Relato cornudo: Mi puta, su mujer. Parte 1.

Me llamo Pedro, trabajo en una multinacional donde después de varios años de esfuerzo conseguí ocupar un puesto directivo, el cual llevo desempeñando desde hace 5 años, y en el que dependía directamente del Director General, un viejo aburrido de todo y que sólo pensaba en su dorada jubilación. Actualmente estoy soltero y no tengo novia fija, pero no me faltan amigas con las que divertirme.

Finalmente, a principios del pasado mes de mayo nos anunció que el próximo mes de septiembre se jubilaba y que el Consejo de Administración había delegado en él la decisión de elegir a su sucesor, si bien esa decisión debía estar aprobada por el propio Consejo.

Después de una serie de entrevistas y valoración de las aptitudes y rendimiento de cada uno, la decisión se centraba entre César, un compañero también con puesto de Dirección y yo. César tiene 43 años llevaba esperando y luchando por este puesto desde hace mucho tiempo, y desde luego no tenía intención de permitir que un niñato, pues así me consideraba, de 33 años le “robara” el puesto que él se merecía, según sus argumentos.

La relación entre César y yo nunca había sido especialmente buena, principalmente debido a un par de enfrentamientos por cuestiones laborales en las que no compartíamos la misma opinión. Nuestro último enfrentamiento vino por la decisión del Consejo, el pasado mes de abril, de aplicar una serie de medidas de ajuste en la empresa… yo consideraba que el departamento de César estaba sobredimensionado y propuse el despido de varios de sus colaboradores, entre ellos la más joven y guapa de sus dos secretarias, mientras que él consideraba que los despidos debían producirse en todos los departamentos. Finalmente el Consejo se decidió, por unanimidad, por mi propuesta, y su departamento sufrió un serio recorte de personal y presupuesto.

A partir de ese momento la obsesión de César era exclusivamente hacerme la vida imposible y conseguir mi despido de la empresa, si además podía ser humillándome, mucho mejor. Sin embargo él no sabía que yo también jugaba mis cartas para conseguir mis objetivos, y el más importante para mí en este momento era obtener el puesto de Director General.

Sin duda alguna lo que más le dolió fue el obligado despido de Lucía, su joven secretaria. En la empresa todos intuían que entre ambos había algo más que una relación laboral, pero nadie podía dar fe de esas afirmaciones. Lucía, solía vestir de forma exageradamente provocativa y atendía con demasiado entusiasmo y “cariño” a César, lo que tampoco les favorecía para acallar esos rumores.

A finales de mayo D. Joaquín, pues así se llamaba el Director General que se jubilaba, nos citó a las 11:00 de la mañana, a César y a mí en su despacho, ambos sabíamos que la reunión estaba relacionada con el nombramiento de su sucesor…. Y no nos equivocamos. A la hora prevista nos encontrábamos los tres en su despacho, cómodamente sentados alrededor de una amplia mesa de reuniones que formaba parte del mobiliario de su amplio despacho.

  1. Joaquín empezó la reunión dándonos las gracias y alabando la labor de los dos en la empresa durante todos los años en los que habíamos estado trabajando a su cargo, para seguidamente, informarnos que había dado traslado de su decisión al Consejo y que este la había aprobado, pero que no se haría oficial hasta el viernes 15 de junio, fecha en la que se celebraría una cena de homenaje a D. Joaquín y en la que se aprovecharía para informar públicamente de la decisión final. Asimismo, aprovechó para indicarnos que a la cena acudirían todos los miembros del Consejo, así como Directivos de la matriz y de la filial española, con sus respectivas parejas.

Tras algo más de media hora la reunión se dio por finalizada, con la cara de asombro de ambos, pues nos esperábamos que nos dijera cual había sido su decisión.

