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Relato cornudo: En busca del embarazo ante el cornudo. – Fantasias Cuckold

Relato cornudo: En busca del embarazo ante el cornudo.

El ruido en la fiesta de su amiga Miriam era bastante molesto, pero aun así Claudia no estaba dispuesta a marcharse, no hasta haber logrado su objetivo. Encontrar un hombre para aquella noche. Aquella misión no sería tan complicada si Claudia no pusiese un listón tan alto para todo el que se interesaba por ella, pero así era ella, y en sus 37 años ni un solo día se había arrepentido de ser una mujer difícil de conquistar.

–         Esta fiesta me está defraudando mucho- dijo Claudia sonriendo a la anfitriona- todos los hombre que son de mi interés están casados.

–         Que quieres que le haga, tú también estás casada, a nuestra edad es normal- le dijo Miriam, una mujer de la quinta de Claudia, de piel morena, pelo largo y teñido de color caoba, y de unas curvas de lo más sugerentes.

–         Para la próxima fiesta que organices podrías ponerle un cartelito a los hombres disponibles- sugirió haciendo soltar una carcajada a su amiga.

Claudia fue al baño para retocarse el maquillaje un poco y asegurarse de que todo estaba en su sitio, sin duda no era aquel el motivo por el que aún no había encontrado amante para aquella noche. Su larga melena de pelo castaño estaba perfectamente peinado y adornado con horquillas estratégicamente colocadas, lucía un vestido largo y negro con un generoso escote al que había visto mirar a más de uno de los hombres casados que estaban en la fiesta, al igual que su amiga tenía unas curvas de lo más apetecibles… pero aún con todo eso a su favor no había logrado hallar a ningún hombre de su agrado.

Hicieron falta casi dos horas más hasta que finalmente Miriam se acercó a su amiga para presentarle a Jorge, un hombre alto, de piel bronceada, pelo corto y negro y de un cuerpo musculoso el cual no se podía apreciar del todo bien por el esmoquin que llevaba.

Claudia disfrutó de una conversación de lo más agradable mientras ambos disfrutaban de un par de copas que poco a poco hacía que se fueran desinhibiendo.

–         Y dime Jorge, ¿A qué te dedicas?- le preguntó la mujer cuando consideró que había cogido la confianza suficiente como para indagar en su vida.

–         Estoy estudiando derecho- respondió el hombre.

–         Pero supongo que trabajarás para poder costearte los estudios- le dijo la mujer interesada- ¿o te lo paga alguien?

–         No, hace mucho que me independicé- respondió el hombre eliminando las dudas que su interlocutora pudiese tener. Aquel hombre estaba rondando los 30 años y estaba acudiendo a una de las fiestas exclusivas de Miriam, por lo que en ningún momento Claudia consideró que aquel galán siguiese viviendo con sus padres.

–         ¿Es mucha indiscreción saber a lo que te dedicas?- preguntó luciendo la mejor de sus sonrisas.

–         ¿No te escandalizarás?

–         No creo- respondió confiada.

–         Soy estríper- manifestó dejando sorprendida Claudia en un primer momento, pero acabando por sonreír.

–         Desde luego cualidades no te faltan- le dijo acercándose a él para tocar con sus manos los pectorales de Jorge.

–         Muchas gracias- dijo el hombre alagado- ¿Puedo saber tú a que te dedicas?

–         Claro, soy una mantenida de mi marido- manifestó con total tranquilidad dejando a Jorge un poco sorprendido- aparte de estríper haces más cosas con las clientas.

–         Depende de la clienta- dijo el hombre guiñándole un ojo.

Claudia tan solo necesitó unos pocos minutos más de flirteo para lograr conquistar a Jorge, era exactamente lo que estaba buscando para aquella noche, sexo sin compromiso con un hombre de buena planta.

–         Vivo a las afueras ¿Quieres venir a mi casa?- le preguntó Jorge, pero Claudia negó con la cabeza.

–         Creo que será mejor ir a la mía, los dos hemos bebido más de la cuenta y no quiero que de la casualidad de que nos paren en un control de alcoholemia- dijo sonriendo sacando su teléfono móvil del bolso- llamaré a mi marido para que nos venga a recoger.

