Relato cornudo: Aunque casada, mi ex novio me hizo toda una puta 2.

El inicio fue sólo eso… los momentos pasaron y cada vez era más una puta de mi ex; pude hablar con mi esposo mientras me lo hacían de maravilla y olvidé muchos límites que creí tener…        

Sigo con mi historia y repito que cada cosa escrita es sólo el recuerdo muuuy placentero de lo que he vivido.

Llegamos al hotel y de ahí a la puerta de la habitación 208, lo que hicimos Alonso y yo o, mejor dicho, lo que me hizo, lo conté ya antes en mi primera parte.

Justo cuando pensé que terminaría en mi boca, en pleno pasillo del hotel y a la puerta de la habitación, simplemente me la sacó de la boca se giró hacia la puerta sin decir nada y aún con su verga fuera del pantalón y deslizó la tarjetita que funciona como llave. Yo simplemente me levanté y lo seguí.

 

La habitación era muy linda. Del lado izquierdo la enorme cama que en el techo, a la altura de los pies tenía una pantalla cómodamente instalada para verla acostados.

 

Del lado derecho de la entrada, una pequeña salita y al fondo un jacuzzi que también tenía una pantalla más pequeña en el techo y desde donde se veía hasta la cama.

 

Frente a la entrada, el fondo de la habitación eran sólo ventanas cubiertas por cortinas color naranja.

 

Entramos pues, y Alonso me dijo que tenía sed, así que abrió el pequeño refrigerador que estaba cerca de la cama y sacó una botella de ron y la indispensable Coca Cola.

 

Yo estaba hirviendo; entre las cosas que me hizo antes de llegar al hotel y hasta fuera de la habitación, su actitud desinhibida de verdadero macho y la curiosidad por lo que me esperaba ya a solas, cubierta de cuatro paredes, sin testigos… me estaba derritiendo. Después vería que no era como lo pensaba, sino mejor.

 

Aquí tengo que hacer una pausa y contar un poco de cómo soy físicamente.

 

Mido 1 metro con 67 centímetros, así que no soy tan bajita; siempre he sido de complexión delgada y desde niña me gustó practicar deportes, sobre todo el tenis.

 

Hoy el ejercicio ya no es tan notorio como a los 15, pero creo que hice lo suficiente para que los efectos perduraran y aún sigo jugando cuando tengo días libres.

 

Soy de tez morena clara y desde siempre he preferido el cabello largo que además lo tengo castaño la mayoría del tiempo. En ocasiones completamente liso y otras veces ondulado, según mi estado de ánimo y todas esas cosas que a las mujeres nos dicen cómo arreglarnos cada día.

 

Soy talla 4 o 6 de cintura, dependiendo la marca de la ropa; y el “bra” tiene que ser 30b para que lo sienta cómodo.

 

Personalmente creo que puedo sentirme orgullosa de mis piernas y mis nalgas (culo, como lo llama Alonso) aunque mis pechos llaman muchas miradas, sobre todo desde que adquirí la costumbre de usar escotes y cada vez menos “bras” debajo.

 

No me considero fea, aunque tampoco una modelo.

 

De mi cara resaltan mis ojos oscuros y mis labios gruesos aunque no exagerados; dicen que son muy útiles cuando se trata de meter algo entre ellos.

 

A veces me gusta lucir tatuajes de Henna (no sé si así se escribe, pero son unos no permanentes que se borran fácilmente con agua), muy discretos y en zonas que generan curiosidad.

 

Siempre he pensado que la vagina luce mejor “con y sin”. En ocasiones me rasuro por completo y otras sólo dejo una pequeña línea de vello. Personalmente puedo decir que llevarla así es una muy buena combinación cuando lo que entra es grueso y la lubricación tiene mejores efectos así.

 

Pues bien, coqueta siempre he sido o, mejor dicho, siempre me gustó lucir bien.

 

Me encantan las faldas o vestidos de telas muy delgadas, creo que eso hace que se ajusten súper bien al cuerpo y me permite que, sin necesidad de mostrar algo directamente, quienes me ven se den una muy buena idea de lo que hay debajo.

 

Soy fan de los escotes y recientemente de los escotes sin bra.

 

Usar ropa así me ha dejado no interrumpir mi nueva calidad de puta a pesar de salir en ocasiones con mi marido.

 

Creo que siempre me ha gustado ser observada, deseada, sólo que no lo sabía. Ahora que lo sé no tengo tanto freno.