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El viernes 15 llegó, al mediodía me fui a mi casa, donde descansé con un sueño reparador y me di una larga ducha relajante, sin duda los nervios estaban haciendo acto de presencia, y no podía quitarme de la cabeza el nombramiento que tendía lugar esa misma noche. Me vestí con mi mejor traje, un Armani oscuro, junto con una camisa blanca y una corbata roja, perfumándome con la colonia que uso habitualmente de LOEWE, salí de casa y a las 20:30 en punto entraba por la puerta del salón donde tendría lugar la cena y posterior fiesta.

Al llegar me puse a hablar con varios compañeros directivos y miembros del Consejo de Administración, pero las conversaciones pronto se volvieron tediosas y aburridas, pues todas, absolutamente todas, versaban sobre cuál sería la decisión final de D. Joaquín, haciendo cada uno su apuesta y argumentándola de la manera más inverosímil en la mayoría de las ocasiones.

Estaba en una de estas conversaciones cuando me fijé en una atractiva mujer, nunca la había visto, al menos eso creía yo, ya que sino me acordaría de ella. Estaba cogiendo una copa de uno de los camareros que pululaban por toda la sala repartiendo pequeños ágapes y bebida, cuando nuestras miradas se cruzaron.

Ella vestía elegantemente, pero con un aire muy provocativo, llevaba puesto un vestido a la altura de las rodillas, con la mitad de la espalda descubierta y un escote en “V” que venía provocado por las dos tiras de tela que cubrían sus tetas, las cuales se anudaban en su cuello, dejando claro que no llevaba sujetador, eso a pesar de que al menos tendría una talla 100. Todo este conjunto se completaba con medias y unos enormes tacones que estilizaban y realzaban su figura, ya de por si impresionante por su altura, 1.70 aproximadamente y la delgadez perfecta, al menos con el vestido que llevaba no parecía necesitar ni que le sobrara ni un solo gramo de grasa.

Al principio pensé que no la conocía de nada, pero cuando la vi de frente caí en su nombre… se llamaba Eva, y era la mujer de mi más directo competidor por el puesto de Director General… Cesar. Me la había presentado hace ya más de 4 años, en una fiesta de fin de año, pero prácticamente no pasamos del saludo, además, en ese momento yo no era todavía Directivo de la empresa y no fui más que uno de tantos a los que la presentaron.

Estuve vigilándola durante unos momentos y me percaté que no debía conocer a casi nadie, pues su participación e integración con el resto de gente que acudía a la cena era mínima, ni siquiera con las mujeres de los directivos de la empresa se la veía conversar de forma abierta y fluida.

Rápidamente me disculpé con los Directivos que en ese momento me acompañaban y con los que conversaba, y me fui directamente a buscar a esa impresionante mujer. Se encontraba de espaldas a mi cuando me acerqué a ella y con un leve hilo de voz me presenté:

–         Buenas noches!, no te había visto nunca en otras fiestas de la empresa… – mentí.

–         Cierto, es que nunca me ha gustado acudir a este tipo de eventos, pero esta vez es algo especial y no he podido evitarlo.

Indicó ella

–         Bueno, pues espero que no te aburras en tu primera asistencia. Por cierto, ¿cómo te llamas?

–         Eva. – Sostuvo ella. – pero no es la primera fiesta o cena a la que acudo, aunque es cierto que las evito siempre que puedo- me dijo al tiempo que me estrechaba la mano para saludarme.

Yo cortésmente cogí su mano, pero tirando levente me acerqué a ella para darle un beso en cada una de sus mejillas.

Ella se sorprendió por mi reacción, pero tampoco opuso resistencia alguna.

–        Como te he dicho antes, no te había visto nunca antes, así que supongo que vienes acompañando a alguien…. ¿quién tiene la suerte de ser tu pareja? – le pregunté directamente y, a pesar de ser conocedor de la respuesta.

–         Ella me respondió – Mi marido es César y esta noche es posible que le nombren Director General de la empresa.