–         Estás de coña ¿verdad?- preguntó el hombre que no daba crédito a lo que oía.

–         Para nada, ya está sonando- dijo la mujer sonriendo ante la mirada de incredulidad de su futuro amante- me pidió hace ya mucho que fuera su Ama, pero eso no me interesa, solo me gusta ponerle los cuernos y humillarle con tíos viriles como tú- dijo pasándole la mano por la entrepierna, notando la dureza del miembro que cubría el pantalón- ¿Por qué has tardado tanto en cogerlo, inútil?- fue lo primero que dijo cuándo su marido cogió la llamada- Bueno, da lo mismo la excusa que me des, ahora tienes que venir a recogerme a mí y al amante que tengo para esta noche, date prisa- le ordenó y sin esperar respuesta colgó- en unos minutos estará aquí.

Tal y como anunció Claudia su marido tardó tan solo unos minutos en presentarse ante la casa de Miriam con el Mercedes plateado en el que la mujer acostumbraba a trasladarse.

Pedro, que así era como se llamaba el hombre, tenía cinco años más que Claudia, pero estaba mucho más estropeado que su mujer, era un hombre de mediana estatura, complexión normal, piel clara y cabeza rapada para tratar de disimular su evidente calvicie.

Claudia notó la ligera incomodidad de su amante al verse cara a cara con el marido de la mujer que se le había estado insinuando, pero aquella tensa sensación desapareció cuando el hombre, lejos de comportarse como lo haría cualquier hombre al ver a su esposa en brazos de otro, lo único que hizo fue abrirles la puerta que daba al asiento trasero del coche.

–         No lo mires como si fuera mi marido, sino como un sirviente- le dijo Claudia a Jorge cuando ambos estuvieron en el coche. El hombre asintió conforme mientras Pedro se disponía a iniciar la marcha- llévanos a casa, estoy deseando follar con este hombretón.

–         Sí cariño- contestó el hombre arrancando el motor y saliendo rápidamente a la carretera.

Durante el trayecto, las caricias de Claudia hicieron que si Jorge tenía alguna duda sobre lo que estaba a punto de hacer esta desapareciese sin dejar rastro, quedando el hombre frustrado cuando la marcha se detuvo justo cuando Claudia estaba comenzando a bajarle la bragueta del pantalón.

–         No te preocupes, tenemos toda la noche- dijo la mujer sonriendo al ver la cara que se le había quedado a su elegido.

Pedro se dio prisa para salir del asiento del conductor y abrir la puerta a sus dos pasajeros, para a continuación guiarles hasta la casa. Jorge se quedó impresionado. Cuando Claudia le dijo que era una mantenida de su marido, no esperaba que viviese en una casa tan grande como el chalet de dos plantas que tenía ante él, rodeado por un enorme jardín vallado.

El interior de la casa no desmerecía para nada el exterior; las paredes estaban adornadas con cuadros de apariencia bastante cara, en los aparadores se encontraban elegantes figuras de porcelana, el salón en el que finalmente acabaron tenía una televisión de unas 60 pulgadas, los sofás estaba tapizados en cuero…

–         Tienes una bonita casa- dijo Jorge mientras esperaban a que Pedro les llevase unas bebidas.

–         Gracias, se debe a que administro muy bien el dinero que mi marido gana- dijo la mujer sonriendo mientras comenzaba a quitarse el vestido- yo estoy acaloradísima ¿tú no?

Como respuesta, Jorge, comenzó a quitarse la chaqueta y la camisa de su esmoquin, dejando a relucir su torso bronceado de pectorales y abdominales marcados y perfectos. La mujer sin poder resistirse se echó sobre el hombre para pegar sus medianos pechos, aún cubiertos por el sujetador, sobre los fuertes y duros pectorales de su amante, que curioso por lo que habría debajo del tanga que llevaba Claudia lo retiró hacia la derecha para juguetear el húmedo, caliente y depilado sexo de su anfitriona.

Pedro no tardó en llegar y encontrarse con la escena, pero el hombre, que ya estaba acostumbrado se limitó a dejar sobre la mesa las bebidas y quedarse de pie hasta que su mujer le permitiese retirarse.

