Relato cornudo: Todo queda en casa 2.

Sigo contando la historia de mi amigo Manuel, para aclarar si su mujer le pone cuernos o no.

Como quería saber lo que pasaba prepare un plan, diciéndole a Lucia que el fin de semana estaría fuera desde el viernes por la mañana, hasta el domingo por la tarde que volviese de una convención de trabajo. Para eso alquile una habitación en un hotel cercano a nuestra urbanización y así estar cerca de nuestra casa.

Ella me dijo que fuera tranquilo pues no estaría sola y aburrida, ya que con las tareas de la casa y cuidar de mi tío, ya estaría bastante entretenida. Pero no sabía ella que era eso precisamente lo que me preocupaba, que estuviera cerca de mi tío Lorenzo.

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Relato cornudo: Todo queda en casa 1.

Esta es la historia, de como por portarte bien con la familia y jugar a cuernos, te los pueden poner de verdad.

En este relato voy a contar la historia de Manuel, un compañero de trabajo que tras mucho tiempo juntos compartiendo la misma oficina, se ha convertido en un amigo intimo con quien comparto las alegrías y las penas, lo mismo que hace el conmigo. Manuel es un hombre alto y bien parecido de 37 años, que lleva casado con Lucia su mujer ocho años ya, tiempo en el que han disfrutado de la vida en común, sin haber tenido hijos todavía, por lo que les permitía llevar una vida intima en cuanto al sexo, bastante buena.

Como decía nos hemos llegado a entender tan bien, que incluso en fiestas o comidas de empresa, cuando habíamos bebido varias copas, nos contábamos las intimidades de alcoba con nuestras mujeres, los detalles que mas nos gustaban de sus cuerpos, incluso como había sido el polvo de la noche anterior con nuestra mujer.

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Relato cornudo: El elegido.

¿Qué hacer si tu marido te pide ser un cornudo? Esto fue lo que hice yo.          

Hola, mi nombre es Patricia. Tengo 33 años, castaña, 1’68, ni gorda ni delgada, y con unos bonitos pechos. Estoy casada desde hace casi 5 años con Ramón. Nuestra vida sexual es bastante satisfactoria, pero cada vez que caemos en la rutina buscamos cosas nuevas que nos seduzcan y nos den morbo. Hemos pasado por los disfraces, hacerlo al aire libre, encontrarnos en una discoteca como dos desconocidos,… La última propuesta de Ramón me sorprendió. Quería ser un cornudo, quería verme hacerlo con un desconocido. Quería poner un anuncio, seleccionar candidatos y que yo disfrutara del encuentro mientras el miraba. La idea me sedujo, por supuesto, no puedo negarlo, pero no quise admitirlo delante de él. Me hice la ofendida, no por hacerlo sufrir o sentirse culpable, sino más bien por lo contrario. Quería que estuviese completamente seguro de que era eso lo que tanto deseaba. El tiempo paso, pero de vez en cuando mientras lo hacíamos, sacaba el tema de conversación, intentando ver mis reacciones. Yo veía que no se iba a echar atrás, así que cada vez iba abriendo la puerta a que eso ocurriera. Le iba proponiendo condiciones.

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