–         Bueno – respondí – eso será si no eligen a otra persona, no?, por lo que yo sé no es el único candidato – le pregunté a propósito.

–         No creo – respondió muy segura de sí misma – su rival es un niñato que no se merece el puesto, mi marido lleva mucho más tiempo en la empresa y su jefe le valora mucho más. El otro no es más que un musculitos que sólo sabe adular a la gente y ganarse su confianza a base de tomarse cañas con los jefes. Al menos eso es lo que me ha dicho mi marido.

Su respuesta no me dejó indiferente, pues estaba claro que ella tenía la idea preconcebida que su marido, el cabrón de César, le había inculcado.

–         Si que te veo segura de su nombramiento, pero imagino que su rival pensará igual, no?… ¿por cierto, sabes quién es su “rival” para el nombramiento?

–         Si, creo que se llama Pedro, dice que me lo presentó una vez, hace ya varios años, pero si te soy sincera no me acuerdo para nada de su cara.

En ese momento llegó su marido y con cara de pocos amigos me saludó estrechándome la mano, mientras se dirigía a su mujer

–         Cariño, veo que ya conoces a Pedro…. Mi rival esta noche… y mi subordinado a partir de mañana.

Le dijo a su mujer a la vez que me miraba con cara de enfado.

–         Tranquilo Cesitar, no estaba más que saludando a tu atractiva mujer. En cuanto a lo de tu subordinado…. Dejemos que sea el Consejo y D. Joaquín quien decida…jajajaja

Todo esto lo dije mientras en mi mente se dibujaba ya la silueta de Eva desnuda y siendo follada por mí, imagen que no me abandonó en toda la noche.

César y Eva se dirigieron a la zona exterior del salón, un precioso y enorme jardín que aportaba un aire fresco y en el que se agolpaban todos aquellos que querían disfrutar del fugaz placer del tabaco.

Tenía decidido que me nombraran o no, iba a follarme a esa mujer y a demostrarle que todo lo que le había contado su maridito era completamente equivocado.

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La cena transcurrió de lo más normal, habían tenido la “delicadeza” de colocarnos a César y a mi en diferentes mesas, por lo que no hubo más que miradas entre ambos y, por mi parte también hacia su mujer.

Al finalizar la cena, D. Joaquín subió al estrado junto con el Presidente del Consejo de Administración quien empezó a hablar, reclamó la atención de todos los presentes y, tras un breve discurso de agradecimiento hacia D. Joaquín le cedió la palabra para que fuera él quien diera el nombre de su sucesor… el momento esperado había llegado.

–         Primero quiero agradecer a todos los que estáis aquí esta noche por todos estos años y, segundo os quiero presentar al que será mi sucesor a partir de hoy mismo… D. Pedro Muñoz – dijo D. Joaquín al tiempo que todo el mundo que allí estaba se giró para mirarme y aplaudirme.

Yo me levante, sonriendo y lo primero que hice fue mirar la cara de decepción de César y de Eva.

Me acerqué al estrado y di un pequeño discurso en el que di las gracias a todos, especialmente a César, por ser un digno rival. La humillación que tenía prevista había empezado.

La noche transcurrió entre halagos y felicitaciones hacia mi persona, sin embargo mi mente estaba puesta en Eva y en cómo conseguiría hacerla mi puta.

Así estuvimos tomando unas cuantas copas, hasta que en un momento dado me percaté de que Eva se encontraba de nuevo sola, busqué a César y lo encontré hablando con varios consejeros, por lo que deduje que les estaría pidiendo explicaciones sobre la decisión tomada. Así que me acerqué de nuevo a ella y cortésmente la saludé de nuevo

–         Hola de nuevo Eva – le dije yo, notando como ella se sobresaltaba y me miraba con desgana y una pizca de mala leche.

–         ¿ya tienes lo que querías, no?, ahora qué quieres ¿restregárselo a César?