 

Uso la misma ropa delgada con las tangas más pequeñas que pueda encontrar y me encanta que se marque para que se note. Una tanga que se sabe que existe pero no se puede ver directamente pone como locos a los hombres.

 

Me he vuelo una experta en eso de caminar levantando y contoneando el culo y desde entonces puedo sentir como alfileres las miradas de los hombres que me ven pasar.

 

Cuando por el clima decido usar faldas más cortas el éxito es fenomenal. No hay caballero que no me dirija una cínica mirada ni patán que no se remoje los labios con lo que alcanza a ver, sin importarles que yo vaya con mi esposo o que ellos vayan acompañados.

 

Desde mi encuentro con él, soy toda una sex model, su celular debe estar saturado de fotografías que me toma en las maneras más calientes. Las conserva –dice- para imaginar lo que me hará la siguiente vez y porque yo no quiero riesgos con mi marido teniéndolas yo, aunque por ahí he escondido algunas.

 

Algo que quizá nunca me hubiera atrevido a decir antes: la verdad creo que sí estoy buena, ja.

 

Alonso dice que le fascinan mis tetas, pero creo que ha tenido más éxito mi culo. Dice que mi ano es genial; no sé si tanto, pero por algunas fotos que me ha tomado creo que se ve muy bien, se distingue bien cuando me está cogiendo y hoy día es un orificio que no dejo de usar para tener sexo.

 

Entonces, así soy más o menos.

 

Regreso a la habitación 208: mientras sacaba las botellas del pequeño refrigerador y nos servía, Alonso me dijo que ya me había visto y probado muchas partes, pero no había visto el conjunto.

 

Me quité las zapatillas y la chamarra, ya con vista panorámica me mostré con la delgada y suelta falda blanca que, por el tipo de tela, se pegaba a mis piernas y culo; también lo dejé ver mi blusa azul de la que sin duda atraía el escote tan pronunciado que ya para ese momento, dejaba ver la parte superior de mi sostén negro, un tanto fuera de lugar por el ajetreo previo.

 

Recorrí la habitación moviendo el culo lo mejor posible; le comentaba lo bien que se veía la mesita, el cuadro, la pantalla, esto, aquello y mi pasarela fue interrumpida por Alonso cuando me dijo: “y qué, ¿tu marido no tiene idea de dónde estás?”

 

Eso me paró en seco y me hizo recordar que hacía horas que debía haberlo llamado a la Ciudad de México y que mi retraso ya había podido ocasionar que llamara a casa para saber mi y por llevar el celular apagado.

 

Alonso advirtió mi angustia y me dijo: “tranquila, llámale y dile que tuviste que acompañar a Sofía al médico”.

 

Ya habíamos platicado de Sofía (que no es su nombre real), que es mi mejor amiga (y causante en mucho de estos relatos).

 

Me tranquilizó la salida y llamé antes a Sofía para ponerla sobre aviso. Después de una muy breve introducción de dónde y con quién estaba, Sofi sólo me dijo: “amiga, tú déjate coger; yo te cubro”.

 

Llamé entonces a mi esposo un poco escondida entre la cortina y la ventana del cuarto que daba a un espacio abierto al que miraban las ventanas de otros cuartos.

 

Lo saludaba y trataba de explicarle los síntomas de Sofi y por qué la había tenido que acompañar al médico, cuando sentí la mano de Alonso subiendo mi falda. No sé cómo no se dio cuenta mi marido del sobresalto.

 

Trataba de seguir hablando, pero sentía los dedos de Alonso sobando muy fuerte mi vagina y haciendo ligeros intentos de entrar en mi ano.

 

Súper perturbada pero no hice intento de alejar a Alonso. Cerré los ojos para concentrarme en hablar mientras dejaba que Alonso siguiera metiendo sus dedos como quería.

 

Le preguntaba a mi esposo cosas que ni recuerdo para que hablara él y me dejara respirar disfrutando los dedos de Alonso. El momento crítico fue cuando mi esposo me preguntó por nuestra niña y la revisión del médico(ésa sí real) que dos días antes había pasado por lo que creímos que era una alergia. Tenía que contarle, pues le había dicho que Sofi estaba con el médico y no pensé e alguna cosa que justificara una interrupción.

 

Recordé y le explicaba lo más concentrada posible.

 

De pronto sentí algo helado entre las piernas y la mano de Alonso sujetándome fuerte por la cintura; sabía que era él pero no sabía qué era eso que sentía tan frío.

