Relato cornudo: Aunque casada, mi ex novio me hizo toda una puta 3.

El trato de mi ex no sólo me hizo una puta con él; nunca me imaginé que me atreviera a tener espectadores con tal de mi ex novio me atendiera.               

Bueno, después de estar un poco “vigilada”, por fin tengo tiempo para seguir contando mi historia que en estos días se ha hecho más “interesante”.

En la ocasión anterior contaba mi episodio en el cuarto de hotel en aquel encuentro con Alonso. Después de hacerme más de lo que mi esposo imaginaría y sin siquiera quitarme la ropa, culminó nuestra entrada a la habitación mirando una peli buenísima en donde una chica era atendida por su esposo y un amigo.

Yo sobre Alonso, rogando que se decidiera ya a lanzarse sobre mí.

 

No me dejó hacer más. Ya la sensación en mi vagina era insoportable por la necesidad de más; tuve que mirar a la chica de la peli terminar (supuestamente) y recibir el semen de su esposo y amigo en el ano y boca. La escena terminó y yo seguía sobre Alonso sintiendo como entraban y se movían sus dedos.

 

Como la escena había terminado, Alonso sacó sus dedos de un golpe y yo sentí como si me hubiera arrancado algo de lo rico que sentía.

 

Me retiró de él y me pidió que le sirviera otra cuba. Yo sin poder concentrarme me dirigí a la mesita y hasta ese momento me di cuenta que las contorciones que había dado sobre él mirando la peli habían sido un gran espectáculo para quienes hubieran mirado por las ventanas porque había olvidado que las cortinas estaban abiertas!!!

 

Alonso se dio cuenta de mi sorpresa al verme mirando hacia las ventanas y me dijo “tranquila, si alguien te vio es porque estaban haciendo lo mismo”.

 

Ya no pude ni pensar en eso y serví las cubas, una para cada uno.

 

Me senté y “platicamos” un poco. Alonso me preguntaba si yo había imaginado que me iría así cuando quedamos de vernos antes de llegar al hotel, por supuesto le dije que no y que me tenía súper sorprendida por su cambio.

 

Él dijo que no me creía y que seguramente yo esperaba que termináramos así desde que me había despertado por la mañana… “no te hagas, si desde la ropa me di cuenta de que la idea te puso caliente”, me dijo.

 

Yo no supe qué decir, pero no perdí de vista su pene que sin llegar a estar erecto, estaba bastante hinchado y se veía riquísimo.

 

Me dijo: “quítate la ropa, vamos a ver cómo te arreglaste para mí y lo que me voy a comer”.

 

Ya empezaba yo a desabrocharme la blusa cuando recordé las cortinas; me levanté hacia ellas y Alonso me interrumpió: “hey, a dónde vas; sólo apaga la luz y déjalas así, no me digas que te da pena, porque con el mesero no pusiste “peros” para que te viera las tetas, además no hay nadie en las ventanas”.

 

Era cierto; no había nadie, así que apagué la luz pero la pantalla y la lamparita que iluminaba la mesa de las botellas impedía que la habitación quedara a oscuras.

 

Ya sin los botones de arriba de la blusa Alonso me dijo “déjate la blusa y los zapatos, quítate la falda nada más”.

 

Saqué la falda muy fácilmente y me dejé la blusa que cubría sólo una pequeña parte de arriba de mi trasero. Las zapatillas eran altas sin ser exageradas y de correa.

 

Yo estaba muy caliente así que no me costó trabajo soltarme y lucirme frente a Alonso; además ya el ron había hecho efecto y me sentía bastante desinhibida.

 

Alonso me dijo que no dejara la falda en el piso y que la levantara sin doblar las rodillas, yo entendí lo que quería y sin esfuerzo le di la espalda y doblé mi cintura para recoger la falda dándole una vista espectacular de mi trasero quedándome unos instantes en esa posición.