–         Mira, no te voy a engañar. Ganas de joderle no me faltan, pues él lo ha intentado en muchas ocasiones y, para ser sincero, en alguna lo ha conseguido, pero…. A partir de hoy todo eso ha cambiado, jejejeje – repuse yo.

–         A qué te refieres?, no te entiendo – preguntó Eva

–         Muy sencillo Eva… a partir de ahora soy yo el que tengo la posibilidad de joder a tu maridito, incluso puedo despedirle cuando me apetezca.

–          Eres un cabrón Pedro, no te atreverás a hacer nada de eso, tú sabes que sino el Consejo puede acabar contigo. – dijo Eva

–         No, la que no lo entiendes eres tú…, a partir de ahora yo soy el que decide en la vida de tu marido y, te aseguro, que el consejo no se meterá en las decisiones que tome el Director General, cuando estas no son relevantes… como ocurre con el despido de alguien.

–         Además – continué yo – conozco algún “desliz” de tu marido que no gustarían nada en el Consejo… ¿acaso crees que no se perfectamente como visita las páginas porno desde la oficina?, ¿o porqué contrató a Alicia, su anterior secretaria, a pesar de que la chica era una inútil y no valía para nada?

Eva estaba callada, con cara de susto y no era capaz de articular palabra. No sabía que decir y sólo su mirada de odio denotaba que era consciente de la nueva situación creada por la elección mía como nuevo Director General.

–         De acuerdo, que es lo que estás buscando exactamente? – se atrevió a decir, después de tomarse de un sorbo la mitad de la copa de champán que sujetaba en la mano.

–         Mira Eva, todavía no he pensado nada, pero se me ocurre que…. Con lo atractiva que te has vestido es porque esta noche esperabas algo. Supongo que celebrar el nombramiento de tu marido poniéndole a mil y luego follándotelo en casita, como buen matrimonio. – le solté a bocajarro, acercándome para ello a su oído, pues entre la música alta y la cantidad de gente que había no podía permitir que me oyeran decir eso.

De nuevo Eva se quedó descolocada, estaba entendiendo perfectamente por donde iban mis intenciones, pero tampoco sabía exactamente como actuar ni que hacer.

–         Mira niñato, jamás haré nada contigo y mi marido sabrá darte lo que te mereces, capullo de mierda. – me espetó a la cara Eva.

–         Haremos una cosa, aquí tienes mi teléfono – le dije mientras le daba una tarjeta de la empresa – si cambias de opinión no tienes más que llamarme o enviarme un correo. Estoy seguro que una zorra como tú, que viene provocando a la fiesta de su marido está caliente sólo de pensar en lo que te he propuesto.

Dicho esto me di la vuelta y seguí atendiendo a toda la gente que me solicitaba.

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Un par de semanas más tarde de mi nombramiento, yo estaba ya totalmente ubicado a mi nuevo puesto y había hecho el traslado de funciones del que yo dejaba sin mayores problemas.

Una de las primeras decisiones que tomé fue la de recortar los privilegios de César y obligarle a informar puntualmente de todas sus actividades, lo cual le generó un tremendo enfado que, como pude darme cuenta había trasladado a su casa.

Un día, al cabo de un par de meses y sobre las 12 de la mañana recibí un correo de una dirección que desconocía, pero el “Asunto” era bastante clarificador sobre su contenido…”tenemos que hablar urgentemente”, decía el título del correo. En el cuerpo del mismo Eva se presentaba de nuevo y me pedía, por favor que nos viéramos, a ser posible hoy mismo, para hablar, que se trataba de un asunto urgente.

Yo le respondí que no había problemas y quedamos a comer un par de horas más tarde en un restaurante alejado de su casa y de la oficina. Eso si, le puse una condición para que yo perdiera el tiempo con ella, pues así se lo hice saber, debía ir vestida con escote, tacones y falda.

