Relato cornudo: El estornudo del cornudo.

Hace bastante tiempo escribí unos relatos que son casi totalmente ciertos. Agregué algunas cositas que me parecían excitantes y me hubiera gustado que pasaran, pero esta vez el relato es totalmente real. El título no es el que más le agrada a mi marido, ya que dice (con razón) que cornudo es aquel que no sabe del amante de su esposa, mientras que él no sólo lo sabe sino que además lo disfruta. Pero así hemos nombrado el episodio los tres, tal vez por la rima, pero principalmente porque todo se desencadenó con un estornudo.

Con permiso de mi marido, hace tiempo que tengo un amante, con el que nos encontramos bastante seguido. Él no sabe del permiso, así que supone que mi marido no está al tanto de la situación. Sin embargo, cada vez que vuelvo de un encuentro con él (llamaremos Pedro, como el del primer relato) le cuento a mi marido cada detalle. Desde la cena hasta el beso de despedida. Mientras tanto, lo masturbo, y siempre (por la excitación que le provoca) termina llenándome la boca.

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Relato cornudo: Por el bien de la empresa.

Sandra y su marido Alberto tienen una empresa en Santander dedicada a la fabricación de complementos de moda. Con la crisis, el negocio iba cuesta abajo ya que los pedidos habían caído drásticamente. Cuando ya estaban a punto de tirar la toalla, un cliente se puso en contacto con ellos para negociar un pedido que podría ser su salvación. Varias semanas después, quedaban los últimos flecos de la negociación, el cliente solicitó visitar las instalaciones de la fábrica y si le gustaba lo que veía, firmaría el contrato. Ya daban por seguro que conseguirían el pedido.

Después de la visita fueron a un restaurante y durante la comida empezaron a charlar sobre los flecos, ya casi al final, Sandra sintió que un pie desnudo tocaba sus piernas. Ella intentó apartar la pierna, pero el pie seguía subiendo hasta que se metió entre sus muslos. Miró a su marido por si se daba cuenta de algo, pero él estaba charlando amigablemente con Luis, sin percatarse de nada. Sandra metió la mano debajo del mantel, y agarro el pie para que no subiera más. El la miro y la sonrió. Continuar leyendo “Relato cornudo: Por el bien de la empresa.”