 

Alonso me dijo “oye la tanga ni se ve” (en realidad sí era muy delgada) y yo le respondí aún inclinada “pero sí está ahí, quieres mirarla de cerca?”; me dijo que no que mejor veía desde ahí y no quise que se quedara con la duda, así estando inclinada pasé mi mano entre las piernas y tomé el delgado hilo de mi tanga haciéndolo de lado. “¿Ya ves?” y respondió “quién se fija en la tanga pudiendo ver ese culo”.

 

Regresé despacio la tanga a su lugar y me levanté lentamente.

 

Alonso no se cansaba de decirme que me veía “como toda una putita”, me preguntaba si mi esposo me había hecho sentir así, a mí sólo se me ocurrió regresar el ataque diciendo si su mujercita estaba mejor que yo, esperando una respuesta obvia después de todo lo que ya habíamos hecho.

 

Con su mano aún en su pene que cada vez se veía más duro, Alonso me respondió sin frenos: “la verdad las dos están igual de buenas, pero yo creo que ella es más cachonda que tú”.

 

Eso me hizo hervir la sangre.

 

Casi casi sin reaccionar y con cara de “ya verás”, salí del problema diciéndole que con ella ya tenía un par de años y a mí sólo me había visto dos veces y yo lo tenía con la verga de fuera.

 

Creo que a Alonso le excitó que le dijera eso, que usara la palabra “verga”.

 

Comencé a explorar la habitación; iba de un lado a otro mirando todo sólo con la blusa a medio abrochar, las zapatillas y mi tanga. Alonso no dejaba de seguirme con los ojos. Me detuve en el jacuzzi y lo hice funcionar, prendí la pantalla que estaba en el área del jacuzzi y no tuve que buscar, al encender dos tipos de raza negra jugaban cartas mientras dos chicas rubias les hacían sexo oral por debajo de la mesa.

 

Me quedé mirando parada en el jacuzzi y no me detuve a pensar que con la luz de esa pantalla, el interior del cuarto tenía un poco más de iluminación.

 

Alonso se quitaba la camisa y los zapatos. Es más alto que yo y de cuerpo robusto aunque siempre hizo deporte y eso impedía que estuviera gordo; la verdad se veía bastante bien, auque yo no quitaba la vista de su verga fuera del pantalón.

 

Se recostó en los pies de la cama y se siguió masturbando mirándome. Me preguntaba por mi esposo: “bueno, y qué te dijo tu marido?, a poco no se dio cuenta de que estabas haciendo esfuerzos”, yo le respondí que ni recordaba lo que había hablado con él.

 

Me preguntó que si quería comer algo y lo único que puede responder fue “a ti”, me dijo que no, que todavía nos quedaba mucho tiempo. Yo no tenía hambre ni ganas de pensar en comida pero me pidió que llamara al servicio del hotel y pidiera un sándwich y un helado.

 

No con muy buena gana tomé el teléfono y, justo cuando marcaba al restaurante, Alonso me tiró sobre la cama, me abrió las piernas y fue directo a besarme la vagina. Yo no pude sino colgar el teléfono casi aventándolo.

 

Él se incorporó y me dijo que volviera a llamar, que cada quien a lo suyo.

 

Obedecí y volví a llamar, mientras Alonso ya tenía su lengua recorriendo todos mis labios. Yo no podía concentrarme en lo que pedía y en lo que me preguntaba el tipo del restaurante, sólo sentía las manos de Alonso debajo de mi culo, presionando hacia arriba para meter cada vez más su lengua.

 

Perdí el control y me dejó de importar el tipo al otro lado del teléfono, cuando Alonso presionó mi culo hacia arriba y sin más buscó meter su lengua en mi ano.

 

Muy obediente no colgué el teléfono pero sin duda que el tipo del restaurante pudo notar que hablaba con él mientras tenía “algo dentro”.

 

Siempre he sido un poco “ruidosa” y en ese momento en que lo único que no había en la habitación era pudor, me importó un pepino los ruidos que hacía mientras llamaba al restaurante; llamada que, por cierto, noté que el tipo prolongaba con largos espacios entre lo que me preguntaba acerca de los ingredientes y los sabores del helado.

 

Justo antes de terminar la llamada y con el tipo del restaurante ya muy interesado en ofrecerme más alimentos, sonó mi cel, así que me apresuré a colgar.