Jorge estuvo lamiendo todas las partes del cuerpo, que no estaban cubiertas por ropa, de Claudia, estaba seguro que la mujer no pondría queja alguna si le arrancaba el sujetador y el tanga de un tirón, pero aquella no era su forma de actuar, le gustaba alargar sus relaciones sexuales lo más posible y centrarse en los preliminares.

–         Oye Claudia- le susurró su amante- ¿Puedo saber por qué tu marido está vestido de sirvienta?

–         Parece que te tengo que mostrar más para que estés atento a mí- le dijo Claudia echándose las manos a la espalda y desabrochando su sujetador para liberar sus bronceados y firmes senos de pezones pequeños y marrones.

–         No es que no esté centrado en ti- se apresuró a aclarar Jorge mientas mordía los pechos de la mujer- estás estupenda, pero es que esto es muy raro- Claudia soltó una carcajada.

–         No te preocupes, no estoy enfadada, a muchos les pasa. Maridito, ¿le puedes explicar a mi amante de esta noche el motivo de tu traje?- Pedro al oír la petición de su mujer se acercó a la fogosa pareja para mirando al suelo decir.

–         Me visto de sirvienta para que los amantes de Claudia no se sientan intimidados por mi presencia.

–         En tu caso es un poco innecesario- dijo Claudia pegando sus senos a la cara de su amante- porque eres mucho más grande que mi marido, mucho más fuerte y a juzgar por lo que he podido palpar, bajo tus pantalones guardas un atributo masculino inmensamente más grande que el mini-pene de mi esposo.

Claudia, que solía ir muy despacio a la hora de desnudar a sus parejas en aquella ocasión no pudo esperar a deslizar lentamente los pantalones y a continuación los calzoncillos de Jorge, para quedarse admirando el imponente falo de Jorge.

La mujer agarró con una de sus manos la palpitante polla del hombre, no logrado rodearla del todo con sus dedos y usando la segunda para dejarla totalmente atrapada, pudiendo así lamer el hinchado y rosado glande que coronaba aquel miembro vigoroso.

Contra todo pronóstico Jorge interrumpió a Claudia a mitad de mamada para proponerle que él también le diese placer al mismo tiempo, la mujer no comprendió muy bien la idea que su amante tenía, hasta que el hombre, con gran facilidad la volteó para apoyar los muslos de Claudia sobre sus hombre, dejando el sexo de la mujer, aún cubierto por el tanga ante los ojos de Jorge.

–         Está hecho todo un portento- dijo Claudia divertida al verse ligeramente cabeza abajo, pero con el gran pene de Jorge muy accesible.

–         El otro día lo probé con una clienta y la encantó- dijo el hombre sonriente mientras deslizaba el delicado tanga de su anfitriona para poder probar por fin el rosado, y totalmente depilado sexo que ocultaba aquella prenda íntima.

Los gemidos de ambos amantes comenzaron a escucharse por toda la sala, mientras que Pedro, totalmente impotente observaba la escena al tiempo que recogía y doblaba las ropas, tanto de su mujer como las del hombre al que esta había elegido para ponerle los cuernos en aquella ocasión.

Claudia tan solo necesitó unos minutos para darse cuenta de que Jorge estaba tan acostumbrado a recibir sexo oral como ella, con lo que las posibilidades de que ninguno de ellos se corriese durante mucho rato crecían exponencialmente, lo que hizo sonreír ampliamente a la Claudia: detestaba a los hombre ante los que tenía que estar midiendo sus habilidades por temor a que estos no aguantasen como debían hasta llevarla al orgasmo.

Jorge no tardó en soltar a su amante con delicadeza cuando esta le propuso subir a su dormitorio, la encantaba dar sexo oral y recibirlo al tiempo, pero cuando más chupaba la impresionante polla de aquel hombre más deseaba tenerla dentro de ella.

Pedro trató de no cruzar mirada ni con su mujer ni con Jorge cuando estos comenzaban a marcharse, pero aquel acto esquivo no le sirvió para escaquearse de ver como su mujer era follada por otro hombre ante sus ojos.