 

Lo que fuera, presionaba mi vagina que ya estaba escurriendo y la presión fue tan rica a pesar del frío que yo misma comencé a presionar con mi culo hacia atrás.

 

Alonso tomó mi mano libre, con ella levantó la parte de enfrente de mi falda y la guió hacia mi vagina, quería que sintiera aquello tan helado que, por cierto, ya se sentía caliente.

 

Era el cuello de una botella.

 

Lo miré y me hizo la seña de seguir hablando con mi esposo.

 

Casi podía sentirme escurriendo por mi piernas. Alonso jugaba con la botella en mi vagina, sin meterla, mientras instintivamente yo buscaba su verga mientras trataba de hablar con mi esposo sin que notara algo.

 

¡Estaba hablando con mi marido, desde el cuarto de un hotel, donde mi ex me pasaba una botella por el culo y mientras le acariciaba su verga!

 

Casi hipnotizada seguía en eso cuando Alonso metió la punta del cuello de la botella en mi vagina. No pude evitar un contenido “mmmmm” que mi esposo advirtió y que tuve que justificar con un “me quedé pensando, pero nada”.

 

Mi esposo me pidió que lo esperara un momento y yo aproveché para empujar mi trasero hacia atrás y hundirme más aquel juguete improvisado. Alonso ni se movía, mi esposo volvió al teléfono para despedirse yo cerré el tel con toda la intención de saltar sobre Alonso que en ese momento había empujado más la botella y ya me estaba cogiendo con ella.

 

De inmediato Alonso sacó la botella; yo sentí un enorme vacío dentro de mí, me quedé inmóvil y él se alejó. Me miró y me dijo: “¿y ese pendejo creyó que me había ganado al casarse contigo?; él diciendo pendejadas en el teléfono y yo aquí cogiéndome a su mujercita como toda una puta.”

 

Yo sólo le dirigí la mirada más cachonda que pude y él me dijo: “¿ya viste en dónde estás?”; mientras con un gesto me señalaba la ventana.

 

Nunca me di cuenta que estaba entre la cortina y la venta y que al tener la luz encendida de la habitación se podía observar todo hacia adentro, desde los cuartos que daban al frente de la ventana.

 

Mientras Alonso se reía por su hazaña, yo me alejé de la ventana y caminé hacia la cama; me senté y lo llamé, pero él seguía preparando los tragos.

 

“¿Ya me quieres ahí?” me dijo y le respondía que sí; “pero me lo tienes que pedir como la puta que eres.

 

Yo no estaba acostumbrada a hablar así, pero la necesidad de sentirlo dentro y el recuerdo vivo de todo lo que me había hecho ese día, me ayudó.

 

Casi sin conocerme a mí misma, me acosté en la cama, abrí mis piernas aún vestida, recorrí mi tanga y me masturbé mientras le decía: “ya me calentaste mucho, necesito sentirme llena de tu verga, cógeme”.

F2

Se sentó en la pequeña salita, puso los vasos en la mesa, se sacó el pene y me llamó.

 

Me acerqué y me dijo: “híncate y chúpame la verga”. Yo no tardé ni un segundo; me hinqué y me devoré su pene. Lo succionaba, lo comía completo y con la punta de mi lengua lamía sus testículos.

 

Alonso me jaló, se empezó a masturbar y tomándome del cabello me dirigió para que lamiera sus testículos. “¿Te gustan?”, preguntó, y yo respondí: “me encantan”. “Entonces chúpame los huevos”.

 

Era delicioso mirarlo a los ojos y ver cómo se tocaba mientras yo hacía de sus testículos el más rico de los dulces y los lamía. Él sólo decía “sí perrita, sí” y me di cuenta que en verdad parecía una perrita hincada y lamiendo.

 

De pronto me tomó del cabello y me metió su pene en la boca, yo entendí y se lo mamé como si con eso le pidiera que me cogiera ya.

 

Sentía como se ponía dura en mi boca, podía sentir sus venas, la podía sentir caliente. Sin sacarla lamía su punta y tomaba un líquido entre salado y agrio que le salía. Con mis manos sobaba sus testículos y de pronto sentí que Alonso se movía tratando de llegar a mi garganta.

 

Sacó su verga de mi boca, la tomó con su mano y así me metió de nuevo la punta diciéndome “¡chúpamela, chúpamela!”