 

Alonso me tenía en un hilo. Su lengua seguía tratando de entrar en mi ano, mientras uno de sus dedos ya se había perdido en mi vagina.

 

Ni caso hice del cel hasta que Alonso se dio un segundo para decir “te llaman”. Entendí y miré el cel.

 

Era Sofi, se lo dije a Alonso y me dijo que le contestara.

 

Le respondí casi temblando la voz y Sofi me preguntó mil cosas a la vez: que cómo estaba, que cómo me estaba yendo, que en dónde estaba; yo tuve que interrumpirle y decirle con tono de fastidio por su llamada: “bien, en un hotel y tengo a Alonso en medio de las piernas”.

 

Me dijo mil tonterías felicitándome sin entender que lo último que quería era hablar con ella, me preguntó que cómo era eso de que estaba “entre mis piernas”, yo desesperada le dije “¿cómo que cómo? Pues así, entre las piernas”.

 

Alonso entendió que estábamos hablando de eso; jugando con su dedo que iba de mis labios hasta mi ano una y otra y otra y otra y otra vez me decía: “dile en dónde estás”.

 

Como era Sofi, no me importó disimular los ruidos de gusto.

 

Le dije a Sofi: “en el hotel X”. Alonso me siguió diciendo: “dile como está el cuarto”, yo lo describí, le dije a Sofi que teníamos las cortinas corridas, las pantallas encendidas, la lamparita de mesa, que estaba acostada hablando con ella mientras Alonso me tenía abierta de piernas jugando con su lengua.

 

Escuché un tremendo “wooooow amiga”.

 

“¿Cómo sientes?”, “riquísimo”, decía yo. “¿Pero te chupa toooodos los hoyitos?”, y yo extasiada decía “siiiii”.

 

Sofi me dijo “amiga levanta las piernas y ábrete el culo con la mano, ayúdale”. Yo ni lo pensé, pasé mi mano libre por debajo de mi pierna tratando de levantar las piernas y abrí una de mis pompas; Alonso no desperdició la invitación y fue directo con su lengua. Me lamía y me chupaba riquísimo. Tuve que despedirme de Sofi, porque además ya ni le hablaba, sólo gemía.

 

Le colgué y me disponía a seguir disfrutando de la lengua de Alonso. Jugaba con ella justo en la parte que está entre mi vagina y mi ano, la sensación era increíble.

 

Yo me sentí escurriendo cuando también sentí un dedo de Alonso entrando por mi ano; eso me hizo sacudirme. Involuntariamente empujaba mi culo hacia su dedo como tratando de devorarlo.

 

En semejante éxtasis, movía mi cabeza y abrí los ojos. Al mirar la ventana vi a un tipo parado en las ventanas del frente, en la otra ala del hotel, mirándonos.

 

La luz de la pantalla de la cama nos medio iluminaba, así que el sujeto ése se daba un manjar con la vista.

 

Justo cuando pretendía reaccionar y avisar de que teníamos público, Alonso metió todo su dedo en mi ano y comenzó a girarlo dentro. Yo estaba a punto de terminar y abracé una almohada para cubrir la vista el tipo de la ventana, pero no dije nada.

 

Creo que el verme observada en algo me cortó porque Alonso notó que hacía menos ruido. Levantó su cabeza y me dijo “¿por qué tan calladita?” yo respondí que siguiera pero advirtió que yo miraba la ventana y al ver me dijo “mira, ya tienes admiradores”.

 

Viendo que a Alonso no le importaba, abrí los ojos y pude ver con más calma al tipo entre sacudidas y gemidos. Era un tipo del hotel, porque se le veía la parte de arriba del uniforme. Sin ningún recato, estaba recargado en la ventana mirando.

 

Yo revisé con la vista las demás ventanas, las que daban a las habitaciones de la otra ala del hotel pero no vi a nadie. Sólo él.

 

Alonso seguía atendiendo mi ano y me tenía hecha agua; eso y el verme observada casi me hizo terminar; en la calentura me importó poco el tipo de la ventana así que pensé “sí a Alonso no le importa y éste ya me vio tanto, que valga la pena”.