Llegué al restaurante 15 minutos tardes, ella me estaba esperando sentada en una mesa apartada, donde estábamos a salvo de miradas y oídos indiscretos, pues así había hecho la reserva yo.

Eva se encontraba nerviosa y, al verme aparecer se levanto de su silla y se acercó para saludarme, pero esta vez me dio dos besos en las mejillas directamente. Al levantarse pude comprobar que, en principio, había seguido mis instrucciones sobre su vestimenta, lo cual me indicaba que vendría bastante receptiva.

Nos sentamos y compartimos unos aperitivos con tranquilidad y cordialidad, sin embargo todo cambió en cuanto nos sirvieron el primer plato.

–         Bueno Eva, tú me dirás que es lo que quieres y porqué me has llamado.

–         Verás Pedro…, es que… César… mi marido…

–         Dime Eva, venga que no tengo toda la tarde.

–         Joder, que borde y seco eres, esto que estoy haciendo me cuesta mucho. – repuso Eva.- Verás, es que César lleva unos días de muy mal humor, tú le estás puteando continuamente y luego yo pago los platos rotos.

–         ¿Y eso en qué me incumbe?, yo sólo hago mi trabajo, lo que considero mejor para la empresa, y mis decisiones se están dejando notar, para bien, en los resultados.

–          Espera Pedro, el problema es que no puedo continuar en esta situación y, desde luego César tampoco. Tú estás intentado echarle y no podemos permitirnos prescindir de su suelo. Sabes que vivimos en una buena zona y con un alto nivel de vida, que yo no trabajo y, desde luego, no podríamos seguir si él es despedido, más aún tal y como están las cosas ahora mismo.

–         Bien, y qué me propones? – le contesté.

–         Tú me dijiste que la llave para no vengarte de mi marido la tenía yo… pues bien, aquí estoy. Dime que es lo que quieres de mi.

–         Jajajaja, Evita, no es tan sencillo como tú te crees. Piensas que con vestirte de putita y dejar que te folle un día está todo resuelto, y no es así.

–         Pero, entonces que quieres?

–         Mira Eva, si quieres que deje en paz a tu marido será porque tú pagues todo lo que no le hago a él… por tanto mi propuesta es sencilla… te convertirás en mi Puta, en mi zorra… y no podrás negarte a ninguna de mis órdenes. Así de simple. Todo esto mientras yo quiera o tu marido siga a mis órdenes.

Y diciendo esto, cogí mi tenedor y me metí un bocado del solomillo que tenía delante en la boca, como si lo que había dicho fuera lo más normal del mundo.

Eva, se quedó petrificada, no esperaba que mi propuesta fuera tan dura para ella y tan directa.

–         Eres un cabrón Pedro, no puedes pedirme eso… me juego mi matrimonio, nunca he sido infiel y César no se lo merece.

–         No me vengas con tonterías Eva, tu matrimonio se irá a la mierda si el mes que viene despido a César, como te dije, tengo pruebas más que suficientes para hacer que le despidan sin indemnización. Así que tú eliges…ah, y date prisa porque no tengo todo el día y estoy empezando a perder la paciencia.

–         Pedro…. Yo….

–         Mira, vamos a hacer una cosa, piénsatelo este fin de semana, pues era jueves, y el lunes me dices que has decidido. Tu marido o tú… fácil y sencilla elección. Si decides ser mi zorra sólo tienes que mandarme un mail diciéndomelo, antes de las 12 de la noche del domingo, recibirás una respuesta mía con las instrucciones. Si no cumples lo pagará, y caro, tu marido.

Dicho esto, dejé dinero suficiente para pagar toda la comida encima de la mesa y me marché.

Por lo que pude ver, pues me escondía para comprobar cuando salía Eva, ella tardó más de media hora, llevaba unas gafas de sol y no paraba de tocarse los ojos con un pañuelo… era claro que había o estaba llorando.