El cornudo, que sabía perfectamente lo que tenía que hacer cuando su esposa lo reclamaba para observarla durante el acto sexual, se sentó en una silla de madera colocada delante de la cama de matrimonio.

Jorge y Claudia no tardaron en subir al lecho totalmente desnudos para continuar con los preliminares antes de permitir al macho de aquella noche introducir su miembro por su húmedo sexo.

A la dueña de la casa, normalmente, le gustaba usar el tacto y las caricias para recorrer el cuerpo de su pareja mientras ambos estaban en la oscuridad, pero todo cambiaba cuando la mujer sabía que su marido estaba observando, entonces encendía las dos lámpara que había a los lados de la cama para que Pedro no pudiese perderse ni un detalle de las prácticas que realizaba con su amante, prácticas que él nunca disfrutaría.

–         Me muero por metértela- dijo Jorge mientras sentía su polla entre los pechos de Claudia al tiempo que esta lamía con frenesí la palpitante cabeza de su miembro- tengo un par de preservativos en el pantalón de mi esmoquin, ¿Por qué no mandas a tu marido para que nos los suba?- sugirió.

–         Eso no va a ser necesario- le dijo mientras se levantaba para acariciarle el pecho mientras que el hombre la acercaba a él agarrándola con firmeza de las nalgas- como corneo a mi marido noche sí, noche también tomo la píldora, de lo contrario me gastaría una fortuna en condones- Jorge rio con ganas.

–         Sabes Claudia, al principio pensé que esto no me iba a gustar o que me iba a cortar, pero estar follándome a una mujer tan bonita como tú ante la mirada impotente de su dócil maridito me encanta.

–         Eso está bien- dijo la mujer sonriendo mientras garraba la nuca del hombre para bajarle hasta poder besarle con pasión en los labios. Después del largo beso para no perder ocasión, de un salto rodeó la cintura del hombre con sus piernas- Hace mucho que ningún hombre consigue follarme de pie, con esos cacho músculos que tienes estoy segura de que puedes hacerlo.

–         Acepto el desafío- dijo el hombre con una sonrisa.

A Jorge, que era un auténtico portento físico, no le costó lo más mínimo manejar a Claudia a su antojo, apuntando su miembro en el empapado sexo de la mujer para de un solo golpe dejarla caer y clavar casi por completo el grandioso falo que hizo gemir a su amante de una forma exagerada.

A Claudia le sorprendió aquella rudeza por parte de Jorge, pero no se quejó, cuando estaba así de excitada le gustaba que la tratasen de aquella manera, aquello quería decir que estaba muy deseoso de sexo y que si quería volver a repetir se comportaría como un buen amante.

La mujer, al ver lo estable que era ser tenida en vilo por Jorge comenzó a mover sus caderas para ayudar a las frecuentes embestidas de su amante que a cada golpe llegaban más dentro de ella.

Hicieran falta casi cuarto de hora en aquella fatigada postura para que Jorge dijese:

–         Estoy a punto de correrme, amor- dijo entre jadeos.

–         Yo también estoy a punto- confesó Claudia- puedes hacerlo cuando quieras… pero cuando vayas a hacerlo… túmbame en la cama y suéltalo todo dentro… me encanta sentir el caliente esperma de mis machos… dentro de mí…

Oír aquellas palabras de su extasiada amante hizo que las dos últimas embestidas fuesen las más violentas que Claudia había sentido en mucho tiempo, aun así no la produjeron más que placer, aunque nada comparado con la imponente descarga de semen que cayó dentro de ella tan solo un segundo después de que Jorge la tumbase de espaldas sobre la cama.

Los agudos gemidos de Claudia fueron tapados casi por completo por los bramidos que el hombre soltó cuando descargaba todo su esperma en el interior de la mujer, que lo agarró con fuerza para que su amante no saliese de ella hasta haber soltado hasta la última gota de semen, Claudia solo lo liberó cuando notó como la polla, que durante toda la relación, había estado dura como una roca comenzaba a perder dureza.

–         Tú cabrón, ven a limpiarle la polla a mi amante- le ordenó Claudia una vez los dos estuvieron tumbados en la cama dándose algunos besos y caricias.