 

Me quité la almohada de encima, con mis manos levantaba mis piernas para que Alonso hiciera mejor su trabajo; frotaba mis pechos por encima de la blusa y logré sacar uno sin tener que quitarme el bra.

 

Ya sin inhibiciones, sin miedos, le dimos al tipo del hotel un espectáculo creo que muy rico. Sentía cómo por momentos la luz de la pantalla era más clara y me imaginaba que en esos instantes la vista del empleado del hotel debía ser genial.

 

Alonso tomó una de mis piernas, la giró y me puso en cuatro con el culo levantado. Volvió a usar su lengua y yo me moría de gusto pensando en la vista que le estaba dando al espectador que, por cierto, seguía firme en su ventana.

F3

De pronto Alonso metió de nuevo su dedo en mi ano, yo simplemente empujé hacia atrás con la idea de meterlo lo más posible. Hice mi cabello de lado, giré la cabeza para ver al tipo del hotel que seguí ahí parado y, cuando estaba casi a punto de terminar, Alonso sacó su dedo, se incorporó y me dejó en la cama con el culo levantado y casi mirando a los ojos al espectador.

 

No supe qué hacer. Me desplomé sobre la cama y le pedí a Alonso que me cogiera.

 

Me respondió “no, si terminamos le quitamos a tu amigo el show”, señalando al tipo de la ventana que, en ese momento, ya no estaba.

 

“¿Estás caliente putita?”, me preguntó y sólo podía responderle que sí, tocándome los labios y el clítoris.

 

Se dirigió al jacuzzi y me llamó: “vente al agua para que te enfríes”.

 

Al caminar hacia el jacuzzi pude ver que el empleado del hotel estaba de nuevo en su ventana. Ya no me importó y seguí.

 

Al pararme en la orilla del jacuzzi, la luz de la pantalla de esa área me iluminaba por completo. Alonso ya estaba dentro, recostado, desnudo y con el pene a todo lo que daba de nuevo.

 

Con todo y zapatos, blusa tanga, me pidió que me quitara lo de arriba parada en la orilladle jacuzzi, mirándolo a él, con lo que daría otro buen show al tipo de la ventana.

 

Me paré frente a Alonso en la orilla del jacuzzi, abrí las piernas, zafé los botones de la blusa, la dejé caer y los ojos de Alonso sólo pudieron ser superado por los del tipo que, desde la ventana e iluminada yo por la luz de la pantalla, creo que podía verme bien de pie, abierta de piernas, con un mini tanga, sin blusa y sin bra, que no tardé en quitarme.

 

Alonso se levantó escurriendo de agua, con su pene en la mano y me pidió que me hincara en la orilla del jacuzzi mirando hacia él.

 

Lo hice, me tomó de la cabeza y sosteniendo su pene con la mano lo apuntó directo a mi boca, que lo recibió con mucho gusto.

 

Sentía entrar y salir su pene de mi boca cuando me dijo: “voltea a ver a tu admirador”; de la manera más sexy que pude, hice de lado mi cabello y giré la cabeza así, hincada, con la verga de Alonso en una mano y miré hacia la ventana. No pude ver al tipo del hotel porque la luz de la pantalla daba directo a mi cara, pero imaginé que me veía y puse mi mejor cara de puta.

 

Ya llevaba yo de vuelta mi boca a la verga de Alonso cuando tocaron la puerta… el sándwich y el helado.

 

Alonso me dijo “ve tú”, de mala gana me levanté y busqué una de las batas que estaba doblada sobre una repisa de vidrio.

 

“Ve así, quién te va a ver”, me dijo él.

 

Al lado de la puerta, por dentro, había una pequeña puertita que se habría para recibir cosas sin tener que abrir la puerta principal y desde la que no podía verse hacia dentro.

 

Yo ya caliente y sintiéndome estrella porno, sólo con zapatillas y tanga fui a la puerta, abrí la pequeña ventana y me saludó un tipo del hotel…era el mismo que me atendió por teléfono y el que escuchó como gemía y me retorcía de gusto con el sexo oral de Alonso.