La situación para Eva no era nada fácil, a pesar de lo que le dije, así que me propuse facilitarle la decisión. En cuanto llegué a la oficina, escribí una carta, inicialmente dirigida a César en la que explicaba con todo detalle las diferentes páginas porno que había visitado en los últimos meses desde el ordenador de la oficina y en horario laboral… algo que hace todo el mundo y a lo que no se le da ninguna importancia, pero en su caso me iba a ayudar mucho. Además, le explicaba que se trataba de una falta grave y, por lo tanto que no me quedaba más remedio que poner la situación en manos de los abogados de la compañía y proceder a su despido inmediato.

Acto seguido lo metí en un sobre, junto con otra carta, esta dirigida a Eva, y le pedí a mi secretaria que lo enviara a casa de Eva por mensajería urgente, indicando que sólo se lo entregaran a ella.

La carta dirigida a Eva era muy explícita:

               “Hola Eva,

Como te he visto algo preocupada y no sabes bien que decisión tomar, he pensado en ayudarte en tu difícil decisión, para ello, te adjunto una carta que, en caso de que no aceptes, recibirá tu marido la semana que viene.

Supongo que ahora te será más fácil hacer lo que realmente debes hacer.

Espero tu respuesta zorra”.

Ambas cartas surtieron su efecto rápidamente, pues al día siguiente, al llegar a la oficina, pude comprobar, en mi correo personal, como tenía un mail enviado por Eva la noche anterior. El mail era muy simple, tan sólo rezaba: “Acepto tu propuesta de ser tu puta. Espero tus indicaciones”.

Un mail simple, pero tremendamente clarificador.

Mi respuesta no se hizo esperar… “muy bien zorra, quiero que el lunes a las 14:00 vengas a mi oficina, deberás vestir con un traje de chaqueta con falda, medias a medio muslo, tacones altos y blusa con escote… es importante que se te vea bien el inicio de tus hermosas tetas. La ropa interior la dejo a tu antojo, supongo que sabrás elegirla para una puta como tú. En cuanto entres en mi despacho y se cierre la puerta te arrodillarás en el centro del mismo y quiero que me digas claramente para que has venido.”

Ni una coma más, así de taxativo fue el mail que le envié.

El viernes y el fin de semana pasó de lo más normal del mundo, sin noticias de Eva. Yo lo dediqué a salir con mis amigos, hacer deporte y descansar en casa.

El lunes a las 14:00 estaba yo en mi despacho cuando el interfono sonó, era mi secretaria para decirme que tenía la visita de una Srta. Llamada Eva, que dice haber quedado conmigo, y que ella no lo tenía registrado en la agenda. Yo le di el ok y le respondí que ahora la avisaba para hacerla pasar.

Mi primera idea era ponerla nerviosa, pese a que su marido no tenía que pasar por delante de mi despacho, lo cierto es que existía el riesgo de que la viera, y eso me encantaba.

A los 15 minutos, aproximadamente, le indiqué que hiciera pasar a la Srta. Eva, a los pocos segundos se abrió la puerta de mi despacho y allí apareció Eva, tal y como le había indicado, con su traje de chaqueta beige, altos tacones y medias negras, además llevaba una blusa blanca, muy escotada gracias a los 3 botones que no llevaba abrochados y que permitían ver claramente la redondez superior de sus tetas y parte de su sujetador. Se acercó al centro del despacho y, en cuanto se cerró la puerta se arrodilló, bajo la cabeza y con un sensual hilo de voz dijo las palabras mágicas:

–         Soy tu puta, tu zorra y puedes hacer conmigo lo que quieras.

–         Muy bien putita… además veo que has cumplido mis órdenes en cuanto a la vestimenta – dije yo, mientras levantaba un poco su falda para comprobar que las medias le llegaban justo hasta medio muslo – A partir de ahora me dirigiré a ti siempre como Puta, Zorra o Puta Eva, lo que más me apetezca en cada momento.

