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Relato cornudo: Aventuras en el trabajo. – Fantasias Cuckold

Relato cornudo: Aventuras en el trabajo.

Hola, soy un hombre de 41 años, me llamo Ángel, 1,85 mts, moreno. Trabajo en una gran empresa automovilística, como ingeniero. En la oficina en la que está ubicado mi departamento, trabajamos unas 15 personas, con 6 mujeres. En las pausas del café solemos charlar de cualquier tema, desde el clima hasta hacer bromas sobre nuestros jefes y como no, de sexo…

Entre las mujeres había una compañera que me llamaba especialmente la atención, Paula. Hacía un año que trabajaba con nosotros.….Paula era, cómo describirla…un diamante en bruto…tenía 40 años, de 1,70 de altura, con un cuerpo muy bien cuidado, a golpe de gimnasio, morena, con media melena, ojos marrones, con unos pechos generosos y bien mantenidos. De hecho solíamos pensar que estaba operada, que estaba “recauchutada”. Con un hijo en la universidad, se había casado joven y no era muy habladora, en el grupo la teníamos por tímida, recatada e incluso un poco sosa…se reía con las bromas, temas picantes y conversaciones, pero no participaba activamente ni expresaba sus opiniones abiertamente. En las cenas de trabajo, más de lo mismo, era de las primeras en volver para casa con su maridito y se escapaba de la juerga…lo dicho, un poco sosainas.

Paula no solía vestir de forma especialmente femenina, ni provocativa, tal vez porque sus funciones en la empresa implicaban relacionarse con clientes,….traje chaqueta gris, vestidos no ceñidos, vaqueros, faldas por debajo de las rodillas, zapatos sin excesivo tacón….y eso a pesar de tener un cuerpo, quiero recalcar, muy bien cuidado. Más de una vez comentábamos, entre los hombres, que Paula debía de ser de las que follan con la luz apagada, sin ganas y que era una pena, para nosotros, que no luciese más aquel cuerpo, del que parecía que se avergonzaba, aquellos pechos, aquellas piernas bien formadas, sus labios carnosos y una cara muy atractiva…así que poco a poco empecé a desearla, tenía algo que me atraía y quería probarlo…tenía curiosidad.

En la oficina nos enviamos correos y PowerPoint simpáticos, con bromas, chistes o curiosidades. Entre los chicos abundan los de desnudos y entre las chicas triunfaban los paisajes y “filosofías” de andar por casa….y por ahí empezó todo. Poco a poco empecé a enviarle correos de curiosidades, de arte, de arquitectura, de pintura y fui ganando su confianza, pues era bastante reservada, como ya he dicho.

A través del mail aumentamos nuestra confianza….en privado. Al cabo de unas semanas empecé a enviarle correos más subidos de tono, los típicos calendarios de bomberos y comenzamos a usar el correo como si fuese un chat.

Supongo que la falsa sensación de anonimato la hizo desinhibirse y a través del correo empezamos a jugar a los secretitos. No hay cómo la curiosidad para llamar la atención de una mujer. Yo le preguntaba cómo había sido su primera vez, que haría si fuese invisible durante un día, qué personaje histórico le gustaría ser, qué haría si fuese chico durante una semana, cuál había sido su mejor polvo, si jugaba a los médicos cuando era niña….alguna vez se enfadó y no quiso contestar, me advertía que me estaba pasando de la raya y que estaba molesta, que qué me había creído y que por quién la tomaba….. Ante esa actitud yo dejaba de enviarle correos y volvíamos a la rutina del trato correcto de la oficina…al día siguiente solía tener un mail suyo en el que me pedía perdón y me contaba todo lo que le pedía….con pelos y señales. Por ejemplo, me reveló que cuando era niña, de 12 años, tenía una pandilla de amigas, de 13 y 14, con las que se reunían en casa de la mayor. Esta las hacía pasar de una en una, a su habitación, y que allí, a solas las desnudaba y les tocaba y lamía el coño, tumbadas sobre la cama. Paula me confesó que se avergonzaba mucho pero sentía un cosquilleo y un placer inmensos y aquellos recuerdos la excitaban.

Así que cada vez reafirmaba más la idea que tenía de ella…era una mujer insatisfecha que estaba deseando probar algo nuevo y diferente. Le excitaba el secretismo, las confidencias, el creer que hacía algo malo.

Después de un mes tonteando y contándonos secretos, decidí dar un paso más y la cité en el apartamento de un amigo mío, que me dejaba para la ocasión.