 

Lo saludé aunque no podía verlo y vi como sus manos iban dejando una charola en el pequeño cubo de la puertita lateral.

 

Con mucha calma ponía platos, servilletas y demás, mientras me iba indicando lo que me servía, yo sólo respondía “sí, muchas gracias”.

 

Atenta a lo que el tipo del restaurante iba dejando, no reparé en que Alonso ya estaba detrás de mi.

 

Sin avisar nada se pego a mi espalda, al mismo tiempo que movía mi tanga ya me estaba frotando con un dedo haciendo que instintivamente levantara mi culo. En un abrir y cerrar de ojos, Alonso tomó su verga , la apuntó en mi vagina y la hundió con mucha fuerza.

 

El agua de su cuerpo y, sobre todo, lo mojada que yo estaba desde hacía mucho rato, hizo que su pene se deslizara fácil y muy rico.

 

Por la fuerza de la penetración yo no pude contener un gemido y abrí los ojos para ver la mano del sujeto del restaurante poniendo la copa del helado y preguntando cínicamente: “…¿perdón?…”

 

Por fin lo tenía dentro, por fin tenía su pene golpeándome. Alonso comenzó a moverse rapidísimo y muy fuerte, se escuchaban los golpes de su pelvis contra mi culo y yo, aunque trataba de cerrar la boca para no hacer ruido, no podía evitar gemir.

 

El tipo del restaurante me paso la cuenta. Alonso se salió de mi y fue por su cartera. Tomó un billete, regresó.

 

Me tomó de la cintura, me alejó de la ventanita, me inclinó hacía adelante, súper empinada, con todo mi culo hacia él; me dio el billete y cuando lo puse en el cubo donde me dejaron la comida, violentamente me volvió a meter su pene en la vagina.

 

Por la posición entró muchísimo, yo solté un “ahhhhh” creo que muy rico y Alonso golpeaba mi trasero muy fuerte.

 

Las exclamaciones ya eran obvias y estaba…¡a sólo unos centímetros del empleado del hotel!, sólo separados por la puerta.

 

El sujeto éste tardó una eternidad en darme el cambio del billete, por fin me lo dio, le di las gracias y respondió “estoy para servirle… en lo que guste”.

 

Sin duda esa tarde noche iba yo a ser la huésped favorita del hotel, a votación de los empleados.

 

Alonso se salió de mi y dijo “bueno ya se terminó el show”…con diez mil demonios me dejó de nuevo a punto de terminar. No estaba dispuesta a que me dejara así y a que se quedara con eso de que su mujer era más cachonda.

 

Llamé de nuevo al restaurante y pedí dos whiskys, porque de eso no había botellitas en el barcito de la habitación, unas papas a la francesa con ración extra de no sé qué tanto, refrescos y otro sándwich. La llamada fue breve y sin más.

 

Alonso se sorprendió y me dijo “¿te dio hambre?”, yo respondía que sí y que ahora me iba a comer como él quería.

 

Decidida prendí una luz que era suficiente para medio iluminar toda la habitación. El tipo de la ventana ya no estaba ahí y eso me desilusionó un poco, pero no importó.

 

Tomé el cel, me paré en la ventana y le dije a Alonso que llamaría a mi esposo, que a ver si se le ocurría algo mientras. A él le gustó la idea porque de inmediato se tomó el pene.

 

Llamé a mi marido que tardó en responder, le pregunté cosas sin sentido, sobre el trabajo, sobre el clima en la ciudad donde estaba… de pronto apareció el sujeto de la ventana, el mismo; yo di un paso hacia atrás y creo que le dejaba ver bien mis pechos desde ahí, simulando no haberlo visto.

 

De inmediato Alonso se paró detrás de mi. Mi esposo me contaba, me preguntaba por Sofi; le dije que me había dejado “comiendo”, pero que buscaría algo más porque aún tenía “hambre”.