Ella permanecía callada, arrodillada y con la cabeza agachada.

–         Ahora que los dos tenemos las cosas claras y que sabes lo que más te conviene creo que es el momento perfecto para sellar este pacto entre los dos…. Pero claro, no podemos ponerlo por escrito, así que se me ocurre una forma mejor de sellar nuestro acuerdo.

Y diciendo esto me puse delante de ella, con una mano agarré su barbilla y le hice levantar su cara y su vista hasta que me miró a los ojos, descubriendo en ese momento que estaba a punto de echarse a llorar, lo cual, dicho sea de paso, no me impidió seguir adelante con mis planes.

–        Bien zorrita, ahora me vas a sacar la polla con cuidado, vas a poner tus manos en la espalda y me la vas a mamar hasta que me corra en tu boca y en tu estómago… justo cuando te hayas tragado toda mi corrida daré por sellado nuestro pacto, ¿o acaso se te ocurre mejor tinta que esa?

–         No – respondió Eva

–         No, qué? – le increpé

–         No se me ocurre mejor forma de sellar nuestro pacto.

–         Muy bien, en ese caso ya sabes lo que tienes que hacer, pero antes quiero que te desabroches un par de botones más de la camisa.

Eva, de forma diligente pero con cuidado y delicadeza me desabrochó el pantalón del traje, hasta que pudo meter la mano dentro de mis bóxer, empezó a tocar mi polla, que ya empezaba a notar los primeros síntomas de excitación, hasta que la sacó completamente de su “escondite”.

A partir de ese momento y, como yo le había indicado, Eva echó las manos hacia atrás y acercando su boca empezó con unas suaves lamidas desde laos huevos hasta la punta de mi polla, ensalivando bien con su lengua la totalidad del tronco. Lo hacía lentamente, pero sin pararse, hasta que en una de las veces levantó un poco la mirada, clavó sus ojos en los míos y se metió la mitad de mi polla en la boca.

En ese momento si que empezó con una mamada más brusca, pero igualmente placentera, sin embargo, no era eso lo que yo buscaba en ese momento, así que decidí que era el momento de mi actuación. Con mi mano derecha agarré la coleta que llevaba hecha en su precioso pelo y de un golpe seco la obligué a meterse la totalidad de mi polla en la boca, aguantándola con ella dentro durante unos segundo, para acto seguido tirar de su coleta y sacársela por completo, permitiendo así que cogiera una bocanada de aire fresco antes de que volviera a insertársela en la garganta. Las arcadas aparecieron casi tan rápido como desapareció mi verga en su boca y la saliva y babas se hicieron patentes de inmediato. Pronto toda mi polla estaba llena de saliva y babas de Eva, mientras el maquillaje que tan sutilmente adornaba su cara pronto empezó a correrse y a desfigurarse en su rostro, dejando regueros negros que salían de sus ojos cual lágrimas negras, al tiempo que el pintalabios se le había extendido por casi toda la cara.

De esta forma la estuve follando la boca durante 5 minutos, aproximadamente, en los cuales no paró de sollozar mientras hacía enormes esfuerzos para aguantar el ritmo infernal que yo le estaba imprimiendo, hasta que noté como estaba a punto de correrme. No se lo hice saber, simplemente la empujé fuertemente con mu polla bien incrustada en la garganta y empecé a descargar mi corrida.   Según me corría fui relajando la presión sobre su cabeza hasta que saqué completamente la polla de su boca con el objetivo de que el último lechazo cayera directamente sobre su vestido, lo cual conseguí.

–         Te ha gustado zorra?, le pregunté

Eva, todavía estaba recuperándose del esfuerzo, cuando me miró con la cara totalmente manchada por su maquillaje que se mezclaba con las lágrimas que brotaban de sus ojos, sostuvo un poco la mirada y respondió con un pequeño hilo de voz

–         S… si, si me ha gustado. Muchas gracias.

