Relato cuckold: El club del cornudo.

Quiero ver a mi novia follando con otros hombres, así que decidimos ir a un club especializado en estas cosas. Pago para que la follen a su gusto, y yo puedo verlo todo cómodamente.              

Me llamo Edu, y voy a contaros mi historia. Mi novia se llama Ana. Es una morena de pelo rizado preciosa. Tiene una piel suave, ojos marrones muy oscuros, y unos impresionantes pechos talla 95. Es delgadita, y con unas curvas muy pronunciadas, y unas caderas anchitas, que le hace un perfecto culo respingón.

Tenemos 26 años, y ambos somos la primera y la única pareja del otro. Llevamos juntos ya muchísimo tiempo, cerca de 13 años. Empezamos a salir cuando éramos niños. Nunca nos habíamos besado con otra persona antes, y nos iniciamos en todo el tema sexual juntos. Estamos hechos el uno para el otro, y queremos pasar la vida juntos. Estamos comprometidos y nos casaremos en verano, dentro de un par de meses. Ella ya lleva su anillo de compromiso, y está preciosa con él.

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Relato cornudo: Amigos del servicio militar

Fran era un compañero de los tiempos de la mili. Nos conocimos en Málaga hace más de 8 años. Pasamos la mili de garita en garita y cuando teníamos un hueco nos íbamos a la cantina a relajarnos y echarnos unas risas con los compañeros. La verdad es que fueron 9 meses que pasaron volando. Hicimos mucha amistad y nunca perdimos el contacto, bien por carta o por teléfono.

Lo que nunca le perdonaré es que no bajase a Madrid para mi boda. Aunque me comentó que no andaba bien de pasta intenté convencerle y no hubo manera. La impresión que me dio fue que no le iban muy bien las cosas.

 

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Relato cornudo: Noche de sumisión en la disco.

Era un domingo al mediodía, yo estaba en una comida familiar como de costumbre, y tú me llamaste. Cogí el teléfono “Hola nena, qué tal?”. Estabas en tu apartamento en la costa y la noche anterior me dijiste que saldrías de fiesta a esa discoteca al lado de tu apartamento con tus amigas. Tu voz sonaba extraña, triste y rota. “Qué te pasa?” y me lo contaste.

Esa noche fuiste con unas amigas a la discoteca, como de costumbre quedasteis en casa de una de ellas y bebisteis unas copas tranquilamente. Tú me enviaste unas fotos de cómo ibas vestida, un top transparente de encaje de color carne con unos sostenes negros que se veían perfectamente, y una falda corta y ajustada de color negro. Debajo llevabas unas braguitas tanga de color negro y de encaje y unos tacones impresionantes de color negro. El plan era el de siempre, tomar algo en casa y después de unas 3 o 4 copas ir a la discoteca. Estabais tú y dos amigas tuyas, y para animar un poco la fiesta invitasteis a unos amigos de la zona, al llegar ellos os disteis cuenta que no los conocíais todos, uno de ellos era un habitual pero había tres que no los habíais visto nunca. Uno era de aquí y los otros dos eran franceses. No pasaba nada ya que era normal, siempre hay alguien que no conoces.

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Relato cornudo: Primera vez, delante de mí.

Hola, me llamo Andrés y quería compartir con vosotros la primera vez que mi mujer se folló a otro delante de mí.

Somos una pareja normal en todos los sentidos, yo tengo 40 años y soy de estatura media y peso 82 kilos, entradito en carnes pero no gordo, mi mujer se llama Ana y tiene 37 años, estatura media y entradita en carnes, no está gorda pero tiene donde agarrarse y como…tiene de pecho una 110 natural y un culo de los que quita el hipo. Todo empezó en el apartamento que tenemos en la costa Alicante, es un dúplex con un solárium arriba en la terraza que es lo mejor de la casa, es un piso pequeño pero con encanto. Continuar leyendo “Relato cornudo: Primera vez, delante de mí.”