 

Alonso entendió el mensaje y tomando su pene lo sacudía en la entrada de mi ano; yo rogaba porque lo metiera sin pensar que no podía dejar escapar sonido alguno. Se sentía riquísimo el pene de mi ex frotándome el ano.

 

Miré hacia fuera y retirando el cel de mi cara le dije a Alonso “de nuevo tenemos público”.

 

Regresé a la llamada con el cuento de estar muy aburrida y diciendo mil cosas que supuestamente haría el resto de la tarde-noche.

 

Miré fijamente a mi espectador que no se inmutó y, por el contrario, parecía más atento. Alonso seguía jugando con mi ano y sentí claramente la punta de su pene abriéndose camino.

 

Yo trababa de disimular el gusto hablando con mi marido; Alonso me sujetó los pechos y me hizo hacia atrás dejando que el tipo de la ventana los viera por completo y en pose casi de ofrecérselos.

 

Sentí el pene de mi ex entrando fuerte en mi vagina y al no poder contener un gemido, sin más cerré la tapa del cel.

 

Alonso seguía dándome y yo me esforzaba por mostrarme para nuestro amigo de la ventana… “¿crees que se le antoje?”, le preguntaba a Alonso y él sólo respondió “caliéntalo”… “pues dame duro”, le respondí.

 

Y sí, me sacudía toda de lo fuerte que me daba y no dejaba de ver a nuestro espectador de la ventana

 

“Métemela en el culo”, le dije; “que vea como te coges a tu ex”. Aún con su pene dentro, Alonso se lo sacudía dándome una sensación muy rica. Cuando estaba a punto de metérmela por el ano, yo misma me separé de él, me senté en la cama, de frente a la ventana, abrí mis piernas y con mis dedos le di un buen show al empleado del hotel casi ignorando a Alonso.

 

“Eso es putita, ya te calentaste” me dijo Alonso. Lo jalé y lo tiré en la cama, me puse a su lado y quedando de frente a la ventana me comí su pene en un sexo oral riquísimo, a veces lento y a veces despacio; la idea era que el tipo de la ventana pudiera apreciarlo muy bien.

 

Me dio por hablar y por hablar en serio. Le decía cosas muy cachondas a Alonso (según yo, jaja)… “¿te gusta que te coma la verga?”, “qué ricos huevos tienes amor”, “te quiero en mi culo”, y cosas así.

 

No lo dejé ni pensar, salté sobre él, me coloqué en posición de 69 y mientras nos comíamos no dejaba de ver hacia la ventana.

 

Así estuvimos unos minutos. Me hice a un lado y me puse en 4 en la orilla de la cama, le dije “o me das por el culo o nos vamos”; ya no tardó, se paró, se puso detrás de mi, yo me sostuve con la cabeza y abrí mi trasero con ambas manos. Por unos segundos frotaba su pene en mi ano, hasta que lo tomé y lo apunté.

 

Me lo metió muy despacio y sentí muuuuuuuy rico, lo sacó un poco y el segundo intentó ya no fue igual. Simplemente lo empujó con fuerza y yo sentí que me llegaba a la mitad del pecho.

 

Me dio delicioso mientras yo casi gritaba “más”, “cógeme fuerte”, “métemelo todo”, “así”. Me daba muy fuerte, lo sacaba por completo y lo volvía a meter hasta el fondo.

 

No sé cómo hay mujeres que rechazan el sexo anal; cierto es que duele un poco al principio, pero el gusto vale la pena, se los aseguro.

 

Estaba yo en la luna cuando sonó la puerta… ahí vería Alonso si su mujer era tan cachonda.

 

Corrí a la puerta, muy seria abrí la ventanita y saludé; Alonso se tiró en la cama y me miraba masturbándose; dejé que el tipo del restaurante (el mismo que me escuchó mientras me cogían) hiciera su trabajo y le dije que me permitiera un segundo.

 

Corrí a la cama, le di un sexo oral exprés a Alonso para que no perdiera las ganas, apagué la luz dejando sólo las pantallas y la lamparita de mesa y regresé a la ventanita de la puerta.