 

Yo la succioné muy fuerte mientras pasaba mi lengua por su pequeño orificio y el se masturbaba (con su verga dentro de mi boca) hasta que sentí cómo disparaba su semen dentro de mí. Me sorprendió y un poco salió por mi labio inferior, pero de inmediato Alonso me presionó hacia él, metió más su verga y yo tuve que comer todo lo que salía.

 

Parecía que nunca terminaría. Yo estaba loca, hincada, con la verga de mi ex novio vaciándose de semen den mi boca y yo comiendo todo lo que salía.

 

Sentí como su verga perdía rigidez y Alonso la empujó toda hasta meterla por completo; de pronto la sacó y por instinto yo me hice hacia delante como si me hubieran quitado un dulce. Volvía a chuparla muy fuerte, sentí pequeñas gotas desamen en mi lengua y Alonso me retiró.

 

Alonso recargó su espalda en el sillón y me dijo “¡qué buena come vergas eres!”, yo limpié con mi lengua lo que había escurrido por mi barbilla. Estaba extasiada porque jamás había hecho un sexo oral así, ni me había comido el semen de alguien. Sin poder reaccionar, seguía disfrutando ese sabor en mi boca…yo seguía hirviendo y escurriendo.

 

Alonso me dijo que me sentara en el otro sillón, me dijo que tenía sed y me dio mi vaso. Yo estaba ya desconcertada porque me hervía la vagina de ganas porque me la metiera y él ya había terminado; creo que lo miré con desconcierto porque él me aclaró: “tranquila putita, todavía no acabamos, tenemos tiempo y hoy no te vas de aquí hasta que no te reviente todos los hoyos como la perra que eres…tómate eso”.

 

Era una cuba muuuuuuy cargada y se lo dije; él me respondió que me la tomara que cuál era el problema si ya me había estado cogiendo. No me gustó mucho el sabor, pero entre la orden y el calor que sentía, lo hice.

 

Él me dijo que se moría de calor así que me pidió que abriera las cortinas. Yo estaba aún vestida así que sólo le recordé que él tenía el pene de fuera y que si alguien se asomaba por las ventanas del frente lo verían. Me dio que no le importaba y que todos iban a ese lugar a lo mismo.

 

Todavía sorprendida por la actitud súper pervertida de Alonso, me levanté y abrí las cortinas.

 

Regresé al sillón aún sin saber qué hacer. Yo quería que me cogiera y él estaba muy tranquilo bebiendo.

 

Entre “salud” y “salud”, casi me terminaba la cuba y me sentía ya un poco mareada pero igual de caliente. Alonso tomó el control de la pantalla de la habitación, la encendió y sin más puso una peli xxx.

 

Yo había visto pelis así en Internet, pero sola, nunca con compañía y menos con un hombre.

 

De canal en canal, llegó a uno donde una chica y su pareja llegaban a una casa muy linda donde los recibía un amigo. Era claro el tema.

 

Seguí bebiendo lo que quedaba de la cuba y la peli atrajo mi atención. En poco tiempo la chica se dejaba hacer por los dos.

 

Creo que Alonso advirtió mi interés (yo me hubiera calentado en ese momento hasta con dibujos animados), me tomó de la mano, me levantó y me sentó en sus piernas. Yo intenté besarlo y me dijo que no, que pusiera atención a la peli.

 

Mirando fijamente la pantalla me calenté aún más viendo a la chica chupando dos penes, después chupando uno mientras el amigo le hacía un sexo oral riquísimo. Pero lo mejor fue cuando Alonso puso un dedo sobre mi boca, lo metió, lo lamí como si fuera un pene y de ahí fue directo a mi vagina.

 

En plena pose de puta, estaba yo recostada sobre Alonso en el sillón, con la falda arriba, las piernas abiertas, mirando un trío increíble y con un dedo de Alonso cogiéndome.

 

Alonso lo notó y me dijo: “te dije que aún teníamos tiempo y todavía no empezamos”; me metió otro dedo en la vagina, los movía como loco y… tenía razón, lo que había pasado era sólo el comienzo, un comienzo muy “Light”.

 

Hasta aquí la segunda parte de mi historia. Aclaro que toda es real y que quizá no sea fiel en las palabras de Alonso, porque no tengo tan buena memoria pero trato de ponerlas lo más fiel que recuerdo.

 

Ojalá y éste guste como el primero; si es así, díganmelo y si me escriben manden alguna foto para conocerles, trataré de responder poquito a poquito.

 

Mil besos.

 

Autora: SandyGaby

sandy-gaby@hotmail.com

 

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