–         Alguna vez te habías tragado la corrida de tu marido?

–         No, nunca, es algo que siempre me ha dado asco.

–         Pues vete acostumbrándote porque esta ha sido la primera, pero te aseguro que no será la última vez que te tragues la mía. En fin, ahora si que está sellado nuestro pacto, desde este momento la puta Eva estará a mi servicio cuando yo lo requiera, sea cuando sea, y cumplirá todas mis órdenes… pacto que ha sido aceptado por la puta tragándose mi polla y mi leche. ¿No es así guarra?

–         Si Ped….Señor, corrigió Eva. A partir de ahora soy su puta y le obedeceré en todo lo que ordene.

–          Muy bien, ahora levántate y quédate quieta donde estás.

Yo mientras tanto me había recompuesto mi ropa y estaba perfectamente vestido de nuevo. Eva se levantó con cuidado, pues tenía algo doloridas las rodillas, y se quedó inmóvil, tal y como le había ordenado.

Yo la rodee, la observaba escrutándola, como si buscara algún defecto, pero yo sabía que eso no era fácil de encontrar en esa mujer.

Lentamente me acerqué a ella por detrás, le levanté la falda y jugué un poco con sus bragas, y de repente… le solté un azote que resonó en todo el despacho, el cual provocó un pequeño grito y un saltito por parte de Eva.

Un segundo azote coloreó, esta vez la otra nalga de Eva, quien de nuevo soltó un pequeño quejido, si bien no se sorprendió tanto como con el primero.

Dándole la vuelta la hice ponerse de cara a mi, la miré fijamente a los ojos y le hice saber de nuevo cual era su situación a partir de ahora….

–         Mira zorrita, a partir de este momento eres de mi propiedad, tu cuerpo me pertenece y vas a aprender a disfrutar de mis órdenes. Pero claro, sólo si tú quieres…. Seguir viviendo como hasta ahora.

–         Si señor- respondió Eva.

–         A partir de hoy los pantalones los sacas de tu armario, quiero que siempre estés dispuesta para mi y, para ello lo mejor es que vistas faldas y vestidos… siempre por encima de la rodilla. Te acostumbrarás a llevar lencería, medias y ligueros, nada de pantys, ah! Y por supuesto tacones, cuanto más altos mejor. Irás siempre maquillada de forma discreta.

–         Como tú ordenes… pero, por favor, el tema de los pantalones, los suelo usar a menudo y a César le chocaría que cambiara todo mi vestuario de golpe – repuso Eva

–         Lo siento Eva, ese no es mi problema, te quiero sexy, provocativa y accesible y, con pantalones eso es imposible. Los podrás llevar siempre que estés segura de que no nos veremos…. Aunque me temo que esa seguridad no la vas a tener nunca.

–         Dos cosas más…. La primera, no llevarás más bragas, llevarás siempre tangas o irás sin nada, dependerá de la falda y de mis órdenes. Y la segunda…. Quiero que te depiles completamente ese coñito peludo que llevas ahora – le dije al tiempo que le daba un pequeño tirón de los pocos pelos, todo sea cierto, que adornaban su coño.

–          Aayyyy, se quejó Eva, y mirándome de nuevo a la cara, con los ojos encendidos en ira, me dijo que así lo haría.

–         Muy bien, pues quítate las bragas, las dejas en mi mesa y te vas por donde has venido. Ah, se me olvidaba, dame tu número de móvil … así te tendré siempre localizada y localizable.

Eva, hizo todo lo que le pedí, y sólo me pidió que fuera discreto, no quería estropear su matrimonio, pues todo esto lo hacía precisamente por él. Todo esto me lo dijo con las lágrimas cayendo por su bello rostro… hoy se había convertido en una auténtica fulana, en una puta que se entregaba totalmente al jefe de su marido con tal de mantener el salario y nivel de vida actuales.

 

CONTINUARÁ…

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