Le envié un mail por la mañana, fui claro y directo, que tenía ganas de estar con ella a solas, que tenía curiosidad, que la deseaba…así que le di la dirección y le indiqué que la esperaba allí después del trabajo, a las 19:00. Si decidía no venir lo entendería y si aparecía a la cita descubriría nuevas sensaciones… Me contestó que no le parecía buena idea, que no quería engañar a su marido, que era arriesgado…así que le contesté mediante el mail de forma clara y contundente:

-. VEN.

Al salir me fui al apartamento de mi amigo. No tenía muy claro que Paula fuese a venir. Creí que no se atrevería o que una cosa es flirtear y otra distinta es entregarse. Así que eran las 19:20 cuando estaba pensando en todo lo que habíamos estado haciendo, sonriendo para mí mismo y aceptando que no iba a aparecer, cuando, de repente sonó el video portero….y allí estaba ella…una mujer hecha y derecha, pero con una voz tímida , que decía:

-. Hola, soy yo, ¿me abres?.

-. Claro, que sí, princesa…sube, te estoy esperando.

Paula vestía un traje chaqueta gris, con falda no muy entallada hasta las rodillas, con una blusa blanca y medias y botas altas negras. Al abrir la puerta me dio un beso de cortesía en la mejilla y pude ver apreciar sus pechos aprisionados en la blusa blanca y la chaqueta…pensé para mí:

.-joder, cómo viene la “monja” hoy. Se le van a saltar los botones.

No sentamos en el sofá del salón y no me dejó hablar. Empezó a contarme que estaba muy nerviosa, que no sabía muy bien qué estaba haciendo, que nunca antes había estado con un hombre que no fuese su maridito y que le había costado mucho el decidirse a venir…así que le puse el dedo índice en sus carnosos labios y le susurré al oído:

-. Sí algo no te gusta, puedes marcharte cuando quieras…no te tengo atada ni amordazada, aunque me gustaría hacerlo.

Al decirle esto, noté como respiraba más agitadamente y la empecé a besar en el lóbulo, detrás de la oreja, la abrazaba por la cintura, sentados en el sofá y mientras ella se dejó ir hacia atrás comencé a besarle el cuello, los labios, acariciando su espalda con mis manos. Le susurraba que la deseaba, que sólo quería tocarla y besarla, hacerla sentir el mismo deseo que yo tenía.

Ella no decía nada, sólo gemía y se entregaba, así que me dije que esta era la oportunidad que tenía, aquí y ahora y no iba a dejarla escapar….

Le desabroché la chaqueta y la blusa blanca….llevaba un sujetador de color crema, con encaje y bordado precioso, pero lo que guardan era más precioso aún, unos pechos generosos, con una aureola y un pezón que estaban diciendo lámeme…y fue lo que hice. Le desabroche el sujetador sin sacárselo y me dediqué a lamer los pezones, recitando el abecedario mentalmente…a,b,c,d,e…primero el derecho y después el izquierdo.

Cómo después me confesó que era algo que la volvía loca, sus pezones y sus orejas eran la clave para excitarla…se volvía loca, literalmente.

Poco a poco se fue recostando en el sofá, mientras yo le lamía las tetas, ella se agarraba la cabeza y gemía….por lo que decidí acariciarle con la mano derecha las piernas, los muslos, subiendo cada vez más por sus medias y llevando su falda gris hacia arriba, hasta que pude contemplar un bóxer crema y unas medias con encaje, no pantis…Dios existe, pensé…

Paula empezó a balbucear algo así como:

-. No, por favor…por favor….ya he ido demasiado lejos….

Pero llegados a este punto no iba a detenerme por nada…..así que recordé que en una de sus confesiones me había asegurado que le gustaba un poco de “dureza” en la cama…y decidí apostarlo todo a esa carta, por probar…y mientras la seguía acariciando, le susurré al oído:

-.Cállate, golfa!!!….Hoy voy a follarte, voy a darte el placer que mereces y hacer contigo lo que me plazca, así que pórtate bien…vas a portarte bien, zorrita?

Ella se estremeció y gimiendo dijo:

-.Síííííí….voy a portarme bien….

La cogí en brazos y la llevé al dormitorio, me senté al borde de la cama dejé a Paula de pie delante mía. Le saqué la chaqueta y le baje la cremallera de la falda y esta se deslizo por su peso, dejándome ver a toda una mujer, de pie delante de mí, con sus botas y medias negras y su blusa blanca, sus tetas al aire, la cabeza y su melena echadas hacia atrás….y su sexo delante de mi cara…así que deslicé sus braguitas y para mi sorpresa apareció ante mí un coño afeitado delicioso. Con los labios cerrados, sonrosados y humedecidos, un pequeño clítoris…parecía el coño de una niña.