Relato cornudo: Diario de una consentida.

Aunque soy una mujer normal y corriente mi vida no lo es y por es quiero hacer partícipes a los lectores de ella, como me juzgue cada uno me da igual si a alguno le provoca mi historia o le excita es lo único que pretendo.

Mi historia empieza a los 17 años era un niña muy normal, ni alta ni baja, el pelo castaño y ojos verdes, nariz algo ancha y labios finos, delgada, con cuerpo de adolescente pechos no muy grandes y culo duro por mi afición a correr, rostro de niña con algo de acné, curiosa ante lo que pasaba ante mí y atrevida, ansiosa por experimentar lo que la vida me podía deparar. Aquello fue lo que debió llamar la atención de Phil un amigo francés de mi padre que había sido invitado a una fiesta en nuestra casa. Él debía tener unos 35 años era delicado de constitución y poco más alto que yo mediría 1,67 m. rubio, y bien vestido. Me saludo, con cortesía cuando mi padre nos presentó, yo me sonroje ante su mirada penetrante que me incomodó y no volví a coincidir con él en toda la fiesta.

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Relato cornudo: Mis cyber-cuernos

Soy Luis tengo 24 años y mi pareja María tiene 25  tenemos un lindo hijo que es la luz de nuestras vidas. Estetal vez sea un caso extraño porque a ella la conocí mediante un chat.

Cuando yo tenía 19 y ella 20. Ya que yo soy Ecuatoriano  y ella Peruana.  Siempre he sido un hombre apegado al sexo, pero en cuanto a la masturbación porque ella fue la primera mujer con la que tuve relaciones.

Antes de conocerla era un hombre que jamás se le ocurriría pensar que su mujer se pueda  acostar con otro, simplemente me daba asco. Ella es una mujer guapa de rostro, sus senos son normales, pero lo que resalta más de ella son esas hermosas caderas que dan una perfección a su linda cola. Mide 1.55 y con esas caderas, los leggins y los jeans ajustados le quedan a tope.

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Relato cornudo: Cara y cuz.

¿Nos impulsó el miedo? ¿La situación en sí? No lo neguemos, nada de eso. Si hubiéramos dicho la curiosidad o la total irresponsabilidad puede que hubiéramos acertado. Conforme: no lo sabíamos, pero se veía venir. Sus modales. Su lenguaje. Si no teníamos suficiente, bastaba con mirar sus ropas. La forma en que las trataban.

Son proxenetas, chulos, me dijiste. Algunos comparten a la misma mujer. O “la escoltan” más bien, de cualquier modo son más hombres que mujeres. Algunos se saludan. Parece que se conocen entre ellos. Son groseros, arrogantes, zafios, pero cómo decirlo… sencillos, naturales al tiempo. Llaman a las cosas por su nombre, no se andan con rodeos. Las tratan con desdén, casi ignorándolas, como si no estuvieran delante. Puta en su boca no suena a insulto.

Por fuera la casa parece un chalet normal y corriente. Pasamos al salón. Una mesa enorme. Sofás pegados a las paredes. Una decoración muy “de revista de decoración”. Con gusto, pero impersonal completamente. Me recuerda a las paredes de los hoteles.

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Relato cornudo: Le fui infiel a mi esposo.

