas de Alba.

-Toma leche caliente, maldita zorra, gritó casi al borde de la locura, y cinco o seis enormes trallazos de leche salpicaron y mancharon los pechos de mi esposa.

Miguel Angel quedó exhausto, Oscar por su parte seguía masturbándose, se acercó a Alba puso su verga a la altura de su boca. Mi esposa cogió el tremendo pollón de mi despreciable vecino y se lo introdujo en su boca. Lamió su glande, su tronco y sus huevos, se tragó todo su líquido preseminal.

Oscar no aguantó mucho y gritándome me dijo: mira cornudo de mierda me corro sobre la cara de tu esposa, y grandes y potentes chorros de lefa mancharon la cara y el pelo de Alba.

Todos quedamos exhaustos después de la tremenda follada que Miguel Angel, el rival y enemigo de mi esposa en la empresa, le había dado a mi esposa.

Sin tiempo a limpiarnos Oscar se dirigió a mí y me dijo: tu cornudito con tus propias manos vas a extender por el cuerpo de tu esposa la leche de sus machos. Mi humillación era tremenda, con mis propias manos unté el cuerpo de mi mujer con la leche de los dos hombres que tanto placer la habían proporcionado.

Cuando pensaba que mi humillación no podía ser más grande, Oscar me ordenó que lamiese la lefa que había extendido con mis propias manos sobre el cuerpo de mi mujer.

Los dos machos se reían a grandes carcajadas viendo mi humillación. El rostro de Alba reflejaba una mirada de lujuria que nunca había visto, pero lo que más me atemorizó fueron sus palabras.

-Chicos veis que maridito tengo, no le importa que varios hombres se follen a su esposa. Eres un cornudo pichafloja que nunca has sabido darme lo que una mujer necesita. Tiene que ser tu viejo y odioso vecino y mi rival y enemigo en la empresa quienes me den lo que realmente necesito.

Aquel fin de semana Oscar y Miguel Angel se follaron a mi esposa muchas veces, los dos a la vez, en nuestra cama de matrimonio, en la cocina, en todas las dependencias de casa. No sé cuántas veces me masturbé, pero recuerdo especialmente cuando primero Miguel Angel y luego Oscar se corrieron dentro de mi esposa, ya que Alba por orden de Oscar había dejado de tomar la píldora …….

Un saludo y disculpar la extensión

Autor: capata

 

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