Me arrodillé delante de ella y empecé a lamerlo como si fuese un helado, separando los labios con mis dedos, pude apreciar un clítoris delicado y sonrosado….parecía un caramelito…cada vez que lo lamía oía a Paula gemir. Ella me agarró la cabeza con ambas manos y me la empujaba hacía dentro, a la vez que suplicaba:

-.Nooooo, por favor…..para….por favor…para….

Yo no sabía que pensar…me parecía paradójico y a la vez excitante…me pedía que parase y a la vez gemía cada vez más. Tal y como estaba de rodillas le introduje un dedo en aquel coño cálido y húmedo, a la vez que le decía:

.- ¿de verdad quieres que paré, golfa?…está mojada cómo una perra y voy a follarte sin parar!!!

La giré y la empuje cayendo sobre la cama. Así pude ver mejor su coño y agachándome sobre ella seguí lamiendo su clítoris sin descanso hasta que Paula empezó a gemir y dar unos tímidos grititos, mientras se mordía el puño cerrado…Se estaba corriendo!!!!!!

Entonces para mi sorpresa, se irguió y con una seguridad y decisión pasmosas, me dijo:

-.¿quieres que te haga lo mismo a ti ? !Bájate los pantalones!

-.Quítame tú la ropa. Quiero que me desnudes tú!., respondí con autoridad.

Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro y para mí fue una revelación. En ese momento supe que estaba delante de una mujer a la que le gustaba más el morbo y el sexo que a mí…

-.Esto promete pensé. Acabo de descubrir una fuente de placer!!!

Con gran maestría me desabrocho los pantalones y bajó el bóxer. Ante ella se apareció mi polla en toda su majestuosidad y agarrándola con las dos manos me dijo:

-vaya aparato que tienes aquí, Angelito.

-Pues ya sabes lo que tienes que hacer. -le contesté yo.

Y empezó a lamerlo desde la punta hasta la base, acariciándolo y dándole pequeños mordisquitos en la punta.

Yo estaba en el séptimo cielo, no me lo podía creer. Paula, la dueña de un cuerpazo, la mosquita muerta, me estaba regalando una mamada digna de una profesional…aaaahhhh.

Cuando ya estaba casi a punto de correrme le dije que parase y se pusiese en la postura del perrito. Me gustaba verla así, a cuatro patas, con sus pechos rozando el edredón, pero arrastrándola por los tobillos la dejé al borde de la cama, con las rodillas apoyadas en el suelo y su cuerpo sobre la cama.

Le cogí una mano y se la puse sobre su sexo, diciéndole:

-tócate, tócate como la perra que eres, mientras yo te follo el coño, te follo el cuerpo, te follo hasta el alma!!.

Le cogí el otro brazo y mientras se lo sujetaba a la espalda, dirigí mi polla a la entrada de su coño y fui introduciéndolo lentamente al principio, para poco a poco empezar a aumentar el ritmo y a follarla.

De vez en cuando le daba una palmada en el culo, me encantaba ver cómo se movía con el ritmo de la follada.

Paula gemía cómo una loca y me insultaba:

-Eres un cerdo!! ¿Por qué me haces esto?..aahhhhh…no pares cabrón, fóllame!!

Al oírla decir eso yo me ponía más cachondo y más cerdo, así que me humedecí un dedo y se lo metí en el culo. Al hacerlo, creí que Paula se derretía. Empezó a moverse como una yegua salvaje y a mí me costaba no caerme. Con el dedo en su culo notaba mi polla entrando y saliendo de su coño.

Me agache sobre ella y con el brazo la rodeé por la cintura notando que me llegaba un orgasmo salvaje, a la vez que a ella….

-Paula, me corro…te voy a llenar el coño de leche!!!

-Siiiiiiiii, por favor, no aguanto más..

-Pero quiero oírte decir que es lo que eres…

-No sé lo que quieres. -me dijo entre gemidos.

-Quiero oírte decir que eres mi puta y que voy a follarte las veces que quiera.

Ella negaba con la cabeza, mordiéndose los labios…

En ese momento no podía aguantar más y empecé a correrme dentro de ella, gimiendo.

Paula empezó a retorcerse mientras se corría y entre jadeos decía, obediente:

-Soy tu puta.. Quiero que me folles cuando quieras…sí…soy tu puta…

Nos dejamos caer sobre la cama, abrazados, con mi polla dentro de ella.

Después de un rato me dijo que se tenía que ir. Que lo había pasado muy bien pero que habías sido una locura. Que habíamos ido demasiado lejos, mientras recogía sus cosas y se vestía. Al marchar me dio un beso y me dijo dos cosas que me desconcertaron nuevamente.

Primero que tenía una buena polla y segundo que no se volvería a repetir.

-Ya veremos, le dije, ya veremos….

Anxo69

 

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