Me llamo Teresa y esta historia, que les aseguro es totalmente real a excepción de los nombres que he querido cambiar por razones obvias, comenzó en un simple bar de carretera acompañando a mi marido como hacía muchas veces. Él es comercial de una gran empresa y yo sólo soy la esposa que le espera en casa, aburrida y la mayor parte de las veces sola. Somos un matrimonio de Madrid de mediana edad, mi marido tiene 49 años y yo ya tengo 46, así que ambos estamos más bien para estar tranquilos en casita, sin demasiados sobresaltos. Pues bien, un buen día que Alberto, mi marido, tenía que desplazarse hasta Ponferrada por motivos de trabajo decidí acompañarle, el trayecto de Madrid a Ponferrada en la provincia de León, son algunas horas, así que decidida y dispuesta a no quedarme en casa como tantas otras veces, me puse mi vestido más vistoso y subí al coche con él. Por el camino comenzamos a hablar del tiempo perdido, de nuestra época de novios, de cuando nos metíamos mano en la última fila del cine del barrio o cuando hacíamos el amor en el coche, de regreso a casa. La verdad es que la conversación hizo que me invadiera un sentimiento de nostalgia y pensara para mí, cuánto tiempo había perdido. Nunca tuvimos hijos y sin embargo la mayoría de las veces el trabajo de Alberto obligaba a estar varios día separados. Alberto llevaba en la empresa 27 años, es decir, lo mismo que de casados.

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Relato cuckold: La chica sumisa y el cornudo.

Ella era licenciada en psicológica y cuando la conocí preparaba el doctorado. Me la había presentado una amiga común porque decía que me veía muy solo, que no daba con la mujer de mis sueños y a ella le pasaba lo mismo porque tampoco encontraba a ese hombre que la hiciera feliz. Podríamos comprender

Marta era morena, de pelo largo y lucía un tipo de avispa, con cintura estrecha un buen culo y unas buenas tetas, aunque no exageradas. La verdad es que cuando la saludé con dos besos en las mejillas no me imaginaba por qué ella no encontraba a un hombre. Sería muy exigente, me pensé, de esas chicas que buscan al tío perfecto y hasta que no dan con él no paran.

O incluso una de esas chicas que si no conocen a su hombre soñado, se quedan solteras. Prefieren la soledad a estar mal acompañadas. Hay mujeres muy selectivas y no comparten su tiempo con cualquiera. Prefieren la soledad. Y probablemente ella sería de éstas porque era culta, educada, ganaba lo suficiente para vivir holgadamente y además era de buena familia.

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Relato cornudo: Conoció lo que es pertenecer a un hombre.

Hay días en los que los propósitos se tuercen, y los deseos se vuelven obligaciones. Y cuando ocurre, mejor no intentar averiguar el cómo se ha podido llegar a esto, directamente mejor echarle las culpas al destino, o quizás darle las gracias, depende del punto de vista.

La primera vez que la vi me llamó la atención su forma de caminar insegura, me miraba de reojo como si no se fiara de mí. Recuerdo haber pensado que se debió a que crucé la calle a la vez que ella y lo hice de un modo que pudiese dar a entender que buscaba un encuentro fortuito, y naturalmente no era mi intención. Aunque como más adelante comprobé fue así lo que pensaba, como había yo creído.

Era muy delgada, y morena, de piel tostada por el sol y de 1,60m de altura. De aspecto pijo, de piernas largas y estilizadas, que dejaba ver gracias a una minifalda de cuadros, de las que tienen pliegues, creo que se llama tablas, que daba a la vez mucho morbo, como digo sus piernas estaban estupendas y delgaditas, con unas caderas muy proporcionadas, y un culo muy bien puesto, cara afilada delgada, con unos hoyuelos y se le veía como se le marcaba unas hendidura en los carrillos, de ojos grandes y oscuros, pelo liso y negro, hasta los hombros, un poco más, muy cuidado, llamaba la atención el tamaño de sus pechos, eran muy grandes en comparación con el resto del cuerpo, pero no la afeaban simplemente no se esperaban así de grandes y se veía que intentaba disimular el tamaño de los mismos al andar. De las que decimos que están buenas, y no nos referimos a si tienen o no un catarro. La veías y parecía que estaba estudiando en un colegio de monjas, ó cuando menos en un colegio privado, en vez de su realidad, que era que cursaba el último curso de su carrera universitaria. D.U.E. Continuar leyendo “Relato cornudo: Conoció lo que es pertenecer a un hombre.”