 

Abrí la puerta principal y sólo dejando ver mi cara le dije al tipo del restaurante que eran muchas cosas, que si podía dejarles dentro, en la mesa. Le di las gracias sin dejarlo reaccionar y le dejé la puerta entre abierta.

 

Corría a la cama, me monté en Alonso y con mucha suerte pude rápidamente meter su pene en mi ano.

 

El señor del restaurante (que por cierto era un tipo madurón, no desagradable) entró al cuarto y por dentro volvió a poner la comida en su charola para dejarla dentro, como se lo pedí.

 

Mientras lo hacía, yo ya estaba montada en Alonso, saltando sobre su pene.

 

Con las cosas en la charola dio unos pasos dentro de la habitación y no pudo evitar mirar hacia la cama, con Alonso tirado y yo mostrando todo mi culo comiéndose el pene de mi exnovio.

 

Casi tira la charola disculpándose y yo le dije “no se preocupe, sólo deje las cosas en la mesa”… ¡qué iba este tipo a salirse!

 

Muy nervioso y con toda lentitud ponía las cosas sobre la mesita, sin perder de vista el espectáculo: yo montando a Alonso, gimiendo y pidiendo más, él sosteniéndome el culo y dándome muy ricas nalgadas. Por momentos volteaba para ver al mesero que no perdía detalle de la escena.

 

A unos pasos de mi estaba un desconocido mirándome montar a mi exnovio y lo más increíble es que YO MISMA LO HABÍA INVITADO A PASAR.

 

Después de buena cantidad de saltos, de girarme dando la espalda a Alonso y mostrando el frente al mesero, sin sacarme el pene del ano, el tipo aquél ya no tenía pretexto para estar ahí y sólo pudo decir que regresaría más tarde a cobrar.

 

Yo le dije que no y me levanté. Me dirigí al sillón junto a la mesa, pasé a centímetros de él, desnuda, sólo con tanga y zapatillas, tomé mi bolsa y le pagué.

 

Mientras trataba de buscar el cambio, yo regresé y me subí en Alonso metiendo con facilidad su pene en mi vagina y dejando ver al mesero mi ano en todo su esplendor.

 

El tipo dejó el dinero y pidiendo permiso salió de la habitación. Yo le dije a Alonso “ya te fijaste en lo que otros ven y no tienen, así que ahora aprovecha”.

 

Casi violentamente me quitó de encima, me tiró boca abajo en la cama; no en cuatro, sino totalmente acostada boca abajo, se sentó de tras de mi culo, apunto su pene en mi ano y se dejó caer.

 

Dejando caer todo su peso en mi trasero, no paraba de darme nalgadas metiéndomela muy fuerte. Yo ya no sabía si mis gritos se escuchaban o no, pero no pude contener un orgasmo riquísimo…en verdad genial.

 

No sé si sea desagradable al contar esto, pero la sensación fue tan increíble que no pude contener terminar y el cuerpo me traicionó. Entiendo si la palabra “orinar” es de mal gusto en estos relatos, pero eso fue lo que me pasó y no puedo negar que es una sensación muy particular.

 

Segundos después sentí el semen de Alonso explotando en mi ano y el dándome con más fuerza. No sé de dónde salió tanto o si yo sentí que eran ríos, pero sentí claramente su pene hinchado, palpitando y su líquido llenándome.

 

Se salió de mi, levantó mi trasero y sentí cómo me escurría el semen desde mi ano.

 

Puso la tanga en su lugar y me dijo que me quedaría así, que llegaría a casa escurriendo de su leche.

 

Descansamos, nos vestimos y me dejó casi fuera de mi casa.

 

Claro que nos volvimos a ver y más pronto de lo que imaginé, pero hasta aquí la historia de mi reencuentro con mi exnovio.

 

Muchas gracias por sus comentarios y a aquellos con quienes he platicado, me pidieron una foto para el relato, no sé si logre insertarla pero hago el intento…quienes han platicado conmigo, sabe que soy yo.

 

Un beso y espero sus fotos también; hasta la siguiente.

 

 

Autora: SandyGaby

sandy-gaby@hotmail.com

 

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