–         Sí cariño- dijo el hombre subiendo lentamente a la cama para acercar sus labios al flácido pene de Jorge, que no puso ninguna pega.

–         Nunca antes me la había chupado un hombre- dijo el receptor de la felación a su amante, mientras Pedro se afanaba en limpiar hasta la última gota de esperma.

–         ¿Y qué te parece?

–         No está mal, y más sabiendo que es el marido de la mujer con la que acabo de follar, esto me quita muchos cargos de conciencia- dijo para continuación soltar una carcajada.

Siguieron riéndose y humillando a Pedro hasta que este sacó de su boca el miembro de Jorge ya totalmente limpio para acabar diciendo.

–         Gracias por hacerse cargo de satisfacer a mi mujer como yo nunca seré capaz.

–         Nada hombre, por mi encantado, puedo repetir cuando quieras- le dijo con una sonrisa en la boca.

–         Ahora lárgate de aquí, esta noche dormirás en el sofá mientras yo paso la noche con un hombre de verdad.

Pedro totalmente humillado abandonó la habitación mientras escuchaba las risas de su mujer y su nuevo amante.

Al día siguiente Pedro llegó del trabajo notablemente más agotado de lo normal, su esposa acostumbraba a llevar hombres para follar con ellos los fines de semana, el que en aquella ocasión lo hubiese hecho entre días laborables le estaba pasando factura, de todos modos, aunque estada agotado lo primero que hizo fue ir hasta donde estaba su esposa, la cual estaba sentada en el sofá del salón en ropa interior.

–         Buenas noches cariño- dijo la mujer con una sonrisa en el rostro- te estaba esperando, tengo los pies doloridos de tanto andar por el centro comercial con Miriam, te importa darme un masajito en los pies.

–         No en absoluto- dijo el hombre que prefería mil veces ir a dormir, pero que sabía lo mal que podría pasarlo si se negaba.

Pedro agarró con delicadeza los pies de su mujer y los colocó sobre su regazo para tratar de proporcionarla alivio, el hombre veía perfectamente en el rostro de su esposa que estaba disfrutando, pero sabía que Claudia no haría ningún gesto que le diese a entender que estaba gozando en exceso.

–         ¿Qué te pareció el macho que me folló anoche? ¿Crees que me dejará embarazada?- preguntó sin rodeos.

–         No lo sé- respondió secamente el hombre.

–         ¿No te hace gracia que me deje embarazada otro?

–         La verdad es que no, creí que esto sería muy excitante, pero me gustaría que si tienes algún hijo sea mío- Claudia rio.

–         Tú mismo redactaste el contrato y en el especifica que me pudo quedar embarazada de otro para hacerte aún más cornudo, así que ahora no te hagas el ofendido.

–         Ya, pero en aquel momento yo estaba muy excitado con la idea, pero ahora…

–         Pero ahora me da lo mismo, si no estás de acuerdo lo dices, te vas de esta, la casa que me regalaste y no me vuelves a ver en la vida ¿es lo que quieres?- preguntó mirándolo con fiereza.

–         No cariño, lo siento, es solo que me gustaría que tuviésemos un hijo los dos.

–         Ya hemos hablado de ese tema y ya sabes porque no quiero engendrar un hijo tuyo, mientras sea pequeño no habrá problema, pero estoy segura que cuando crezca se convertirá en un inútil cornudo como lo eres tú ahora, su mujer lo mangoneará y hará con él lo que quiera, igual que hago yo contigo. No quiero sufrir por mi hijo, quiero saber que será un hombre auténtico y que no dejará pisotear por nadie. ¿Queda claro?

–         Sí cariño, quieres que te traiga un test de embarazo- preguntó el hombre, que estaba visiblemente preocupado por el estado de su mujer, Claudia sonrió.

–         No es necesario, no tengo prisa por averiguarlo, si este no fructifica buscaré otro y si no otro, así hasta que un hombre de buena plante me deje preñada.

Pedro agachó la cabeza y prosiguió con el masaje de pies hasta que su esposa le mandó a la cocina a prepararla la cena.

Agradeceré comentarios y sugerencias tanto por aquí como por mi correo fantasias1987@hotmail.com

 

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